Voy a intentar seguir con la tradición navideña y escribir un cuento de Navidad. Sé que no lo hago todos los años, pero lo intento.
Lo cierto es que no estoy demasiado inspirado para escribir, pero lo voy a intentar.
Lo haré como homenaje a dos personas que ya no están con nosotros y que me lo dieron todo y son los "culpables" de gran parte de lo que soy hoy. Espero que estéis juntos allá donde sea y que desde allí sigáis velando por nosotros.
CUENTO DE NAVIDAD 2015.
Érase una vez, en el país de las naranjas y los melocotones, que vivían dos mellizas infelices.
La suya era una historia triste. Perdieron a sus padres siendo pequeñas. No es que ahora fueran mayores; tenían doce años y hacía tres que se quedaron huérfanas. Desde entonces, vivían con su tío y su segunda mujer. Su tío era un hombre serio que se pasaba todo el día trabajando y que no tenía demasiado tiempo para darles cariño. Su esposa, era una mujer amargada que se casó con él pensando que las tierras que poseía le darían las riquezas necesarias para vivir como una reina. Se equivocó. La tierra era buena, pero demasiado extensa. No disponían de dinero para poder contratar ayuda y las cosechas de cada año daban para subsistir, pero para poco más. Si a esto sumamos unos años malos de clima y que cuando las mellizas se fueron a vivir con ellos, supusieron dos bocas más que alimentar y poco ayuda en los campos, Gabriela, que era su nombre, tenía un carácter agrio y pagaba su frustración con las niñas. Jonás, su tío, dejaba hacer a Gabriela, inmerso en sus propias preocupaciones. No es que no quisiera a sus sobrinas, sino que no quería ver el mal caracter de Gabriela.
Luz y Yasmín, que así se llamaban las mellizas, intentaban pasar lo más desapercibidas posible, aunque eso no era sencillo. Vivían en una pequeña casa de madera, a pie de los campos que cosechaban. Cuando volvían del colegio, Gabriela les obligaba a hacer las tareas de la casa y los fines de semana, tenían que ayudar en los campos. Gabriela hacía lo mínimo y siempre les recriminaba a ellas que no hacían nada. Así transcurrían los días. En invierno, cosechaban naranjas, en verano, los melocotones y entre medias, preparaban y arreglaban los campos. Muchas noches, al acostarse, Luz oía llorar a Yasmín. Yasmín era la más dura, pero cuando pensaba que Luz estaba dormida, daba rienda suelta a su tristeza y lloraba. Recordaba los felices días que pasaban en familia.
Todo era diferente. Su madre era costurera y su padre carpintero. Trabajaban duro y habían conseguido una clientela amplia y contenta. Les había costado en los inicios pero, con el paso de los años, no podían quejarse. Trabajan duro pero vivían holgadamente. En primavera caminaban hasta el lago y pasaban muchos días allí, comiendo en la orilla y jugando con las niñas. Acudían animales a beber y no se asustaban e includo alguno más valiente, se acercaba a olfatearles. Las niñas habían pedido un perrito y sus padres les dijeron que estaban esperando a una camada de alguno de sus conocidos que fueran de fiar para coger uno. Sus preferidos eran los perros de agua, blancos y negros. Uno de los clientes de su padre tenía una hembra y ya tenían apalabrado quedarse con uno de los cachorros cuando llegara la camada. Desafortunadamente, sus padres fallecieron antes de que nacieran y sus tíos se negaron en rotundo a tener un animal en casa.
Yasmín revivía todos esos momentos, siempre que podía. Cada vez, le costaba más recordar los rostros de sus padres. Los recuerdos eran difusos. Sí que recordaba la voz de su madre. Dulce y suave, sobre todo cuando les cantaba para dormir. Su madre les cantaba bonitas canciones para dormir todas las noches sin falta. Aunque estuviera cansada y no tuviese ganas, siempre les cantaba a sus niñas. Una canción más corta, pero era un momento especial para ellas. Esas canciones, las seguía recordando y, a veces, hasta se atrevía a tararearlas. Solía ser cuando Luz estaba enferma o muy triste y ella hacía lo posible por animarla.
Luz era más sensible. Al contrario que Yasmín, que era más racional, Luz se dejaba llevar por las emociones y por ello, llevaba peor la muerte de sus padres y la vida que llevaban.
Un día de diciembre, Yasmín se despertó con frío y con una sensación de calma. Gabriela había tenido que irse con su madre, ya mayor, que se encontraba enferma. Se había marchado hacía unos días y no la esperaban hasta dentro de unas semanas. Además, un frente frío estaba dejando frío, hielo y nieve en la región, lo que no era habitual. Eso hacía que los caminos estuvieran bloqueados y que la gente evitara desplazarse.
Con esa sensación, se levantó de la cama. Miró por la ventana y vio los campos nevados y un sol que, tímidamente, asomaba por el horizonte. Lía se despertó en ese momento.Bajaron a la planta de abajo y se encontraron con su tío Jonás, que había encendido la chimenea y estaba preparando el desayuno.
- Buenos días, chicas -saludó, con rostro serio.
- Buenos días, tío -respondieron las chicas, yendo a darle un beso.
- Seguimos con el frío y la nieve -dijo Jonás. Espero que dure poco o tendremos problemas con la cosecha.
- Ya lo he visto -comentó Yasmín.
- Si queréis, podéis ir a dar un paseo al lago. Yo tengo cosas que hacer por aquí y vosotras no podéis ayudarme mucho.
Las niñas se miraron, cómplices. En el fondo, pensaban lo mismo; como su tía no estaba por allí, su tío les daba el día libre y les liberaba de sus tareas.
- ¿Seguro tío? -preguntó Yasmín, que era más sensata y quería asegurarse.
- Estad tranquilas. Con este tiempo, poco podemos hacer. Id y divertíos. Pero tened cuidado -apostilló, señalándolas con el dedo.
- Claro, tío.
- Venga, desayunad y os preparo un tentempié por si estáis más tiempo de lo que esperáis. Hay que ir bien alimentado si se sale con este tiempo.
Las dos niñas se sentaron en la mesa a dar buena cuenta del desayuno. Probablemente, fuera el mejor día en años. Sus ojos brillaban de alegría. Se miraron y se entendieron a la perfección, como buenas mellizas.
Al rato, estaban en la puerta, perfectamente pertrechadas. Gorros, guantes, bufandas y recias botas altas. Se despidieron con un fuerte abrazo de su tío y corrieron por el sendero, camino del lago.
El camino iba en sentido contrario al campo de cosecha, desde detrás de la casa. Se bordeaba un pequeño bosque y al poco tiempo se llegaba a un repecho, desde el que se veía el lago y el resto de campos de alrededor. Las dos niñas pararon un instante a contemplar la estampa que tenían frente a sus ojos. Los campos estaban blancos. Sólo algunos de los caminos, que eran los que más se transitaban estaban despejados. Al fondo un cielo azul y limpio y a sus pies el lago de color azul oscuro, reflejando el cielo. El lago hacia curva continuando hacia la izquierda. Nunca pasaban de este lado. Bajando el repecho, había un amplio claro y a la derecha otro pequeño bosque, que separaba diferentes campos de labranza.
Hicieron lo que en otra época habían hecho; corretearon por la orilla, se tiraron bolas de nieve y saltaron y jugaron como hacía mucho tiempo. Al cabo del rato, echaron una manta en el suelo y se sentaron a los pies de un árbol cercano, con el rostro sonrojado y felices. El sol calentaba lo suficiente como para no tener frío. Se quedaron dormidas un rato.
Comenzó a escucharse una lejana voz canturreando. Una voz cálida y ligeramente familiar. La sensación de calor se acentuó. Incluso parecía que la luz era más brillante. Yasmín abrió ligeramente los ojos. Tenía la impresión de que si se despertaba del todo, la voz se callaría. Con miedo abrió los ojos del todo y miró alrededor. Su hermana Lía seguía dormida con una cara de paz. La voz seguía cantando, pero no se veía a nadie por el lugar. Tampoco sabía identificar de dónde provenía la voz. Parecía proceder de todos sitios y de ninguno a la vez. Oyó un ruido y se volvió. Su hermana Lía estaba despertándose. De repente, tuvo el presentimiento de que si se encontraban las dos despiertas, la voz terminaría y le invadió una profunda tristeza. Lía miró alrededor, con cara de sorpresa.
- ¿Mamá? -susurró, buscando el origen de la voz por todos sitios.
Yasmín la miró con lágrimas en los ojos. Sentía la misma mezcla de tristeza y alegría.
- Mamá no está - dijo dulcemente Yasmín abrazando a su hermana.
- Es su voz, seguro. Tiene que estar por aquí -respondió tercamente Lía.
La voz se había silenciado. Un profundo silencio envolvía a las niñas. Sus mentes seguían conectadas. Estaban seguras de que la voz era de su madre pero, a la vez, sabían que eso no era posible. Sus mentes libraban una batalla absurda entre la razón y el deseo.
Algo les llamó la atención junto al bosque. Giraron la cabeza y divisaron una pequeña manada de perros. Uno de ellos, más grande, comenzó a caminar cautelosamente hacia las mellizas seguido de dos pequeños clones. Una perra de agua y dos de sus cachorros. La madre se plantó delante de las dos niñas que estaban pasmadas. Las miró con unos ojos profundos y conocidos, familiares. Los dos cachorros, dos hembras juguetonas, adelantaron a su madre y corretearon alrededor de Yasmín y Lía, poniendo sus pequeñas patas en las piernas de las niñas, saltando y corriendo.
La madre lanzó un ladrido y los dos cachorros se sentaron al lado de las pequeñas. Se acercó a ellas y les lamió tiernamente las manos. Yasmín y Lía se arrodillaron junto a ella, con lágrimas rodando por sus mejillas. La perra les lamió las lágrimas, recostó la cabeza es sus regazos y suspiró de placer. Estuvieron así unos segundos, luego la perra se levantó lentamente y tomó el camino de vuelta al bosque. Antes de desaparecer por el bosque, se giró. La escena era enternecedora. Yasmín y Lía estaban arrodilladas en la nieve, llorando, cada una con un cachorro a su lado que intentaba morderles cariñosamente las manos. Pareció que la perra levantaba los labios como sonriendo, luego giró la cabeza y se adentró en el bosque. En ese instante la voz volvió a sonar brevemente.
Las dos hermanas de levantaron y se abrazaron largamente, siendo conscientes de la magia del momento. Luego volvieron a casa, seguidas de dos juguetones perros de agua, blancos y negros.
Cuenta la leyenda que en el país de las naranjas y los melocotones nunca más volvió a nevar y que cada Navidad dos familias, con sus camadas de perros y llevadas por sus dos madres, pasan el día de Navidad a orillas del lago y que las dos hermanas miran al bosque colindante, donde suele aparecer brevemente una preciosa perra de agua a la que saludan con gran cariño. Y en los días de mucho viento, parece escucharse una dulce voz que canta canciones que reconfortan a sus habitantes.
viernes, 18 de diciembre de 2015
miércoles, 11 de junio de 2014
Gracias Duna
Yo nunca había tenido un perro. Nunca hemos sido de mascotas en casa. Pero una vez que nos íbamos a casar, hablamos del tema y acordamos tener uno. Yo me hacía una idea de las tareas y responsabilidades que acarreaba, pero nunca lo habíamos vivido realmente. Aunque María tenía una perra en casa de sus padres, no se encargaba ella exclusivamente. Tomamos la decisión y hablamos con nuestros asesores perrunos para ver dónde y cómo encontrábamos lo que queríamos. Tres requisitos claros: hembra, cocker y color canela.
Dicen que los canelas se vuelven locos y son peligrosos. Ja, ja, ja. Salvo defectos en el perro, el carácter del mismo lo marcan los dueños. La base está en el animal y la raza, pero son los dueños los que marcan el comportamiento final.
Pero dejemos los estudios perrunos.
Nuestros asesores perrunos (gracias Rosa y Alberto) nos dijeron que ellos se encargaban y que sería su regalo de bodas.
Dicho y hecho. Cocker hembra y canela, seleccionada directamente por los asesores, tras haber pasado las oportunas pruebas que se indican en el Manual del Perroloco. Después de la Luna de Miel, podíamos pasar a por el regalo.
Rumbo a Granada. Para rematar, la perra es andaluza, ¡qué más podemos pedir! Llegamos allí y la vimos por primera vez. Pequeña, orejuda y rubia. Y loca. Un encanto. No sé si fue la primera o la segunda noche cuando salimos a dar una vuelta y la dejamos sola. Bueno, había dos perros más en casa. Otro cachorro y un adulto. A los cachorros los dejamos en la cocina. Cuando volvimos, habían tirado y roto una botella de sidra y algo debieron beber. Resultado, un perro herido en la pata. Pudo ser peor.
Los expertos recomiendan que se le den paseos cortos al perro en coche para que se habitúe y no se maree. Nosotros no teníamos opción. 500 kilómetros de una tacada. Ni se inmutó. Desde entonces, los viajes con ella siempre han sido una maravilla. Se hacía su rosca debajo del asiento del copiloto y ya no existía la perra hasta el destino.
Con esta pequeña historia da comienzo a nuestra vida en común con Duna. Los primeros años fueron complicados. Parábamos poco en casa y la perra (cachorro) se debía aburrir. Sufrimos numerosas víctimas. Lámparas, plantas, papeles, aunque sus preferidos eran cojines y cunas. Al final, aprendimos a controlarla. El método, sencillo. La dejábamos encerrada en una habitación y quitábamos todo de su alcance. Como nos descuidáramos, al volver nos encontrábamos un campo de batalla.
La fuimos educando. Sit, plas, ven, toma (para que no cogiera comida de extraños), la pata, la otra pata. Cosas básicas que fuimos enseñándole. Nacieron los niños. La enseñamos a no robarles la comida de las manos, a que aguantara los sobeteos y apretones de los bebés. Creo que jamás tuvo un gesto feo o extraño. Podías hacerle lo que sea, que no se quejaba.
No todo es idílico. Le costó bastante aprender a hacer sus cosas fuera de casa. A veces nos enfadábamos con ella cuando rompía algo (ahora lo recuerdo con humor). Tenías que levantarte antes para sacarla, salir varias veces al día haga frío o calor, llueva o nieve. Pero son parte de las responsabilidades que conlleva tener un perro en casa. Si me preguntáis ahora si me importaba perder 15-20 minutos de sueño para levantarme antes y sacarla o si me importaba sacarla en invierno a bajo cero, la respuesta es no. Ya me he acostumbrado. Forma parte de la rutina. De hecho, a pesar de que ya no está, sigo levantándome antes, sólo que ahora me sobra tiempo...
No voy a contar sus anécdotas. Cada uno tendrá las suyas. Prefiero quedarme con sus recuerdos en general. Llegabas a casa y te esperaba detrás de la puerta y te saludaba. Te levantabas de la cama y la tenías a los pies para que la acariciaras. Te veía en cualquier sitio y se ponía panza arriba para que le hicieras cosquillas. Si estabas en la cocina, estaba atenta a cualquier descuido (probablemente haya comido más jamón que alguno). Cualquier cosa que caía al suelo y era comestible, era para la aspiradora canina. Siempre estaba moviendo el rabo, contenta. Y debe ser el único perro que quería ir al Veterinario.
Ahora echamos de menos esas cosas. Por defecto miras el hueco donde estaba su cuna. Cuando entras en casa, miras a ver dónde está, pero no la encuentras. Cuando se nos cae algo al suelo, tenemos que recogerlo porque ella no lo va a coger. Ya no puedo hablar con ella. La usaba de enlace con el resto de la familia. "Duna, tu madre está mal de la cabeza". "Duna, vete a buscar a Javier (o Silvia)". "Duna, ¿has visto noseqé o a nosequién?". Es increíble el hueco que dejan en nuestras vidas cuando ya no están.
Pero hay que pasar página. De momento, nos queda la tristeza y el dolor. Con el tiempo nos quedarán los buenos recuerdos y sonreiremos. Pero nunca te olvidaremos. Siempre estarás ahí. Te quedará el honor de haber sido la primera perra de la familia Moral Garrido. No sabemos si habrá más, aunque supongo que cuando pase este dolor, la decisión caerá hacia el SÍ. De momento, eres única y creo que lo seguirás siendo, vengan o no más perros. No sé si llegaremos a tener una perra como tú. Buena, noble, simpática, con el toque de locura que nos gusta. Cariñosa. Aunque no te gustaran los perros, Duna conseguía una caricia. Una vez más, gracias a Rosa y Alberto por ese maravillo regalo. Has vivido mucho con nosotros, aunque nos hubiera gustado que estuvieras más tiempo. Pero te llevaremos en el corazón. Siempre. Vigílanos desde arriba, porque estoy seguro que debes estar en algún sitio maravilloso, que es lo que te mereces.
Por todas estas cosas, gracias Duna.
Dicen que los canelas se vuelven locos y son peligrosos. Ja, ja, ja. Salvo defectos en el perro, el carácter del mismo lo marcan los dueños. La base está en el animal y la raza, pero son los dueños los que marcan el comportamiento final.
Pero dejemos los estudios perrunos.
Nuestros asesores perrunos (gracias Rosa y Alberto) nos dijeron que ellos se encargaban y que sería su regalo de bodas.
Dicho y hecho. Cocker hembra y canela, seleccionada directamente por los asesores, tras haber pasado las oportunas pruebas que se indican en el Manual del Perroloco. Después de la Luna de Miel, podíamos pasar a por el regalo.
Rumbo a Granada. Para rematar, la perra es andaluza, ¡qué más podemos pedir! Llegamos allí y la vimos por primera vez. Pequeña, orejuda y rubia. Y loca. Un encanto. No sé si fue la primera o la segunda noche cuando salimos a dar una vuelta y la dejamos sola. Bueno, había dos perros más en casa. Otro cachorro y un adulto. A los cachorros los dejamos en la cocina. Cuando volvimos, habían tirado y roto una botella de sidra y algo debieron beber. Resultado, un perro herido en la pata. Pudo ser peor.
Los expertos recomiendan que se le den paseos cortos al perro en coche para que se habitúe y no se maree. Nosotros no teníamos opción. 500 kilómetros de una tacada. Ni se inmutó. Desde entonces, los viajes con ella siempre han sido una maravilla. Se hacía su rosca debajo del asiento del copiloto y ya no existía la perra hasta el destino.
Con esta pequeña historia da comienzo a nuestra vida en común con Duna. Los primeros años fueron complicados. Parábamos poco en casa y la perra (cachorro) se debía aburrir. Sufrimos numerosas víctimas. Lámparas, plantas, papeles, aunque sus preferidos eran cojines y cunas. Al final, aprendimos a controlarla. El método, sencillo. La dejábamos encerrada en una habitación y quitábamos todo de su alcance. Como nos descuidáramos, al volver nos encontrábamos un campo de batalla.
La fuimos educando. Sit, plas, ven, toma (para que no cogiera comida de extraños), la pata, la otra pata. Cosas básicas que fuimos enseñándole. Nacieron los niños. La enseñamos a no robarles la comida de las manos, a que aguantara los sobeteos y apretones de los bebés. Creo que jamás tuvo un gesto feo o extraño. Podías hacerle lo que sea, que no se quejaba.
No todo es idílico. Le costó bastante aprender a hacer sus cosas fuera de casa. A veces nos enfadábamos con ella cuando rompía algo (ahora lo recuerdo con humor). Tenías que levantarte antes para sacarla, salir varias veces al día haga frío o calor, llueva o nieve. Pero son parte de las responsabilidades que conlleva tener un perro en casa. Si me preguntáis ahora si me importaba perder 15-20 minutos de sueño para levantarme antes y sacarla o si me importaba sacarla en invierno a bajo cero, la respuesta es no. Ya me he acostumbrado. Forma parte de la rutina. De hecho, a pesar de que ya no está, sigo levantándome antes, sólo que ahora me sobra tiempo...
No voy a contar sus anécdotas. Cada uno tendrá las suyas. Prefiero quedarme con sus recuerdos en general. Llegabas a casa y te esperaba detrás de la puerta y te saludaba. Te levantabas de la cama y la tenías a los pies para que la acariciaras. Te veía en cualquier sitio y se ponía panza arriba para que le hicieras cosquillas. Si estabas en la cocina, estaba atenta a cualquier descuido (probablemente haya comido más jamón que alguno). Cualquier cosa que caía al suelo y era comestible, era para la aspiradora canina. Siempre estaba moviendo el rabo, contenta. Y debe ser el único perro que quería ir al Veterinario.
Ahora echamos de menos esas cosas. Por defecto miras el hueco donde estaba su cuna. Cuando entras en casa, miras a ver dónde está, pero no la encuentras. Cuando se nos cae algo al suelo, tenemos que recogerlo porque ella no lo va a coger. Ya no puedo hablar con ella. La usaba de enlace con el resto de la familia. "Duna, tu madre está mal de la cabeza". "Duna, vete a buscar a Javier (o Silvia)". "Duna, ¿has visto noseqé o a nosequién?". Es increíble el hueco que dejan en nuestras vidas cuando ya no están.
Pero hay que pasar página. De momento, nos queda la tristeza y el dolor. Con el tiempo nos quedarán los buenos recuerdos y sonreiremos. Pero nunca te olvidaremos. Siempre estarás ahí. Te quedará el honor de haber sido la primera perra de la familia Moral Garrido. No sabemos si habrá más, aunque supongo que cuando pase este dolor, la decisión caerá hacia el SÍ. De momento, eres única y creo que lo seguirás siendo, vengan o no más perros. No sé si llegaremos a tener una perra como tú. Buena, noble, simpática, con el toque de locura que nos gusta. Cariñosa. Aunque no te gustaran los perros, Duna conseguía una caricia. Una vez más, gracias a Rosa y Alberto por ese maravillo regalo. Has vivido mucho con nosotros, aunque nos hubiera gustado que estuvieras más tiempo. Pero te llevaremos en el corazón. Siempre. Vigílanos desde arriba, porque estoy seguro que debes estar en algún sitio maravilloso, que es lo que te mereces.
Por todas estas cosas, gracias Duna.
martes, 24 de diciembre de 2013
Cuento de Navidad (2.013)
La luz de los faros rebotaba en la espesa niebla que envolvía todo. El día invitaba a cualquier cosa menos a salir al exterior, pero no quedaba más remedio. Era la mañana de Navidad y un pequeño coche se dirigía a la casa familiar de los abuelos a celebrar la habitual comida navideña.
Miriam conducía muy concentrada en la carretera ya que la visibilidad era bastante escasa. Sus hijos, Ana y Miguel iban en la parte de atrás.
- ¿Cuánto queda, mamá? - pregunto Miguel.
- Un rato. -respondió Miriam. El trayecto no era muy lago, pero con la niebla iba conduciendo muy despacio. Conocía la carretera perfectamente, pero con ese tiempo, cualquier precaución era poca.
- No me aguanto más. Quiero hacer pis.
- No puedo parar, cielo. Mira cómo está la niebla.
- ¡No puedo aguantar más!
Ana miró a su hermano con cara de resignación. Era dos años mayor que él y tenía que aguantarle en todos los viajes. Si no se mareaba, se hacía pis o se ponía nervioso.
- Pues tendrás que aguantarte. - dijo su madre.
- Me da que no se aguanta. - respondió Ana. Si no da la lata en un viaje, no sería Miguel.
- Déjale tranquilo. - replicó su madre. Bastante tenemos con la niebla para que estéis distrayendo.
Siguió conduciendo, mientras miraba por el espejo retrovisor. Miguel se removí inquieto en su asiento. Al final, tendré que parar, pensó Ana. Lo que faltaba. Se puso a recordar dónde podría haber un sitio donde parar con seguridad. Recordaba una zona amplia a lado de la carretera antes de una de las curvas. Creía que no la había pasado todavía. Era un lugar que la gente utilizaba como aparcamiento cuando se hacían las excursiones por el camino que bordeaba el río. Si lograba verlo a tiempo, podría para sin peligro.
- Aguanta un poco. Más adelante hay un sitio donde puedo parar.
- Espero que no quede mucho. - respondió Miguel. Me hago mucho pis. -dijo con voz lastimera.
- Tú concéntrate, que no creo que tardemos mucho.
Siguió conduciendo un poco nerviosa. Además de la niebla, ahora tenía que intentar localizar el sitio para detenerse y, con lo poco que se veía, no era tarea fácil. Notaba los hombros rígidos de la tensión. La niebla era algo más espesa, lo que tenía que indicar que debían estar cerca del río. Y si estaban cerca del río, el aparcamiento estaría por allí.
Cuando pensaba que ya se había pasado el lugar, reconoció la curva y redujo la velocidad. Miró por los espejos, pero no había tráfico en ninguno de los dos sentidos. Estaba circulando a unos 20 kilómetros por hora, lo cual era un tanto peligroso con esas condiciones. Finalmente, localizó el espacio abierto y se desvió. Aparcó el coche, se desabrochó el cinturón y se giró hacia Miguel.
- ¡Vamos! Ponte el abrigo y sal.
- No quiero ponerme el abrigo. - protestó Miguel.
- No empecemos. Mira el tiempo que hace. Ponte el abrigo y vamos. Si no, seguimos y no paramos. - dijo haciendo amago del volver a ponerse el cinturón.
- ¡No! Ya voy. - acto seguido, se puso con dificultad el abrigo y abrió la puerta.
- ¡Espera! Tenemos que buscar un sitio apropiado.
Ambos bajaron del coche. Hacía bastante frío y la humedad era muy alta. La niebla les empapó en un momento. Miriam se puso el gorro del abrigo y se subió la cremallera hasta arriba. Hizo lo mismo con Miguel.
- Vamos a darnos prisa, que vamos a coger una pulmonía. - dijo mientras señalaba unos árboles que había unos metros más allá. Vete hacia esos árboles y no tardes. Estoy detrás de ti.
Miguel salió corriendo mientras Miriam le miraba. Miró de reojo el coche donde esperaba Ana. Se veían las luces con dificultad. Cuando volvió la mirada hacia Miguel, éste ya había terminado y se dirigía hacia ella. De repente, se paró en seco y giró la cabeza hacia los árboles.
- ¿Qué pasa? ¿Por qué te paras? - preguntó un poco alarmada. Miguel seguía parado a escasos metros de los árboles.
- Hay algo ahí. - dijo con voz trémula.
- ¡Ven para acá!
- No puedo. Tengo miedo.
Miriam se puso a correr hacia Miguel. Cuando casi le había alcanzado, vio unos ojos entre la niebla.
- ¡Ven aquí! - gritó, pero Miguel no se movía.
Alcanzó a Miguel y se puso delante de él, mirando hacia la niebla. Escuchó un gemido leve. Por su cabeza pasaron unas cuantas ideas, ninguna tranquilizadora. Se puso a mirar por el suelo buscando un palo por si tenía que utilizarlo.
- ¡Es un perro! - gritó Miguel. Se dispuso a correr hacia él.
- ¿Qué haces? - Miriam le paró en seco. No sabemos si es peligroso.
No se apreciaba bien al animal. Sólo se veía una forma negra con el pelo empapado y unos ojos húmedos que miraban hacia ellos. Daba más pena que miedo. En cualquier caso, Miriam no se fiaba.
Una vez que lo mirabas con atención, se veía un animal asustado, con el rabo entre las patas, temblando de frío o de miedo. Miriam empezó a relajarse. Estaba claro que era un perro abandonado. Algún desalmado había aprovechado la ubicación del lugar para dejarlo allí tirado y marcharse. A saber cuánto tiempo llevaría abandonado el pobre animal.
Miguel notó el cambio de actitud de su madre y se soltó de ella para acercarse al perro. Éste reculó un poco, pero al ver que el niño se acercaba con suavidad, dio un par de paso hacia él, moviendo tímidamente el rabo. Miguel acercó la mano lentamente hacia el animal, con la palma hacia dentro y el perro le olfateó y, después, le dio un par de lametazos.
- Mira mamá, no hace nada.
- Ya veo. Venga, vámonos que vamos a llegar tarde.
- Pero no podemos dejarlo aquí. - protestó Miguel.
- Eso es cierto. - dijo Ana desde detrás. Al ver lo que pasaba, se había bajado del coche.
- ¿Y qué queréis que hagamos? - preguntó Miriam, arrepintiéndose nada más hacer la pregunta.
- Podemos llevárnoslo. - dijo Miguel entusiasmado.
- Ni hablar. - replicó su madre.
- ¿Por qué no? - preguntó Ana. No podemos dejarle aquí ahora que sabemos que está abandonado y que es inofensivo.
- Estáis locos. No pienso meterlo en el coche así. Nos vamos.
- ¡No! - protestaron ambos niños. Por favor. - pidió lastiméramente Ana.
- No. - respondió su madre, pero con poca convicción.
- ¡Por favor, por favor!
Miriam contempló la estampa. Los dos niños estaban acariciando al perro, que se dejaba hacer. Los tres empapados, aunque el perro mucho más. No pudo evitar sonreír. Ella siempre había tenido perros en casa, pero desde que se independizó no volvió a tener. A su marido no le gustaban y ella cedió. Ahora que él ya no estaba, llevaban separados tres años, no había impedimento. Miró detenidamente al perro, que en realidad era hembra. Se veía un buen animal Parecía hasta noble. Llevaba un collar bastante gastado y medio roto, lo que evidenciaba que, en algún momento, había tenido dueño. Se le veían todos los huesos. Entre el hambre y el agua, no parecía gran cosa, pero ahí estaba, entre los dos niños, moviendo el rabo y dando lametones a los dos.
- Es una señal mamá. - dijo Miguel en tono muy serio. Ana puso los ojos en blanco. Su hermando siempre estaba con eso de las señales, pero en este caso no dijo nada. Parecía que su madre estaba cerca del convencimiento.
- Yo sí que te voy a dar a ti una señal. - respondió Miriam, pero con una media sonrisa. ¿Y cómo nos lo vamos a llevar ?
- Podemos usar la manta que llevamos siempre en el coche. - dijo Ana. Total, la tiramos siempre al suelo y la usamos para no mancharnos. Cuando lleguemos a casa de la abuela podemos bañarla. Ella tiene una pila enorme.
- No sé. - Miriam dudaba todavía. Es cierto que siempre habían usado la pila para lavar a los perros. Claro que era el día de Navidad.
- ¡Vamos mamá! - protestó Ana.
- Vaaaale. Pero el coche me lo vais a limpiar los dos por dentro hasta que no quede un solo pelo y no huela mal.
Los dos niños se pusieron a saltar de alegría, con la perra girando alrededor de ellos. Se fueron corriendo hacia el coche, sacaron la manta y envolvieron al animal en ella. Pusieron un viejo plástico que había también en el maletero y lo pusieron en el asiento de atrás para poner encima a la perra. Cuando entraron todos al coche, se empañaron todos los cristales por el cambio de temperatura y por la humedad que tenían. Colocaron a la perra entre los dos niños y se hizo una rosca, apoyando el hocico en las piernas de Miguel.
- ¿Estamos listos? - preguntó Miriam, mirando hacia atrás e ignorando las gotas que caían al suelo y la mancha que el hocico de la perra estaba dejando en el pantalón de Miguel. Pues andando, que llegamos tarde.
Se pusieron de nuevo en marcha. La niebla era más espesa, ya la carretera discurría paralela al río. A pesar del retraso, Miriam iba despacio y con mucho cuidado, ya que la visibilidad era poca. Miró por el retrovisor y vio que la perra se había quedado dormida y que los niños andaban rascándole las orejas. Sonrió. Mejor no pensar qué vamos a hacer con ella ni lo que dirá mi madre cuando la vea.
Llevaban un rato callados cuando, de repente, la perra abrió los ojos, se incorporó y levantó las orejas. Se puso a gruñir e, inmediatamente a ladrar con fuerza. Los niños intentaron calmarla, pero no había manera. Miriam se preocupó. En el fondo, habían metido un animal al que no conocían en el coche y podía ser peligroso. Lo mejor era parar y sacar a la perra antes de que pasara algo. La perra seguía ladrando insistentemente. Detuvo el coche en el arcén y se disponía a sacar a la perra cuando un cable de electricidad cayó delante del coche entre una lluvia de chispas. La perra dejó de ladrar y se sentó sobre la manta.
Todos en el coche estaban en silencio. Sólo se oía la respiración agitada de la perra.
- ¡Nos ha salvado! - grito Miguel. ¡La perra nos ha avisado y nos ha salvado! ¿Veis como era una señal? Si no se hubiera puesto a ladrar y a gruñir, no habríamos parado y nos habría caído el cable encima.
Se miraron los tres. Miriam sabía que el niño tenía razón. La perra estaba sentada tranquilamente en el centro del asiento respirando y con la lengua colgando en un lado del hocico.
- ¡Muy bien, chica! - dijo, acariciándola enérgicamente en la cabeza. Creo que te has ganado de sobra el hueco en casa.
Nota del Autor:
Un sencillo cuento de Navidad, dedicado a esos seres de cuatro patas que conviven con nosotros y nos alegran (y a veces entristecen) nuestras vidas. Siempre están ahí desinteresadamente, cosa que no puede decirse de muchos de los seres de dos piernas que nos rodean.
Recordad que no hay perros malos, sino malos dueños.
Miriam conducía muy concentrada en la carretera ya que la visibilidad era bastante escasa. Sus hijos, Ana y Miguel iban en la parte de atrás.
- ¿Cuánto queda, mamá? - pregunto Miguel.
- Un rato. -respondió Miriam. El trayecto no era muy lago, pero con la niebla iba conduciendo muy despacio. Conocía la carretera perfectamente, pero con ese tiempo, cualquier precaución era poca.
- No me aguanto más. Quiero hacer pis.
- No puedo parar, cielo. Mira cómo está la niebla.
- ¡No puedo aguantar más!
Ana miró a su hermano con cara de resignación. Era dos años mayor que él y tenía que aguantarle en todos los viajes. Si no se mareaba, se hacía pis o se ponía nervioso.
- Pues tendrás que aguantarte. - dijo su madre.
- Me da que no se aguanta. - respondió Ana. Si no da la lata en un viaje, no sería Miguel.
- Déjale tranquilo. - replicó su madre. Bastante tenemos con la niebla para que estéis distrayendo.
Siguió conduciendo, mientras miraba por el espejo retrovisor. Miguel se removí inquieto en su asiento. Al final, tendré que parar, pensó Ana. Lo que faltaba. Se puso a recordar dónde podría haber un sitio donde parar con seguridad. Recordaba una zona amplia a lado de la carretera antes de una de las curvas. Creía que no la había pasado todavía. Era un lugar que la gente utilizaba como aparcamiento cuando se hacían las excursiones por el camino que bordeaba el río. Si lograba verlo a tiempo, podría para sin peligro.
- Aguanta un poco. Más adelante hay un sitio donde puedo parar.
- Espero que no quede mucho. - respondió Miguel. Me hago mucho pis. -dijo con voz lastimera.
- Tú concéntrate, que no creo que tardemos mucho.
Siguió conduciendo un poco nerviosa. Además de la niebla, ahora tenía que intentar localizar el sitio para detenerse y, con lo poco que se veía, no era tarea fácil. Notaba los hombros rígidos de la tensión. La niebla era algo más espesa, lo que tenía que indicar que debían estar cerca del río. Y si estaban cerca del río, el aparcamiento estaría por allí.
Cuando pensaba que ya se había pasado el lugar, reconoció la curva y redujo la velocidad. Miró por los espejos, pero no había tráfico en ninguno de los dos sentidos. Estaba circulando a unos 20 kilómetros por hora, lo cual era un tanto peligroso con esas condiciones. Finalmente, localizó el espacio abierto y se desvió. Aparcó el coche, se desabrochó el cinturón y se giró hacia Miguel.
- ¡Vamos! Ponte el abrigo y sal.
- No quiero ponerme el abrigo. - protestó Miguel.
- No empecemos. Mira el tiempo que hace. Ponte el abrigo y vamos. Si no, seguimos y no paramos. - dijo haciendo amago del volver a ponerse el cinturón.
- ¡No! Ya voy. - acto seguido, se puso con dificultad el abrigo y abrió la puerta.
- ¡Espera! Tenemos que buscar un sitio apropiado.
Ambos bajaron del coche. Hacía bastante frío y la humedad era muy alta. La niebla les empapó en un momento. Miriam se puso el gorro del abrigo y se subió la cremallera hasta arriba. Hizo lo mismo con Miguel.
- Vamos a darnos prisa, que vamos a coger una pulmonía. - dijo mientras señalaba unos árboles que había unos metros más allá. Vete hacia esos árboles y no tardes. Estoy detrás de ti.
Miguel salió corriendo mientras Miriam le miraba. Miró de reojo el coche donde esperaba Ana. Se veían las luces con dificultad. Cuando volvió la mirada hacia Miguel, éste ya había terminado y se dirigía hacia ella. De repente, se paró en seco y giró la cabeza hacia los árboles.
- ¿Qué pasa? ¿Por qué te paras? - preguntó un poco alarmada. Miguel seguía parado a escasos metros de los árboles.
- Hay algo ahí. - dijo con voz trémula.
- ¡Ven para acá!
- No puedo. Tengo miedo.
Miriam se puso a correr hacia Miguel. Cuando casi le había alcanzado, vio unos ojos entre la niebla.
- ¡Ven aquí! - gritó, pero Miguel no se movía.
Alcanzó a Miguel y se puso delante de él, mirando hacia la niebla. Escuchó un gemido leve. Por su cabeza pasaron unas cuantas ideas, ninguna tranquilizadora. Se puso a mirar por el suelo buscando un palo por si tenía que utilizarlo.
- ¡Es un perro! - gritó Miguel. Se dispuso a correr hacia él.
- ¿Qué haces? - Miriam le paró en seco. No sabemos si es peligroso.
No se apreciaba bien al animal. Sólo se veía una forma negra con el pelo empapado y unos ojos húmedos que miraban hacia ellos. Daba más pena que miedo. En cualquier caso, Miriam no se fiaba.
Una vez que lo mirabas con atención, se veía un animal asustado, con el rabo entre las patas, temblando de frío o de miedo. Miriam empezó a relajarse. Estaba claro que era un perro abandonado. Algún desalmado había aprovechado la ubicación del lugar para dejarlo allí tirado y marcharse. A saber cuánto tiempo llevaría abandonado el pobre animal.
Miguel notó el cambio de actitud de su madre y se soltó de ella para acercarse al perro. Éste reculó un poco, pero al ver que el niño se acercaba con suavidad, dio un par de paso hacia él, moviendo tímidamente el rabo. Miguel acercó la mano lentamente hacia el animal, con la palma hacia dentro y el perro le olfateó y, después, le dio un par de lametazos.
- Mira mamá, no hace nada.
- Ya veo. Venga, vámonos que vamos a llegar tarde.
- Pero no podemos dejarlo aquí. - protestó Miguel.
- Eso es cierto. - dijo Ana desde detrás. Al ver lo que pasaba, se había bajado del coche.
- ¿Y qué queréis que hagamos? - preguntó Miriam, arrepintiéndose nada más hacer la pregunta.
- Podemos llevárnoslo. - dijo Miguel entusiasmado.
- Ni hablar. - replicó su madre.
- ¿Por qué no? - preguntó Ana. No podemos dejarle aquí ahora que sabemos que está abandonado y que es inofensivo.
- Estáis locos. No pienso meterlo en el coche así. Nos vamos.
- ¡No! - protestaron ambos niños. Por favor. - pidió lastiméramente Ana.
- No. - respondió su madre, pero con poca convicción.
- ¡Por favor, por favor!
Miriam contempló la estampa. Los dos niños estaban acariciando al perro, que se dejaba hacer. Los tres empapados, aunque el perro mucho más. No pudo evitar sonreír. Ella siempre había tenido perros en casa, pero desde que se independizó no volvió a tener. A su marido no le gustaban y ella cedió. Ahora que él ya no estaba, llevaban separados tres años, no había impedimento. Miró detenidamente al perro, que en realidad era hembra. Se veía un buen animal Parecía hasta noble. Llevaba un collar bastante gastado y medio roto, lo que evidenciaba que, en algún momento, había tenido dueño. Se le veían todos los huesos. Entre el hambre y el agua, no parecía gran cosa, pero ahí estaba, entre los dos niños, moviendo el rabo y dando lametones a los dos.
- Es una señal mamá. - dijo Miguel en tono muy serio. Ana puso los ojos en blanco. Su hermando siempre estaba con eso de las señales, pero en este caso no dijo nada. Parecía que su madre estaba cerca del convencimiento.
- Yo sí que te voy a dar a ti una señal. - respondió Miriam, pero con una media sonrisa. ¿Y cómo nos lo vamos a llevar ?
- Podemos usar la manta que llevamos siempre en el coche. - dijo Ana. Total, la tiramos siempre al suelo y la usamos para no mancharnos. Cuando lleguemos a casa de la abuela podemos bañarla. Ella tiene una pila enorme.
- No sé. - Miriam dudaba todavía. Es cierto que siempre habían usado la pila para lavar a los perros. Claro que era el día de Navidad.
- ¡Vamos mamá! - protestó Ana.
- Vaaaale. Pero el coche me lo vais a limpiar los dos por dentro hasta que no quede un solo pelo y no huela mal.
Los dos niños se pusieron a saltar de alegría, con la perra girando alrededor de ellos. Se fueron corriendo hacia el coche, sacaron la manta y envolvieron al animal en ella. Pusieron un viejo plástico que había también en el maletero y lo pusieron en el asiento de atrás para poner encima a la perra. Cuando entraron todos al coche, se empañaron todos los cristales por el cambio de temperatura y por la humedad que tenían. Colocaron a la perra entre los dos niños y se hizo una rosca, apoyando el hocico en las piernas de Miguel.
- ¿Estamos listos? - preguntó Miriam, mirando hacia atrás e ignorando las gotas que caían al suelo y la mancha que el hocico de la perra estaba dejando en el pantalón de Miguel. Pues andando, que llegamos tarde.
Se pusieron de nuevo en marcha. La niebla era más espesa, ya la carretera discurría paralela al río. A pesar del retraso, Miriam iba despacio y con mucho cuidado, ya que la visibilidad era poca. Miró por el retrovisor y vio que la perra se había quedado dormida y que los niños andaban rascándole las orejas. Sonrió. Mejor no pensar qué vamos a hacer con ella ni lo que dirá mi madre cuando la vea.
Llevaban un rato callados cuando, de repente, la perra abrió los ojos, se incorporó y levantó las orejas. Se puso a gruñir e, inmediatamente a ladrar con fuerza. Los niños intentaron calmarla, pero no había manera. Miriam se preocupó. En el fondo, habían metido un animal al que no conocían en el coche y podía ser peligroso. Lo mejor era parar y sacar a la perra antes de que pasara algo. La perra seguía ladrando insistentemente. Detuvo el coche en el arcén y se disponía a sacar a la perra cuando un cable de electricidad cayó delante del coche entre una lluvia de chispas. La perra dejó de ladrar y se sentó sobre la manta.
Todos en el coche estaban en silencio. Sólo se oía la respiración agitada de la perra.
- ¡Nos ha salvado! - grito Miguel. ¡La perra nos ha avisado y nos ha salvado! ¿Veis como era una señal? Si no se hubiera puesto a ladrar y a gruñir, no habríamos parado y nos habría caído el cable encima.
Se miraron los tres. Miriam sabía que el niño tenía razón. La perra estaba sentada tranquilamente en el centro del asiento respirando y con la lengua colgando en un lado del hocico.
- ¡Muy bien, chica! - dijo, acariciándola enérgicamente en la cabeza. Creo que te has ganado de sobra el hueco en casa.
Nota del Autor:
Un sencillo cuento de Navidad, dedicado a esos seres de cuatro patas que conviven con nosotros y nos alegran (y a veces entristecen) nuestras vidas. Siempre están ahí desinteresadamente, cosa que no puede decirse de muchos de los seres de dos piernas que nos rodean.
Recordad que no hay perros malos, sino malos dueños.
lunes, 31 de diciembre de 2012
Un brindis para dos
Estaba esta tarde leyendo el twitter de Pérez-Reverte y había una entrada con este título. No iba de lo que yo pensaba, pero me ha inspirado el título de esta entrada.
A lo que iba, un brindis por el año que se va y otro por el que viene. El 2012 se me ha hecho largo y denso, como ya os conté en la última entrada de este blog. Llega el 2013, esperemos que sea bueno. Es un bonito número, el trece siempre me ha gustado.
En estas últimas horas del año la gente se manda mensajitos con buenos deseos, chistes y recordatorios. Yo os dejo este pequeño texto.
Gracias a todos los que habéis estado conmigo en los buenos momentos, porque eso es que me lo habéis hecho pasar bien. También a los que estabais ahí en los malos momentos, porque me habéis apoyado.
Hoy me han mandado uno de esos mensajes de fin de año y es muy bueno:
"Nos pasamos la vida esperando que pase algo y, al final, lo único que pasa es la Vida"
Vivid la vida que es breve e ingrata. Que la vida os trate como vosotros la tratéis a ella. Que los demás se porten contigo como tú te portes con ellos. E intentad ser felices.
Y volviendo al título, otro brindis para dos. Por ti y por mí.
FELIZ AÑO
A lo que iba, un brindis por el año que se va y otro por el que viene. El 2012 se me ha hecho largo y denso, como ya os conté en la última entrada de este blog. Llega el 2013, esperemos que sea bueno. Es un bonito número, el trece siempre me ha gustado.
En estas últimas horas del año la gente se manda mensajitos con buenos deseos, chistes y recordatorios. Yo os dejo este pequeño texto.
Gracias a todos los que habéis estado conmigo en los buenos momentos, porque eso es que me lo habéis hecho pasar bien. También a los que estabais ahí en los malos momentos, porque me habéis apoyado.
Hoy me han mandado uno de esos mensajes de fin de año y es muy bueno:
"Nos pasamos la vida esperando que pase algo y, al final, lo único que pasa es la Vida"
Vivid la vida que es breve e ingrata. Que la vida os trate como vosotros la tratéis a ella. Que los demás se porten contigo como tú te portes con ellos. E intentad ser felices.
Y volviendo al título, otro brindis para dos. Por ti y por mí.
FELIZ AÑO
sábado, 24 de noviembre de 2012
Cuesta arriba
Día gris, con niebla. A lo lejos se intuyen las figuras y los objetos, aunque no se pueden ver con nitidez.
Un día como el año, gris. Como en este día de niebla, el futuro se intuye a lo lejos, pero no puedo distinguirlo con claridad. Mi espíritu positivo me dice que serán cosas buenas.
El resumen del año, y eso que queda más de un mes por delante para acabarlo, es que ha sido (es) como una cuesta arriba. Para los que os guste el ciclismo, es como el Tourmalet o la subida a los Lagos de Covadonga, que es más español. Desde abajo la ves e impone, pero es un reto y sabes (crees) que vas a alcanzar el final. Comienzas a subir la cuesta y cuesta (je), pero estás al principio y piensas que ya e acostumbrarás. Poco a poco te das cuenta que la pendiente es constante y dura. Comienzas a luchas con tu mente, tu peor enemigo, a la vez que aliado, de toda tu vida. La llevas contigo y, dependiendo de la época, te ayuda o te hunde. Te hablas a ti mismo (ya estamos con las locuras) y te dices "¡vamos! ya llegaremos a un repecho y verás como luego todo es llano o cuesta abajo". Pues nada o "po ala!!!" como dicen por aquí. Sigo para arriba. Las vistas son bonitas, preciosas en algunos momentos, pero no te da tiempo a disfrutarlas. Tú lo sabes y eso te gasta. Empieza a faltarte el resuello. Encuentras una zona de descanso. Sonríes. Te giras y tu mente te está esperando con sonrisa de sabelotodo. "¿Ves como no era tan duro?". Paras un poco, tomas un poco de aire, miras a tu alrededor. Es bonito esto, te dices. Arriba debe ser más bonito. ¡Jodido positivismo! Sigo el camino. El descanso te ha sentado bien y, al principio, el camino no es tan pesado. Pero al rato, comienzas a darte cuenta de que la cuesta sigue ahí y que sigue siendo dura, igual que antes e incluso más. Para colmo, llevas cansancio acumulado. Empieza a costarte. Las piernas duelen. Te falta el aliento. Tu mente calla. O no tiene nada que decir, o es que le falta el aire.Intuyes e final, pero a lo lejos. Pasas un falso llano, de esos que te dan un poco de respiro, pero te siguen restando fuerzas, aunque no lo notes. Para compensar (!!!) un cambio de pendiente, de los duros. Bajas la cabeza y caminas con los hombros caídos y sin levantar la mirada. Sabes que queda poco. ¡A la mierda el paisaje! Sólo quieres llegar al final y parar.
Y en eso estamos. Este año es de desgaste. Se ve el final. Por supuesto, la cuesta no se sube sola. Hay muchos subiéndola. Tenemos de todo. Los que van en bici, en moto, en coche, en deportivo, los cojos, los que se arrastran y lo que se quedan a mitad. Hay una gran variedad de "caminantes". Hay algunos que suben siempre contigo, otros que vienen a verte de vez en cuando, algunos que conoces a mitad de cuesta y se quedan, otros que subían contigo y se despegan. Pasan para darte la mano, un ligero achuchón para que tomes fuerza, o un empujón para echarte del camino; los que te dan un poco de agua o cerveza, que sabéis que es lo que gusta de verdad, o un poco de comida; los que te desequilibran al pasar sin cuidado, los que te salpican con el charco, los que se arriman y te abrazan o los que se arriman e intentan sisarte.
La vida es así y hay que ir por el camino que tenemos delante. Unas veces el camino viene marcado, y otras lo marcas tú. Las elecciones hechas están y lo que a veces lo que nos parece un camino sencillo se convierte en una subida dura. Lo bueno es que, normalmente, se llega al final y suele merecer la pena.
Volviendo al símil de la subida a los Lagos, ya estoy viendo el Enol. Sólo espero que no me hagan subir al Ercina y que, si lo hacen, me den el coche o el deportivo.
También espero que los Mayas no tengan razón. Me gustaría llegar a mi 40 cumpleaños.
Para terminar, agradecer a los que siempre recorren conmigo el camino, ya sea para cuesta arriba o cuesta abajo, vayan delante o detrás. Y, por supuesto, a los que me traen la cerveza... :)
Un día como el año, gris. Como en este día de niebla, el futuro se intuye a lo lejos, pero no puedo distinguirlo con claridad. Mi espíritu positivo me dice que serán cosas buenas.
El resumen del año, y eso que queda más de un mes por delante para acabarlo, es que ha sido (es) como una cuesta arriba. Para los que os guste el ciclismo, es como el Tourmalet o la subida a los Lagos de Covadonga, que es más español. Desde abajo la ves e impone, pero es un reto y sabes (crees) que vas a alcanzar el final. Comienzas a subir la cuesta y cuesta (je), pero estás al principio y piensas que ya e acostumbrarás. Poco a poco te das cuenta que la pendiente es constante y dura. Comienzas a luchas con tu mente, tu peor enemigo, a la vez que aliado, de toda tu vida. La llevas contigo y, dependiendo de la época, te ayuda o te hunde. Te hablas a ti mismo (ya estamos con las locuras) y te dices "¡vamos! ya llegaremos a un repecho y verás como luego todo es llano o cuesta abajo". Pues nada o "po ala!!!" como dicen por aquí. Sigo para arriba. Las vistas son bonitas, preciosas en algunos momentos, pero no te da tiempo a disfrutarlas. Tú lo sabes y eso te gasta. Empieza a faltarte el resuello. Encuentras una zona de descanso. Sonríes. Te giras y tu mente te está esperando con sonrisa de sabelotodo. "¿Ves como no era tan duro?". Paras un poco, tomas un poco de aire, miras a tu alrededor. Es bonito esto, te dices. Arriba debe ser más bonito. ¡Jodido positivismo! Sigo el camino. El descanso te ha sentado bien y, al principio, el camino no es tan pesado. Pero al rato, comienzas a darte cuenta de que la cuesta sigue ahí y que sigue siendo dura, igual que antes e incluso más. Para colmo, llevas cansancio acumulado. Empieza a costarte. Las piernas duelen. Te falta el aliento. Tu mente calla. O no tiene nada que decir, o es que le falta el aire.Intuyes e final, pero a lo lejos. Pasas un falso llano, de esos que te dan un poco de respiro, pero te siguen restando fuerzas, aunque no lo notes. Para compensar (!!!) un cambio de pendiente, de los duros. Bajas la cabeza y caminas con los hombros caídos y sin levantar la mirada. Sabes que queda poco. ¡A la mierda el paisaje! Sólo quieres llegar al final y parar.
Y en eso estamos. Este año es de desgaste. Se ve el final. Por supuesto, la cuesta no se sube sola. Hay muchos subiéndola. Tenemos de todo. Los que van en bici, en moto, en coche, en deportivo, los cojos, los que se arrastran y lo que se quedan a mitad. Hay una gran variedad de "caminantes". Hay algunos que suben siempre contigo, otros que vienen a verte de vez en cuando, algunos que conoces a mitad de cuesta y se quedan, otros que subían contigo y se despegan. Pasan para darte la mano, un ligero achuchón para que tomes fuerza, o un empujón para echarte del camino; los que te dan un poco de agua o cerveza, que sabéis que es lo que gusta de verdad, o un poco de comida; los que te desequilibran al pasar sin cuidado, los que te salpican con el charco, los que se arriman y te abrazan o los que se arriman e intentan sisarte.
La vida es así y hay que ir por el camino que tenemos delante. Unas veces el camino viene marcado, y otras lo marcas tú. Las elecciones hechas están y lo que a veces lo que nos parece un camino sencillo se convierte en una subida dura. Lo bueno es que, normalmente, se llega al final y suele merecer la pena.
Volviendo al símil de la subida a los Lagos, ya estoy viendo el Enol. Sólo espero que no me hagan subir al Ercina y que, si lo hacen, me den el coche o el deportivo.
También espero que los Mayas no tengan razón. Me gustaría llegar a mi 40 cumpleaños.
Para terminar, agradecer a los que siempre recorren conmigo el camino, ya sea para cuesta arriba o cuesta abajo, vayan delante o detrás. Y, por supuesto, a los que me traen la cerveza... :)
jueves, 15 de noviembre de 2012
Un paseo por los orígenes
Andalucía,
Jaén (provincia); nuestro mar son los campos de olivos que nos rodean
por todas partes. Se podría pensar que es una tierra seca, pero no; esa
tierra roja que nos ha visto nacer, produce ese oro líquido sin el que
el mundo mediterráneo no tendría sentido. Su color verde, su olor intenso y su exquisito sabor nos enamora.
Volver a nuestra tierra, a nuestros orígenes, es una obligación. Un placer. Una necesidad. Sentirse rodeado de olivos recarga nuestra energía. Un par de veces al año hay que volver a los orígenes y sentirse en casa. Me llamaréis loco, pero a mí me pasa. Paso unos días por esta maravillosa tierra y recargo las pilas por una temporada.
Yo soy andaluz y lo digo con orgullo. Habré perdido mi acento, pero no mis raíces. Nací andaluz, andaluz soy, y andaluz moriré.
Estos viajes a la tierra, con visitas guiadas y una parte de Historia son todo un lujo. Éste en especial, ha sido estupendo.
https://www.facebook.com/media/set/?set=a.4775457501182.190040.1137924035&type=1&l=7c8602b6ef
Volver a nuestra tierra, a nuestros orígenes, es una obligación. Un placer. Una necesidad. Sentirse rodeado de olivos recarga nuestra energía. Un par de veces al año hay que volver a los orígenes y sentirse en casa. Me llamaréis loco, pero a mí me pasa. Paso unos días por esta maravillosa tierra y recargo las pilas por una temporada.
Yo soy andaluz y lo digo con orgullo. Habré perdido mi acento, pero no mis raíces. Nací andaluz, andaluz soy, y andaluz moriré.
Estos viajes a la tierra, con visitas guiadas y una parte de Historia son todo un lujo. Éste en especial, ha sido estupendo.
https://www.facebook.com/media/set/?set=a.4775457501182.190040.1137924035&type=1&l=7c8602b6ef
jueves, 5 de enero de 2012
2012
Año nuevo... vida de siempre.
Como parece que este año se acaba el mundo y, útimamente, ha habido nuevas incorporaciones a este blog (hablo de lectores, porque el individuo que escribe está más vago que nunca) he decidido desempolvar pequeños relatos cortos que mis más antiguos lectores habéis leído en otros sitios, pero no están en este blog.
Los voy a poner como nuevas entradas, para que todo esté ordenadito.
Empezaré por uno de mis favoritos, un cuento infantil. Es el de la Lagartija triste.
(Por motivos de diseño del blog se me ha quedado el último de las entradas de hoy, asi que no es el primero sino el último)
Hay un poco de todo, hasta uno cortito cortito de miedo.
Feliz año a todos y que os gusten.
Como parece que este año se acaba el mundo y, útimamente, ha habido nuevas incorporaciones a este blog (hablo de lectores, porque el individuo que escribe está más vago que nunca) he decidido desempolvar pequeños relatos cortos que mis más antiguos lectores habéis leído en otros sitios, pero no están en este blog.
Los voy a poner como nuevas entradas, para que todo esté ordenadito.
Empezaré por uno de mis favoritos, un cuento infantil. Es el de la Lagartija triste.
(Por motivos de diseño del blog se me ha quedado el último de las entradas de hoy, asi que no es el primero sino el último)
Hay un poco de todo, hasta uno cortito cortito de miedo.
Feliz año a todos y que os gusten.
La luna
Dos niños se encontraban sentado en el parque. Erauna templada noche de verano, en la que los niños tenían permiso para quedarse hasta tarde para ver las estrellas. Compartían su pasión por las estrellas y sobre todo por la luna. Eran Andrea y Miguel, y aquella noche estaban contemplando la luna llena en todo su esplendor. Para ellos la luna era lo más bello que podían ver en el cielo.
Andrea y Miguel se conocieron cuando éste se fue a vivir con sus padres al lado de Andrea. El padre de Miguel era militar y viajaban constinuamente, lo que no le gustaba demasiado a Miguel, que cada cierto tiempo perdía a sus amigos. Su padre le había prometido que este sería el último traslado, y cinco años después seguían en el mismo sitio. Miguel estaba encoantado, tenía muy buenos amigos, y estaba Andrea, con la que compartía muchas aficiones y parecía su alma gemela.
Se encontraban en la edad en la que la amistad entre un chico y una chica ya era algo tan simple.
- Podría tirarme horas viendo la luna - comentó Andrea.
- Es maravillosa - respondió Miguel. Lo mejor es cuando comienza a salir por el horizonte con esos tonos rojizos.
- Me encantaría ir a la luna.
- Yo te la traería para tí - dijo Miguel sonriendo. Es que he visto una peli que a mi padre le encanta. Es en blanco y negro y me parece que se llama "¡Qué bello es vivir!"
Andrea también sonrió, pero en ella la sonrisa era más enigmática. Tenían la misma edad, pero ella era más madura. Iba por delante de él.
De repente, Miguel despertó.
¡Qué curioso! - pensó. La mente funciona de una manera un tanto curiosa. Le había llevado a unos recuerdos de veinte años atrás, precisamente hoy.
era un día muy especial, pero este sueño le había dejado un gusto amargo. Recuerdos olvidados, o mejor dicho, enterrados en la memoria, surgían ahora sin control.
Se vió más joven, en la universidad, acompañado por una joven de aspecto encantador, y mirada perdida en el cielo. Iban cogidos de la mano, y no podían ser más felices. Vivían juntos, estudiaban juntos. En definitiva eran inseparables.
Se dirigió a la ducha, para prepararse para ese día tan especial.
Horas más tarde, la tensión era elevada. Mucha expectación, para el acontecimiento tan importante. Su mente seguía recordando momentos del pasado.
...
Por fin, lo había logrado. Muchos años después, sus sueños se habían cumplido. Era tan real, tan tangible, que asi no podía creerlo. Su mente se liberó completamente. Podía ver a Andrea con su sonrisa radiante. Las lágrimas empañaron su visión.
Se había convertido en el primer español, no, el primer europeo, se corrigió, es pisar la Luna. Su primer recuerdo fue para Andrea. La imagen que veía era la de ocho años atrás. La última sonrisa de Andrea. No pudieron llegar a casarse, el Cáncer se la llevó antes. Desde ese día, todos sus esfuerzos se centraron en su trabajo y en los únicos sueños que le quedaban. Ir al espacio y pisar la Luna. Todos los recuerdos de Andrea los envió a un remoto lugar de su mente.
Hasta hoy.
Su subconsciente reveló los verdaderos deseos de Miguel. El sueño de la noche anterior había roto las barreras que bloqueaban los recuerdos de Andrea.
Cogió el instrumento facilitado por la Agencia Espacial y procedió a extraer un trozo de la superficie lunar.
- Te llevaré un trozo de Luna, como te prometí - musitó con lágrimas en los ojos. Luego desengachó el cable que le unía a la nave.
Andrea y Miguel se conocieron cuando éste se fue a vivir con sus padres al lado de Andrea. El padre de Miguel era militar y viajaban constinuamente, lo que no le gustaba demasiado a Miguel, que cada cierto tiempo perdía a sus amigos. Su padre le había prometido que este sería el último traslado, y cinco años después seguían en el mismo sitio. Miguel estaba encoantado, tenía muy buenos amigos, y estaba Andrea, con la que compartía muchas aficiones y parecía su alma gemela.
Se encontraban en la edad en la que la amistad entre un chico y una chica ya era algo tan simple.
- Podría tirarme horas viendo la luna - comentó Andrea.
- Es maravillosa - respondió Miguel. Lo mejor es cuando comienza a salir por el horizonte con esos tonos rojizos.
- Me encantaría ir a la luna.
- Yo te la traería para tí - dijo Miguel sonriendo. Es que he visto una peli que a mi padre le encanta. Es en blanco y negro y me parece que se llama "¡Qué bello es vivir!"
Andrea también sonrió, pero en ella la sonrisa era más enigmática. Tenían la misma edad, pero ella era más madura. Iba por delante de él.
De repente, Miguel despertó.
¡Qué curioso! - pensó. La mente funciona de una manera un tanto curiosa. Le había llevado a unos recuerdos de veinte años atrás, precisamente hoy.
era un día muy especial, pero este sueño le había dejado un gusto amargo. Recuerdos olvidados, o mejor dicho, enterrados en la memoria, surgían ahora sin control.
Se vió más joven, en la universidad, acompañado por una joven de aspecto encantador, y mirada perdida en el cielo. Iban cogidos de la mano, y no podían ser más felices. Vivían juntos, estudiaban juntos. En definitiva eran inseparables.
Se dirigió a la ducha, para prepararse para ese día tan especial.
Horas más tarde, la tensión era elevada. Mucha expectación, para el acontecimiento tan importante. Su mente seguía recordando momentos del pasado.
...
Por fin, lo había logrado. Muchos años después, sus sueños se habían cumplido. Era tan real, tan tangible, que asi no podía creerlo. Su mente se liberó completamente. Podía ver a Andrea con su sonrisa radiante. Las lágrimas empañaron su visión.
Se había convertido en el primer español, no, el primer europeo, se corrigió, es pisar la Luna. Su primer recuerdo fue para Andrea. La imagen que veía era la de ocho años atrás. La última sonrisa de Andrea. No pudieron llegar a casarse, el Cáncer se la llevó antes. Desde ese día, todos sus esfuerzos se centraron en su trabajo y en los únicos sueños que le quedaban. Ir al espacio y pisar la Luna. Todos los recuerdos de Andrea los envió a un remoto lugar de su mente.
Hasta hoy.
Su subconsciente reveló los verdaderos deseos de Miguel. El sueño de la noche anterior había roto las barreras que bloqueaban los recuerdos de Andrea.
Cogió el instrumento facilitado por la Agencia Espacial y procedió a extraer un trozo de la superficie lunar.
- Te llevaré un trozo de Luna, como te prometí - musitó con lágrimas en los ojos. Luego desengachó el cable que le unía a la nave.
El perro
Ramón volvía a casa, después de una noche movida. Habían estado de botellón en el parque del pueblo, incordiando a todos los que pasaban por allí, tirándoles cosas y persiguiendo a las chicas. Después habían ido a casa de Mario, y habían estado en el garaje dándole a los canutos y persiguiendo a los ratones.
Ahora caminaba por el sendero, despreocupado. Sus amigos le habían dicho que les esperara para que no se fuera solo, pero les respondió que no tenía miedo. ¿Cómo va a tener miedo un chaval de 18 años?
La verdad es que estaba oscuro. La casa de Mario estaba en las afueras, y hasta llegar al pueblo había un trecho. Por lo menos cuando llegara al parque habría luz y caminaría más cómodo.
Al rato vio las sombras familiares del pueblo, pero el parque no estaba iluninado. ¡Qué raro! Había dejado el parque hacía un par de horas y había luz. A lo mejor les habían tirado piedras a las farolas. ¡Que se joda el alcalde y que se gaste la pasta!
No pienso rodear el parque que hace un frío de pelotas. Subió los escalones de entrada y se fue por el camino de arena. Se conocía el parque como la palma de su mano. No en vano pasaba más tiempo allí que en casa.
Al pasar por el seto, oyó un ruido. Se paró mosqueado.
- ¿Hola?
Silencio.
Será una rata, pesó. Siguió caminando, algo más rápido. Otra vez el ruido y ahora se le puso la piel de gallina. No era nada gracioso lo de la luz, sobre todo si había ruidos raros.
-¡No me hace gracia!¡No sabes con quien te estás metiendo! - gritó.
Silencio.
Esperó, intentando escudriñar en la oscuridad, pero sólo se veían las sobras de los setos y arbustos. Al par de minutos, se puso a andar de nuevo, esta vez mirando nerviosamente a los lados. En el fondo estaba asustado. Con sus amigos era muy valiente, pero solo no tanto.
Otra vez el ruido. Parecía como si algo le siguiera.
- ¡Me cago en la puta! ¡Sal si tienes huevos! - grito histéricamente. Ahora estaba aterrorizado, El ruido no podía ser casual.
De repente, algo saltó del seto y se colocó delante suya. el corazón se le iba a salir por la boca. Sólo vio dos lucecitas rojas. Era un perro, un perro grande y negro.
- ¡Puto perro! Vaya susto que me h....
No pudo seguir hablando. Una manaza áspera y callosa le tapó la boca, tiró de su cabeza hacia atrás, y notó algo frío y cortante en la garganta. Se oyó un gorgoteo y Ramón cayó a suelo degollado.....
Ahora caminaba por el sendero, despreocupado. Sus amigos le habían dicho que les esperara para que no se fuera solo, pero les respondió que no tenía miedo. ¿Cómo va a tener miedo un chaval de 18 años?
La verdad es que estaba oscuro. La casa de Mario estaba en las afueras, y hasta llegar al pueblo había un trecho. Por lo menos cuando llegara al parque habría luz y caminaría más cómodo.
Al rato vio las sombras familiares del pueblo, pero el parque no estaba iluninado. ¡Qué raro! Había dejado el parque hacía un par de horas y había luz. A lo mejor les habían tirado piedras a las farolas. ¡Que se joda el alcalde y que se gaste la pasta!
No pienso rodear el parque que hace un frío de pelotas. Subió los escalones de entrada y se fue por el camino de arena. Se conocía el parque como la palma de su mano. No en vano pasaba más tiempo allí que en casa.
Al pasar por el seto, oyó un ruido. Se paró mosqueado.
- ¿Hola?
Silencio.
Será una rata, pesó. Siguió caminando, algo más rápido. Otra vez el ruido y ahora se le puso la piel de gallina. No era nada gracioso lo de la luz, sobre todo si había ruidos raros.
-¡No me hace gracia!¡No sabes con quien te estás metiendo! - gritó.
Silencio.
Esperó, intentando escudriñar en la oscuridad, pero sólo se veían las sobras de los setos y arbustos. Al par de minutos, se puso a andar de nuevo, esta vez mirando nerviosamente a los lados. En el fondo estaba asustado. Con sus amigos era muy valiente, pero solo no tanto.
Otra vez el ruido. Parecía como si algo le siguiera.
- ¡Me cago en la puta! ¡Sal si tienes huevos! - grito histéricamente. Ahora estaba aterrorizado, El ruido no podía ser casual.
De repente, algo saltó del seto y se colocó delante suya. el corazón se le iba a salir por la boca. Sólo vio dos lucecitas rojas. Era un perro, un perro grande y negro.
- ¡Puto perro! Vaya susto que me h....
No pudo seguir hablando. Una manaza áspera y callosa le tapó la boca, tiró de su cabeza hacia atrás, y notó algo frío y cortante en la garganta. Se oyó un gorgoteo y Ramón cayó a suelo degollado.....
Benito y la mar
En el pueblo todos pensaban que estaba loco. A él tampoco es que le importara demasiado. Siempre había sido una persona un poco retraída, que no tenía demasiados amigos. Lo que realmente le gustaba eran los libros y navegar. Viviendo en la costa, se había criado con el olor a mar y la pasión por navegar. Tenía su propio barco, y en cuanto podía, soltaba amarras y navegaba hasta un lugar fuera de la vista de la costa. Echaba el ancla, ponía un par de cañas de pescar con sus cebos en los soportes, y se recostaba en una hamaca a disfrutar del sol y la brisa marina, acompañado de un libro y una copa de vino. Sólo se veía interrumpido por unos chapuzones en el agua o por las esporádicas capturas, que le hacían luchar un rato con los peces que habían picado, para, una vez capturados, echarlos al cubo, donde se quedaban hasta que su estómago protestaba y cocinaba el pez en la pequeña cocina del barco. Así pasaba las horas, hasta que sentía frío. Entonces bajaba al camarote donde se dormía escuchando los programas de la radio. Esta era su rutina, que únicamente cambiaba cuando había temporal y tenía que volver a tierra, donde se sentía como pez fuera del agua. Si estaba mucho tiempo en tierra su carácter se agriaba y pasaba las horas en el bar, en la mesa del rincón, apurando chatos de vino.
En verano se ganaba la vida llevando a turistas de pesca o en pequeños viajes por la costa. Con el dinero que sacaba tiraba durante el año, ayudado por esporádicos trabajos en el campo.
En uno de esos días en el mar, notó una sensación extraña. Un escalofrío recorrió su piel, y no se debía ni al frío, ni al libro que estaba leyendo. Se sentía como observado, lo cual parecía ridículo en mitad del mar. Intetó ignorar la sensación, pero era imposible, así que se levantó decidido a darse un baño, para despejarse. Lo que vió le dejó paralizado en la cubierta. Sobre el agua se encontraba el ser más extraño que había visto jamás. Su mente tardó en reconocer la figura que describían infinidad de libros de mar y crónicas marineras, pero que él nunca había creido. Con una larga melena dorada, unos increíbles ojos color turquesa, que parecían dos trocitos de mar y un rostro que era el más hermoso que jamás había comtemplado, una sirena se dejaba mecer por las olas, ayudada por la cola de pez que formaba la parte inferior de su cuerpo.
- No te asustes -dijo la sirena, con una sonrisa en los labios y con una voz que calentaba el alma.
El miedo desapareció de inmediato. La voz de la sirena le reconfortaba, contrariamente a lo que se podía esperar.
- Eres una sirena -dijo. No era una pregunta, sino una afirmación.
- Puedes llamarme así, aunque a mí me gusta más Eva.
- Yo me llamo Benito.
- Lo sé -dijo la sirena, sorprendiendo a Benito. Lo sabemos todo de ti. Llevamos mucho tiempo observándote.
- No entiendo.
- Y no tienes que entender. sólo tienes que confiar en mí.
Benito estaba sorprendido de lo fácil que resultaba eso, pese a lo extraño de la situación.
- ¿Qué quieres de mi? -preguntó.
- Hemos visto que tú realmente no encajas en este mundo. Queremos que nos acompañes.
- ¿Acompañarte? ¿A dónde?
En verano se ganaba la vida llevando a turistas de pesca o en pequeños viajes por la costa. Con el dinero que sacaba tiraba durante el año, ayudado por esporádicos trabajos en el campo.
En uno de esos días en el mar, notó una sensación extraña. Un escalofrío recorrió su piel, y no se debía ni al frío, ni al libro que estaba leyendo. Se sentía como observado, lo cual parecía ridículo en mitad del mar. Intetó ignorar la sensación, pero era imposible, así que se levantó decidido a darse un baño, para despejarse. Lo que vió le dejó paralizado en la cubierta. Sobre el agua se encontraba el ser más extraño que había visto jamás. Su mente tardó en reconocer la figura que describían infinidad de libros de mar y crónicas marineras, pero que él nunca había creido. Con una larga melena dorada, unos increíbles ojos color turquesa, que parecían dos trocitos de mar y un rostro que era el más hermoso que jamás había comtemplado, una sirena se dejaba mecer por las olas, ayudada por la cola de pez que formaba la parte inferior de su cuerpo.
- No te asustes -dijo la sirena, con una sonrisa en los labios y con una voz que calentaba el alma.
El miedo desapareció de inmediato. La voz de la sirena le reconfortaba, contrariamente a lo que se podía esperar.
- Eres una sirena -dijo. No era una pregunta, sino una afirmación.
- Puedes llamarme así, aunque a mí me gusta más Eva.
- Yo me llamo Benito.
- Lo sé -dijo la sirena, sorprendiendo a Benito. Lo sabemos todo de ti. Llevamos mucho tiempo observándote.
- No entiendo.
- Y no tienes que entender. sólo tienes que confiar en mí.
Benito estaba sorprendido de lo fácil que resultaba eso, pese a lo extraño de la situación.
- ¿Qué quieres de mi? -preguntó.
- Hemos visto que tú realmente no encajas en este mundo. Queremos que nos acompañes.
- ¿Acompañarte? ¿A dónde?
El pintor y la modelo
El sol entraba a raudales por la ventana. Era media mañana. Los rayos de sol caían directamente sobre la cama, en la que enredado entre la sábanas, se veía un cuerpo atravesado.
Daniel abrió los ojos, gruñendo por lo molesto del sol, aunque en el fondo estaba agradecido. Le encantaba que el sol le despertara. No dependía de relojes ni horarios. Trabajaba en casa, con lo cual, se podía levantar a la hora que quisiera.
Después de muchos años, la rutina de cada mañana era similar. Daniel se dirigió medio mecánicamente a la cocina, donde, mientras se hacía el cafe en la vieja cafetera, preparaba un zumo de naranja. Luego un par de rebanadas del excelente pan de pueblo, que cada mañana traía Pepe, en su ruta. Unos chorritos de aceite sobre el pan previamente huntado con ajo. En media hora, listo para afrontar el día.
Daniel salió a su estudio. Una habitación anexa a la casa, con grandes ventanales, por donde entraba la luz. Ese era su territorio. Los lienzos y las pinturas estaban por todas partes. Habia distintos atriles donde descansaban varios proyectos de cuadros, todos tapados con sábanas salpicadas de manchas de todos los colores. A sus sesenta años, Daniel llevaba pintando desde que tenía quince, había pintado muchos cuadros. Era su trabajo y no se le daba mal. Le servía para vivir cómodamente.
En un rincón, un cuadro especial. Un cuadro inacabado. De hecho, era un cuadro sin comenzar. Un día, siendo Daniel joven, a la vuelta de comprar material para pintar, se puso a colocar las cosas. El último paquete era el de los lienzos. Cuando los estab colocando, uno de ellos le pareció especial. No tenía nada de diferente, pero al cogerlo, una corriente pasó a través de los dedos de Daniel. Los artistas son personas muy especiales, y en ese momento, Daniel se convenció de que ese lienzo estaba reservado para el cuadro de su vida, su gran obra. Desde ese momento, cada vez que comenzaba una nueva obra, destapaba el lienzo del rincón y ante el vacío del mismo, esperaba a que el lienzo le comunicara que debía plasmar esa obra en él. Hasta el momento, no había sucedido, pero no le preocupaba en absoluto. Ese día, y ese cuadro llegará.
Retiró la sábana de uno de los proyectos y se puso a pintar. Estaba tan concentrado que no oyó los golpes en la puerta. La persona al otro lado de la misma insistió, rompiendo la concentración del pintor. Los que le conocían sabían que no debían molestarle, así que debía ser alguien desconocido. Resignado se dirigió a la puerta y abrió.
- Buenos días. -una mujer estaba plantada en la puerta. Su voz era delicada como el cristal
- Buenos días.
Daniel miró atentamente a la mujer. Había algo inquietante en ella. Cabello negro azabache, piel muy pálida, unos ojos verdes de mirada penetrante. Una mujer peculiar.
- ¿Qué desea?
- He oido que es usted un gran pintor.
- Habladurías de la gente. -La voz de la mujer le producía una sensación extraña.
- Bueno, es que quería un retrato.
- ¿Un retrato? No es mi especialidad.
- Bueno - su sonrisa se hizo más grande-. Siempre se puede hacer un esfuerzo. Es un encargo muy especial. Es para un regalo a una persona que aprecio mucho.
Daniel no podía negarse. Y no es que hubiera declinado encargos, es que aquella mujer la intrigaba. Tenía una sensación peculiar.
- De acuerdo. -dijo Daniel-. Si quiere pasamos a mi casa y hablamos del encargo.
- No hace falta. Vengo el día que tenga libre y empezamos.
- Pero, tendrá alguna idea sobre el retrato.-Daniel estaba cada vez más confuso.
- Usted es el artista -su sonrisa podía con cualquier negativa-. ¿Cuándo empezamos?
- Mañana - se sorprendió Daniel respondiendo.
- Pues hasta mañana. Por cierto, mi nombre es Yolanda.
El resto del día fue una pérdida de tiempo. Daniel perdió toda la concentración. Esa mujer le provocaba sentimientos adversos. Por un lado, le gustaba comenzar un nuevo cuadro, especialmente cuando era un reto para él, no acostumbrado a retratar personajes. Por otro lado, su intuición le avisaba de algo que no podía ver.
Al día siguiente, un coche aparcó en la entrada de la casa. Un coche muy elegante. La mujer descendió del coche. Llevaba un largo abrigo de piel hasta los tobillos, donde se ceñían unas sandalias negras de alto tacón.
Daniel estaba en la cocina, cuando vio el coche por la ventana. Se encaminó hacia el estudio en cuya puerta estaba esperando Yolanda.
- Buenos días.
- Buenos días Daniel. ¿Preparado para empezar?
- Por supuesto -Daniel abrió la puerta-. Pase.
- Creo que debemos tutearnos. Vamos a estar juntos mucho tiempo.
- Bueno, por mi no hay problema. En cuanto al tiempo, dependerá del cuadro.
- No se preocupe. Deseará que el cuadro no se acabe.
- Siempre lo deseo. El entregar un cuadro es lo que menos me gusta. Y en este caso en particular, más aún, ya que cobraré por el tiempo que dedique.
- No se preocupe por el dinero -Yolanda le entregó un cheque el blanco firmado-. Cuando acabe ponga la cifra. No hay problema en la cantidad.
Daniel estaba cada vez más sorprendido y confuso.
- De acuerdo, hoy empezaremos por unos bocetos, para que yo pueda dimensionar el cuadro, y ver qué perfil usamos. Trabajaremos sobre papel y carboncillo. Luego comenzaré a esbozar el lienzo y entonces tendrás que venir para rematar las poses.
- Tú eres el artista. ¿Por dónde empezamos?
- ¿Qué postura deseas?
- Quiero una pose a lo "maja de Goya". La desnuda, por supuesto.
El autocontrol de Daniel estaba al límite. Este encargo era el más extraño y comprometido que jamás había tenido. Aprovechando que se encontraba de espaldas a Yolanda, preparando los cuadernos, tomó fuerzas para disimular su asombro y darse la vuelta.
- No creo que llegue a nivel de don Francisco, pero....
- Conozco tu obra. No me defraudará.
A continuación Yolanda desabotonó el abrigo y lo dejó caer al suelo. Debajo no llevaba nada.
- ¿Dónde me pongo? -su sonrisa delataba que se lo estaba pasando bien. El alborozo de Daniel era evidente, y Yolanda estaba disfrutando.
Daniel se apresuró a despejar el viejo sofa del estudio, cubriéndolo con una de las sábanas limpias que tenía guardadas en el viejo armario. Con un gesto señaló al sofa. Yolanda se recostó en la estudiada pose de la maja de Goya.
Daniel buscó otra sábana en el armario y la colocó sobre el cuerpo tendido.
- Es mejor la transparencia. -se justificó-. Mucho más estético.
- Usted es el artista.
Estuvieron todo el día realizando bocetos en papel. Al final del día, Daniel estaba agotado. Yolanda estaba fresca como una rosa. Era una modelo perfecta.
- Listo -dijo Daniel.
- Perfecto. - Yolanda se levantó sin preocuparse de ponerse el abrigo y se acercó a la mesa donde estaba el bolso. Le acercó una tarjeta a Daniel.- Llámame cuando tenga que volver. No hay prisa.
Yolanda recogió el abrigo. Daniel le ayudó a ponérselo. Después, abandonó tranquilamente el estudio.
Pese al cansancio, Daniel se puso a admirar los bocetos, pensando en la estructura del cuadro. Su mente vislumbró el acabado. Sin saber cómo, se encontró frente al lienzo del rincón. Lo destapó. El lienzo le habló sin palabras. Una sonrisa apareció en el rostro de Daniel.
- Casi cuarenta años - musitó-. Te ha costado casi cuarenta años.
Tres meses después, Yolanda abandonó el estudio con un paquete envuelto y metido en un carpeta porta-cuadros.
En el interior del estudio Daniel, en el momento en el que el lienzo abandonaba el estudio, cayó fulminado al suelo.
P.D.: Este relato fue fruto de un mini concurso en un foro desaparecido y por inspiración de una de mis canciones favoritas.
"El pintor y la modelo" Danza Invisible
¡Vuélvete!, tu imagen emerge del blanco del lienzo
entre la vida y tú y yo no hay nada,
no sé si mis colores te captarán,
pero hemos de intentarlo, pero hemos de intentarlo,
y mi tela y tu piel en mis dedos se confundirán
¡Mírame!, desde tus ojos mi pincel te ve
¡Mírame!, desde tus ojos mi pincel te ve
¡Vuélvete hacia mi!, tu voz me distrae
es mejor el silencio,
en este estudio desnudo no hay nada,
la superficie te ha de atrapar,
tienes que conseguirlo, tienes que conseguirlo,
y mi tela y tu piel en mis dedos se confundirán
¡Mírame!, desde tus ojos mi pincel te ve
¡Mírame!, y tus secretos yo desvelaré
¡Vuélvete! Tu imagen emerge del blanco del lienzo
en este estudio no hay nada,
no sé si mis colores te captarán
pero hemos de intentarlo, pero hemos de intentarlo
pero hemos de intentarlo (una vez más)
¡Mírame!, desde tus ojos mi pincel te ve
¡Mírame!, y tus secretos yo desvelaré
y tus secretos yo desvelaré
desde tus ojos mi pincel te ve,
¡Mírame!
Daniel abrió los ojos, gruñendo por lo molesto del sol, aunque en el fondo estaba agradecido. Le encantaba que el sol le despertara. No dependía de relojes ni horarios. Trabajaba en casa, con lo cual, se podía levantar a la hora que quisiera.
Después de muchos años, la rutina de cada mañana era similar. Daniel se dirigió medio mecánicamente a la cocina, donde, mientras se hacía el cafe en la vieja cafetera, preparaba un zumo de naranja. Luego un par de rebanadas del excelente pan de pueblo, que cada mañana traía Pepe, en su ruta. Unos chorritos de aceite sobre el pan previamente huntado con ajo. En media hora, listo para afrontar el día.
Daniel salió a su estudio. Una habitación anexa a la casa, con grandes ventanales, por donde entraba la luz. Ese era su territorio. Los lienzos y las pinturas estaban por todas partes. Habia distintos atriles donde descansaban varios proyectos de cuadros, todos tapados con sábanas salpicadas de manchas de todos los colores. A sus sesenta años, Daniel llevaba pintando desde que tenía quince, había pintado muchos cuadros. Era su trabajo y no se le daba mal. Le servía para vivir cómodamente.
En un rincón, un cuadro especial. Un cuadro inacabado. De hecho, era un cuadro sin comenzar. Un día, siendo Daniel joven, a la vuelta de comprar material para pintar, se puso a colocar las cosas. El último paquete era el de los lienzos. Cuando los estab colocando, uno de ellos le pareció especial. No tenía nada de diferente, pero al cogerlo, una corriente pasó a través de los dedos de Daniel. Los artistas son personas muy especiales, y en ese momento, Daniel se convenció de que ese lienzo estaba reservado para el cuadro de su vida, su gran obra. Desde ese momento, cada vez que comenzaba una nueva obra, destapaba el lienzo del rincón y ante el vacío del mismo, esperaba a que el lienzo le comunicara que debía plasmar esa obra en él. Hasta el momento, no había sucedido, pero no le preocupaba en absoluto. Ese día, y ese cuadro llegará.
Retiró la sábana de uno de los proyectos y se puso a pintar. Estaba tan concentrado que no oyó los golpes en la puerta. La persona al otro lado de la misma insistió, rompiendo la concentración del pintor. Los que le conocían sabían que no debían molestarle, así que debía ser alguien desconocido. Resignado se dirigió a la puerta y abrió.
- Buenos días. -una mujer estaba plantada en la puerta. Su voz era delicada como el cristal
- Buenos días.
Daniel miró atentamente a la mujer. Había algo inquietante en ella. Cabello negro azabache, piel muy pálida, unos ojos verdes de mirada penetrante. Una mujer peculiar.
- ¿Qué desea?
- He oido que es usted un gran pintor.
- Habladurías de la gente. -La voz de la mujer le producía una sensación extraña.
- Bueno, es que quería un retrato.
- ¿Un retrato? No es mi especialidad.
- Bueno - su sonrisa se hizo más grande-. Siempre se puede hacer un esfuerzo. Es un encargo muy especial. Es para un regalo a una persona que aprecio mucho.
Daniel no podía negarse. Y no es que hubiera declinado encargos, es que aquella mujer la intrigaba. Tenía una sensación peculiar.
- De acuerdo. -dijo Daniel-. Si quiere pasamos a mi casa y hablamos del encargo.
- No hace falta. Vengo el día que tenga libre y empezamos.
- Pero, tendrá alguna idea sobre el retrato.-Daniel estaba cada vez más confuso.
- Usted es el artista -su sonrisa podía con cualquier negativa-. ¿Cuándo empezamos?
- Mañana - se sorprendió Daniel respondiendo.
- Pues hasta mañana. Por cierto, mi nombre es Yolanda.
El resto del día fue una pérdida de tiempo. Daniel perdió toda la concentración. Esa mujer le provocaba sentimientos adversos. Por un lado, le gustaba comenzar un nuevo cuadro, especialmente cuando era un reto para él, no acostumbrado a retratar personajes. Por otro lado, su intuición le avisaba de algo que no podía ver.
Al día siguiente, un coche aparcó en la entrada de la casa. Un coche muy elegante. La mujer descendió del coche. Llevaba un largo abrigo de piel hasta los tobillos, donde se ceñían unas sandalias negras de alto tacón.
Daniel estaba en la cocina, cuando vio el coche por la ventana. Se encaminó hacia el estudio en cuya puerta estaba esperando Yolanda.
- Buenos días.
- Buenos días Daniel. ¿Preparado para empezar?
- Por supuesto -Daniel abrió la puerta-. Pase.
- Creo que debemos tutearnos. Vamos a estar juntos mucho tiempo.
- Bueno, por mi no hay problema. En cuanto al tiempo, dependerá del cuadro.
- No se preocupe. Deseará que el cuadro no se acabe.
- Siempre lo deseo. El entregar un cuadro es lo que menos me gusta. Y en este caso en particular, más aún, ya que cobraré por el tiempo que dedique.
- No se preocupe por el dinero -Yolanda le entregó un cheque el blanco firmado-. Cuando acabe ponga la cifra. No hay problema en la cantidad.
Daniel estaba cada vez más sorprendido y confuso.
- De acuerdo, hoy empezaremos por unos bocetos, para que yo pueda dimensionar el cuadro, y ver qué perfil usamos. Trabajaremos sobre papel y carboncillo. Luego comenzaré a esbozar el lienzo y entonces tendrás que venir para rematar las poses.
- Tú eres el artista. ¿Por dónde empezamos?
- ¿Qué postura deseas?
- Quiero una pose a lo "maja de Goya". La desnuda, por supuesto.
El autocontrol de Daniel estaba al límite. Este encargo era el más extraño y comprometido que jamás había tenido. Aprovechando que se encontraba de espaldas a Yolanda, preparando los cuadernos, tomó fuerzas para disimular su asombro y darse la vuelta.
- No creo que llegue a nivel de don Francisco, pero....
- Conozco tu obra. No me defraudará.
A continuación Yolanda desabotonó el abrigo y lo dejó caer al suelo. Debajo no llevaba nada.
- ¿Dónde me pongo? -su sonrisa delataba que se lo estaba pasando bien. El alborozo de Daniel era evidente, y Yolanda estaba disfrutando.
Daniel se apresuró a despejar el viejo sofa del estudio, cubriéndolo con una de las sábanas limpias que tenía guardadas en el viejo armario. Con un gesto señaló al sofa. Yolanda se recostó en la estudiada pose de la maja de Goya.
Daniel buscó otra sábana en el armario y la colocó sobre el cuerpo tendido.
- Es mejor la transparencia. -se justificó-. Mucho más estético.
- Usted es el artista.
Estuvieron todo el día realizando bocetos en papel. Al final del día, Daniel estaba agotado. Yolanda estaba fresca como una rosa. Era una modelo perfecta.
- Listo -dijo Daniel.
- Perfecto. - Yolanda se levantó sin preocuparse de ponerse el abrigo y se acercó a la mesa donde estaba el bolso. Le acercó una tarjeta a Daniel.- Llámame cuando tenga que volver. No hay prisa.
Yolanda recogió el abrigo. Daniel le ayudó a ponérselo. Después, abandonó tranquilamente el estudio.
Pese al cansancio, Daniel se puso a admirar los bocetos, pensando en la estructura del cuadro. Su mente vislumbró el acabado. Sin saber cómo, se encontró frente al lienzo del rincón. Lo destapó. El lienzo le habló sin palabras. Una sonrisa apareció en el rostro de Daniel.
- Casi cuarenta años - musitó-. Te ha costado casi cuarenta años.
Tres meses después, Yolanda abandonó el estudio con un paquete envuelto y metido en un carpeta porta-cuadros.
En el interior del estudio Daniel, en el momento en el que el lienzo abandonaba el estudio, cayó fulminado al suelo.
P.D.: Este relato fue fruto de un mini concurso en un foro desaparecido y por inspiración de una de mis canciones favoritas.
"El pintor y la modelo" Danza Invisible
¡Vuélvete!, tu imagen emerge del blanco del lienzo
entre la vida y tú y yo no hay nada,
no sé si mis colores te captarán,
pero hemos de intentarlo, pero hemos de intentarlo,
y mi tela y tu piel en mis dedos se confundirán
¡Mírame!, desde tus ojos mi pincel te ve
¡Mírame!, desde tus ojos mi pincel te ve
¡Vuélvete hacia mi!, tu voz me distrae
es mejor el silencio,
en este estudio desnudo no hay nada,
la superficie te ha de atrapar,
tienes que conseguirlo, tienes que conseguirlo,
y mi tela y tu piel en mis dedos se confundirán
¡Mírame!, desde tus ojos mi pincel te ve
¡Mírame!, y tus secretos yo desvelaré
¡Vuélvete! Tu imagen emerge del blanco del lienzo
en este estudio no hay nada,
no sé si mis colores te captarán
pero hemos de intentarlo, pero hemos de intentarlo
pero hemos de intentarlo (una vez más)
¡Mírame!, desde tus ojos mi pincel te ve
¡Mírame!, y tus secretos yo desvelaré
y tus secretos yo desvelaré
desde tus ojos mi pincel te ve,
¡Mírame!
La lagartija triste
Flumy era un bicho. Un bicho verde y con patas. Y con unas líneas amarillas por todo el cuerpo. Flumy era una lagartija.
A Flumy era difícil verla, porque vivía en un pequeño bosque donde había poca luz. Su color verde se confundía con las hojas de los árboles. Eso le gustaba, pero sólo porque evitaba que alguien la viera. A Flumy lo que de verdad le gustaba era estar tumbada al sol encima de una piedra. Pero no podía ser.
Flumy estaba triste. No le gustaba el bosque, pero no sabía salir. Un día, Flumy estaba tranquilamente tumbada al sol, cuando unos niños la cogieron por la cola y la metieron en un caja de cartón con agujeritos. Flumy estaba muy asustada y lloraba. Los niños llevaban la caja saltando. En uno de esos saltos, la tapa de la caja se abrión un poco y Flumy salió corriendo.
Estuvo corriendo por unos caminos negros donde había pintadas unas líneas blancas y por donde pasaban unas cosas con ruedas muy rápidas. De repente vió el bosque y se metió en él, pensando que era un buen lugar para que los niños no le vieran. Cuando pensó que ya no podían verle, se paró. No sabía donde estaba y no sabía salir de allí. Flumy estaba muy cansada y tenía hambre. Se tumbó en las hojas caídas del bosque y se quedó dormida.
Cuando Flumy despertó, no sabía qué hacer. Se puso a caminar. Cuando llevaba un rato caminando llegó a una pequeña charca. Allí encontró agua y algo de comida. Cuando estaba inclinada bebiendo agua de la charca, vió algo extraño al otro lado. Había algo que le estaba mirando.
- ¿Qué estas mirando? -preguntó la cosa.
- Na..nada -contestó asustada Flumy.
- ¿Por qué me miras así? Acaso no has visto nunca un gloku.
- ¿Un qué? -preguntó sorprendida Flumy.
- Un gloku. Veo que eres un ignorante. Un gloku es un ser que vive en los bosques.
Flumy se quedó mirando a aquel ser, que más bien parecía una patata con patas y cara. Nunca había visto algo así, ni había oido hablar de los glokus, pero claro, Flumy era joven.
- Lo siento. No quería molestarle. Es que me he perdido.
- ¿Perdido? ¿En este bosque? -preguntó el gloku. Pues no hay problema. Yo conozco perfectamente el bosque, así que puedo ayudarte a salir.
- Muchas gracias, señor.
- Mi nombre es Difo. -dijo el gloku sonriendo. ¿Y dónde quieres ir?
- Pues...., es que no lo sé.
- ¿Y eso cómo es posible? ¿No sabes a dónde quieres ir?
- Es que me perdí -contesto Flumy sonrojándose. Es que me cogieron unos niños, pero me escapé, y me escondí en este bosque. Pero no sé donde tengo que ir.
- Pues eso es un problema -dijo Difo. Pero tú no te preocupes. Conozco a alguien que nos puede ayudar. Acompáñame.
- Es que no sé si debo ir con extraños.
- Creo que esto es una situación especial. ¡Vamos!
Flumy siguió a Difo por unos caminos ocultos. Le hacía gracia la manera de caminar del gloku. Parecía que se iba a caer en cada paso y, de vez en cuando, daba pequeños saltitos. Poco a poco Flumy fue tomando confianza.
Mientras caminaban, Difo iba explicándole qué eran las cosas por las que pasaban. Cuando llegaron a un hueco en un árbol dijo:
- Ya estamos. Voy a llamarle para que baje.
Difo dio unos golpes en el árbol, y entonces se oyó una voz dentro:
- ¡Ya voy!
- Soy Difo. Baja que nos tienes que ayudar
- ¿Nos? ¿A quienes?
- Es que he traído un amigo.
Por el hueco del árbol apareció un halcón plateado. Flumy se escondió detrás de Difo.
- No te preocupes Flumy. -dijo Difo. Este es Flyer. Es inofensivo.
- Bienvenido al bosque Flumy -dijo Flyer tendiendo el ala hacia Flumy.
- La verdad es que ha llegado aquí porque se ha perdido. -dijo Difo. No sabe salir y no sabe dónde tiene que volver.
- ¡Vaya! -exclamó Flyer. Pues habrá que ayudarle. ¿Recuerdas algo del lugar de donde vienes?
- ¡Claro! -dijo Flumy. Había un río muy grande con grandes rocas donde nos tumbábamos a tomar el sol.
- Pues voy a buscar -dijo Flyer, extendiendo las alas y echando a volar.
Difo y Flumy se quedaron mirando como el halcón partía en busca del gran río.
- Supongo que no habrás comido -dijo Difo.
- La verdad es que no mucho.
- Pues pasemos a casa de Flyer y comamos algo.
- ¿No le importará a Flyer?
- Para nada. Aquí lo compartimos todos.
Cuando ya habían terminado de comer, y mientras tomaban una taza de chocolate caliente, Flyer apareció en el árbol.
- ¡Lo encontré! -exclamó Flyer sonriente. Está un poco lejos, pero lo encontré.
- ¡Estupendo! -dijo Difo. Pues vamos para allá.
- No tan rápido Difo -dijo Flyer. No podemos ir todos. Está muy lejos. Tendré que llevar a Flumy en mis garras.
- ¿En tus garras? -preguntó Flumy asustado.
- No hay otra manera. Además, no te hará daño. Te puedo asegurar que te gustará.
- No te preocupes. -dijo Difo. A mi me llevó una vez y fue muy divertido. No te entretengas más, que tu familia estará preocupada. Y promete volver algún día.
- Lo haré -prometió Flumy. Muchas gracias por todo.
Flyer cogió a Flumy entre sus garras y voló. Voló mucho rato hasta llegar a un río de color azul. Comenzó a planear y a bajar hasta un grupo de piedras en las que se veía una serie de manchitas verdes.
- ¡Esa es mi familia! -gritó Flumy.
- Allá vamos.
Flyer aterrizó entre un grupo de asustadas lagartijas, dejando suavemente a Flumy en el suelo.
- ¡Flumy! -exclamó una lagartija de gran tamaño. ¿Dónde te habías metido?
- Me perdí. Pero unos amigos me han ayudado a volver.
La lagartija miró el halcón, y se acercó lentamente.
- Muchas gracias por traernos de vuelta a Flumy.
- No ha sido nada. Ahora, vigilénlo para que no se vuelva a perder. La próxima vez puede no tener tanta suerte.
Flyer se acercó a Flumy.
- Recuerda, que algún día, cuando seas mayor, debes volver al bosque y visitarnos.
- Prometido.
A Flumy era difícil verla, porque vivía en un pequeño bosque donde había poca luz. Su color verde se confundía con las hojas de los árboles. Eso le gustaba, pero sólo porque evitaba que alguien la viera. A Flumy lo que de verdad le gustaba era estar tumbada al sol encima de una piedra. Pero no podía ser.
Flumy estaba triste. No le gustaba el bosque, pero no sabía salir. Un día, Flumy estaba tranquilamente tumbada al sol, cuando unos niños la cogieron por la cola y la metieron en un caja de cartón con agujeritos. Flumy estaba muy asustada y lloraba. Los niños llevaban la caja saltando. En uno de esos saltos, la tapa de la caja se abrión un poco y Flumy salió corriendo.
Estuvo corriendo por unos caminos negros donde había pintadas unas líneas blancas y por donde pasaban unas cosas con ruedas muy rápidas. De repente vió el bosque y se metió en él, pensando que era un buen lugar para que los niños no le vieran. Cuando pensó que ya no podían verle, se paró. No sabía donde estaba y no sabía salir de allí. Flumy estaba muy cansada y tenía hambre. Se tumbó en las hojas caídas del bosque y se quedó dormida.
Cuando Flumy despertó, no sabía qué hacer. Se puso a caminar. Cuando llevaba un rato caminando llegó a una pequeña charca. Allí encontró agua y algo de comida. Cuando estaba inclinada bebiendo agua de la charca, vió algo extraño al otro lado. Había algo que le estaba mirando.
- ¿Qué estas mirando? -preguntó la cosa.
- Na..nada -contestó asustada Flumy.
- ¿Por qué me miras así? Acaso no has visto nunca un gloku.
- ¿Un qué? -preguntó sorprendida Flumy.
- Un gloku. Veo que eres un ignorante. Un gloku es un ser que vive en los bosques.
Flumy se quedó mirando a aquel ser, que más bien parecía una patata con patas y cara. Nunca había visto algo así, ni había oido hablar de los glokus, pero claro, Flumy era joven.
- Lo siento. No quería molestarle. Es que me he perdido.
- ¿Perdido? ¿En este bosque? -preguntó el gloku. Pues no hay problema. Yo conozco perfectamente el bosque, así que puedo ayudarte a salir.
- Muchas gracias, señor.
- Mi nombre es Difo. -dijo el gloku sonriendo. ¿Y dónde quieres ir?
- Pues...., es que no lo sé.
- ¿Y eso cómo es posible? ¿No sabes a dónde quieres ir?
- Es que me perdí -contesto Flumy sonrojándose. Es que me cogieron unos niños, pero me escapé, y me escondí en este bosque. Pero no sé donde tengo que ir.
- Pues eso es un problema -dijo Difo. Pero tú no te preocupes. Conozco a alguien que nos puede ayudar. Acompáñame.
- Es que no sé si debo ir con extraños.
- Creo que esto es una situación especial. ¡Vamos!
Flumy siguió a Difo por unos caminos ocultos. Le hacía gracia la manera de caminar del gloku. Parecía que se iba a caer en cada paso y, de vez en cuando, daba pequeños saltitos. Poco a poco Flumy fue tomando confianza.
Mientras caminaban, Difo iba explicándole qué eran las cosas por las que pasaban. Cuando llegaron a un hueco en un árbol dijo:
- Ya estamos. Voy a llamarle para que baje.
Difo dio unos golpes en el árbol, y entonces se oyó una voz dentro:
- ¡Ya voy!
- Soy Difo. Baja que nos tienes que ayudar
- ¿Nos? ¿A quienes?
- Es que he traído un amigo.
Por el hueco del árbol apareció un halcón plateado. Flumy se escondió detrás de Difo.
- No te preocupes Flumy. -dijo Difo. Este es Flyer. Es inofensivo.
- Bienvenido al bosque Flumy -dijo Flyer tendiendo el ala hacia Flumy.
- La verdad es que ha llegado aquí porque se ha perdido. -dijo Difo. No sabe salir y no sabe dónde tiene que volver.
- ¡Vaya! -exclamó Flyer. Pues habrá que ayudarle. ¿Recuerdas algo del lugar de donde vienes?
- ¡Claro! -dijo Flumy. Había un río muy grande con grandes rocas donde nos tumbábamos a tomar el sol.
- Pues voy a buscar -dijo Flyer, extendiendo las alas y echando a volar.
Difo y Flumy se quedaron mirando como el halcón partía en busca del gran río.
- Supongo que no habrás comido -dijo Difo.
- La verdad es que no mucho.
- Pues pasemos a casa de Flyer y comamos algo.
- ¿No le importará a Flyer?
- Para nada. Aquí lo compartimos todos.
Cuando ya habían terminado de comer, y mientras tomaban una taza de chocolate caliente, Flyer apareció en el árbol.
- ¡Lo encontré! -exclamó Flyer sonriente. Está un poco lejos, pero lo encontré.
- ¡Estupendo! -dijo Difo. Pues vamos para allá.
- No tan rápido Difo -dijo Flyer. No podemos ir todos. Está muy lejos. Tendré que llevar a Flumy en mis garras.
- ¿En tus garras? -preguntó Flumy asustado.
- No hay otra manera. Además, no te hará daño. Te puedo asegurar que te gustará.
- No te preocupes. -dijo Difo. A mi me llevó una vez y fue muy divertido. No te entretengas más, que tu familia estará preocupada. Y promete volver algún día.
- Lo haré -prometió Flumy. Muchas gracias por todo.
Flyer cogió a Flumy entre sus garras y voló. Voló mucho rato hasta llegar a un río de color azul. Comenzó a planear y a bajar hasta un grupo de piedras en las que se veía una serie de manchitas verdes.
- ¡Esa es mi familia! -gritó Flumy.
- Allá vamos.
Flyer aterrizó entre un grupo de asustadas lagartijas, dejando suavemente a Flumy en el suelo.
- ¡Flumy! -exclamó una lagartija de gran tamaño. ¿Dónde te habías metido?
- Me perdí. Pero unos amigos me han ayudado a volver.
La lagartija miró el halcón, y se acercó lentamente.
- Muchas gracias por traernos de vuelta a Flumy.
- No ha sido nada. Ahora, vigilénlo para que no se vuelva a perder. La próxima vez puede no tener tanta suerte.
Flyer se acercó a Flumy.
- Recuerda, que algún día, cuando seas mayor, debes volver al bosque y visitarnos.
- Prometido.
jueves, 29 de diciembre de 2011
Cuento de Navidad
El camino estaba cubierto de hojas caídas de los árboles. Serpenteando por la ladera del monte, llevaba a uno de los extremos del pueblo. De allí a la casa, un pequeño paseo.
Laura y Nacho habían salido a media mañana para caminar. Cada uno llevaba su mochila con sus trastos. Nacho con su cámara colgada al cuello iba fotografiando todo lo que le llamaba la atención. Disparaba continuamente; luego ya descartaría las fotos que no sirvieran. Laura, por su parte, llevaba su cuaderno en la mochila. Le gustaba dibujar. Era su afición. Cuando salían juntos a caminar, buscaban un lugar apropiado y ella se sentaba, sacaba su cuaderno y sus lápices y se ponía a plasmar momentos en el papel. Mientras, Nacho iba de un lado a otro buscando paisajes, fotogramas o animales que fotografiar. Aquel día no fue una excepción. El día era frío, pero con sol y aprovecharon un recodo a orillas de un pequeño arroyo para acomodarse sobre unas rocas y comer. Después, cada uno con su afición.
Sobre las cinco de la tarde decidieron regresar. El sol comenzaba a bajar y a estas alturas del año, ya no calentaba. Además, les gustaba regresar en ese momento para poder contemplar el atardecer. Los colores anaranjados del sol terminando su ciclo diario eran un espectáculo digno de observar una y otra vez. Cuando estaban llegando al pueblo, una enorme bola naranja estaba ocultándose contra la silueta de las montañas lejanas y las nubes que había en el cielo eran de color violeta y morado. Hicieron una pausa en la última curva del camino y admiraron como el sol terminaba de desaparecer. Estaban cogidos de la mano. Nacho llevaba la cámara al cuello, pero desistió de intentar hacer alguna foto. Nunca había sido capaz de mostrar la intensidad del momento en una foto. Finalmente, se dirigieron hacia la casa.
Al entrar, Luis asomó la cabeza por la puerta del pequeño cuarto adyacente a la recepción. Tendría unos cincuenta años, mirada amable, vestido con pantalones de pana y un jersey bastante trillado.
- ¿Qué tal la caminata? - preguntó.
- Bien.- respondió Nacho. El tiempo perfecto. Nos hemos acercado al arroyo y hemos estado siguiendo su curso. Luego hemos encontrado un par de rocas sugerentes y nos hemos sentado a pasar la tarde.
- Poca agua llevaría en esta época. ¿Os apetece un chocolatito caliente? He encendido la chimenea en el salón, así que os lo puedo llevar allí.
Luego bajando el tono de voz y acercándose a ellos susurró:
- Tenemos otro visitante. Apareció a mediodía. Un señor mayor, callado. Está sentado leyendo, así que le he encendido la chimenea. Pensaba que Navidad no iba a venir nadie, y no hacéis más que llenarme la casa - concluyó en tono de broma.
Nacho y Laura se miraron. No necesitaron comentar nada.
- No nos importa. Sabes que nosotros molestamos lo mínimo posible - respondió Laura. Respecto al chocolate, la verdad es que no nos vendría mal. Como me suba a la habitación, voy a caer rendida en la cama.
- Pues entonces, pasad y ahora os llevo el chocolate.
Laura y Nacho se encaminaron al salón. Al entrar, el calor y el olor a leña quemada se acentuaron. La sala era muy amplia, con ventanales en tres de los cuatro lados. En la chimenea, situada en el centro de la habitación, a la derecha de la puerta, ardía un fuego acogedor. El visitante se encontraba sentado en un sillón de orejas al lado de uno de los ventanales. Sostenía un libro en las mano, y lo leía a través de unas pequeñas gafas que le caían por el puente de la nariz. Tenía un porte solemne. Pelo abundante y canoso, piel tostada por el sol; ojos azules, acuosos y profundos. La pierna derecha cruzada sobre la izquierda. Zapatos lustrados, pantalones verdes, camisa blanca abierta con un pañuelo de seda protegiendo el cuello, chaqueta sport verde. Para Laura la imagen era cautivadora. También Nacho se quedó mirando al visitante. Un cuadro perfecto.
Al darse cuenta de su llegada, cerró levemente el libro, giró la cabeza hacia la puerta y los miró por encima de las gafas de leer. Inmediatamente, con un gesto sencillo y habitual, se quitó las gafas, dejó el libro sobre una mesa cercana y se levantó a saludar. Se dirigió con paso ágil hacia ellos y les tendió la mano.
- David de Soto, para servirles.- estrechó levemente la mano de Laura, e inmediatamente la de Nacho.
- Yo soy Laura y el es mi marido, Nacho.
- Encantado. -respondió David. Espero no molestar. Necesitaba alejarme del mundo y me recomendaron esta casa. No sabía que había otras personas. - lo dijo casi disculpándose por estar allí.
- No se preocupe. -respondió Laura. Ya hemos estado aquí muchas veces, y siempre hay alguien. El sitio es precioso y la casa muy tranquila. Luis nos trata siempre bien. Por eso repetimos. Aunque es nuestra primera Navidad aquí. Siempre venimos en primavera o verano. Pero este año necesitábamos un lugar así. -una leve nota de tristeza se coló al final de la frase.
- Siéntense por favor.
- Claro. -respondió Nacho. Pero no nos llame de usted, que es demasiado formal.
- Como queráis entonces, pero a cambio, debéis tutearme también. Si no, me siento más viejo de lo que soy. - la sonrisa siempre estaba en sus labios.
- Los que no queremos molestar somos nosotros. - dijo Laura. Parecía que estabas muy concentrado en la lectura. Sigue leyendo, por favor.
- Claro, así os dejo a vosotros tranquilos también.
- ¿Qué estás leyendo? -preguntó Nacho, siempre curioso.
- Sherish. Un libro nuevo de un escritor poco conocido. Interesante. Me gusta leer cosas poco conocidas. De momento, me gusta.
- No lo conocemos. Te dejamos continuar con tu lectura.
Dicho esto, se sentaron en el sofá que estaba en el lado opuesto al sillón donde leía David. Al instante, como si estuviera esperando a que terminaran de hablar, Luis entró con una bandeja. Tres humeantes tazas acompañaban a dos platos, donde descansaba un esponjoso bizcocho.
- Aquí tenéis. Me he permitido la licencia de traer un poco de mi bizcocho para acompañar. Y también le he traído uno a usted, David. - dijo depositando una taza y un plato en la mesa al lado del sillón.
- Muy amable. Buen provecho. -dijo, levantando la copa en dirección a Laura y Nacho.
Nacho sacó su cámara y se puso a revisar las fotos del día. Al final, se levantó y fue a la habitación para bajar el portátil y poder trabajar mejor.
Mientras Laura sacó su cuaderno de dibujo y repasó los bocetos del día. Una y otra vez su mirada se dirigía al sillón donde estaba David leyendo. Le cautivaba la estampa. Al fondo, la sierra de Guadalupe se intuía ya que la luz del día iba desapareciendo. En el cristal, el reflejo de David, sereno y concentrado. De fondo, silencio y el chisporrotear del fuego, hipnótico. Sin poder contenerse, sacó un lápiz y se puso a dibujar a David. Normalmente, pintaba paisajes y escenas, pero pocas veces personas. No se le daba bien. Esa tarde, sin embargo, los trazos salían solos.
Cuando Nacho volvió con el portátil encendido en las manos, vio a Laura con el ceño fruncido y la punta de la lengua asomando por la comisura de los labios, dibujando sobre el cuaderno. Echó de menos su cámara para poder inmortalizar el momento. Lo que más le gustaba eran las fotos "robadas", es decir, las hechas sin que las personas sepan que se las hacen y posen. ¡Una lástima que estuviera sobre la mesa!
Se sentó suavemente a su lado para no molestar y miró por encima del hombro. Enarcó las cejas; el dibujo era muy bueno. De los mejores que había visto hacer a Laura. Por ello, la dejó seguir y se dedicó a pasar las fotos al ordenador para seleccionar las buenas y eliminar el resto. Era su tarea rutinaria tras sus salidas al campo.
Un rato después, Luis entró de nuevo en el salón a comprobar la chimenea. Echó un par de troncos al fuego y se volvió hacia el sofá. Laura estaba dormida con el cuaderno caído sobre las piernas. Nacho estaba concentrado en el portátil.
- Nacho. -le llamó suavemente. ¿Sobre qué hora vais a cenar? Yo os lo dejo preparado, y me voy a pasar la Nochebuena con la familia. Os quedáis solos, pero no os prepocupéis que lo dejo todo listo. La mesa puesta, la cámara frigorífica con bebida y la comida lista para que os la toméis. Si queréis calentar algo, vais a la cocina.
- Sin problema. Luego te confirmo la hora.
Cuando Luis se marchó, Nacho despertó suavemente a Laura.
- ¿A qué hora quieres cenar? Me lo ha preguntado Luis, que se quiere marchar con la familia.
- Sobre las diez estará bien, pero que no se preocupe, que ya nos apañamos solos.
Al levantarse, el cuaderno cayó al suelo. El dibujo de David estaba terminado.
- ¡Es fantástico! -exclamó Nacho. Tiene un aire solemne y melancólico a la vez.
- No sé cómo lo he hecho. Me vino la inspiración y lo plasmé. - dirigió su mirada a David. Espero que no le moleste que le haya pintado. Me da un poco de reparo. Es como si le hubiera robado un pedacito de alma.
- No creo que le importe. - respondió Nacho. Claro que también se lo puedes preguntar.
- No sé, me da vergüenza.
- Tiene pinta de buena persona, no tengas miedo.
- Vale, pero vente conmigo.
Se dirigieron los dos hacia donde estaba David leyendo.
- Perdona que te molestemos -dijo Laura.
- No os preocupéis -respondió David.
- Espero que no te importe, pero cuando estabas leyendo, no he podido evitar esbozarte en mi cuaderno. - Ante la mirada de sorpresa de David, Laura explicó: Es mi afición. Me gusta pintar a lápiz lo que veo. Son dibujos en blanco y negro; fundamentalmente paisajes y animalillos. Las personas no se me dan bien. Pero hoy ha sido la excepción. Me ha parecido que estaba robando tu intimidad y por eso hemos venido.
- ¿Me lo enseñas? - preguntó tendiendo la mano hacia el cuaderno.
Laura se lo entregó, abierto por la hoja donde estaba su dibujo. Una chispa apareció en los ojos de David. Los ojos azules iban del cuaderno a Laura. Finalmente se lo devolvió.
- Por supuesto que no me importa. Es precioso. Creo que es lo más bonito en lo que he participado en mucho tiempo. -dijo, haciendo que Laura se sonrojara. ¡Cómo me alegra ver que a mi edad soy capaz de sonrojar a una mujer joven y guapa! - se le escapó una carcajada sincera.
Nacho le acompañó en la carcajada, mientras Laura no sabía a dónde mirar ni qué hacer con las manos.
- No te preocupes - la consoló poniéndole la mano sobre el hombro. Las personas mayores hemos perdido la vergüenza y tenemos libertad para decir inconveniencias sin pudor. Realmente es precioso. Me ha encantado.
- Se lo regalo -dijo Laura espontáneamente.
Nacho la miró sorprendido. Laura era muy suya con sus dibujos. Sólo los enseñaba a los íntimos y nunca los regalaba.
- No puedo aceptarlo -respondió David, interpretando la mirada de Nacho. ¡Quédatelo!
- En serio, te lo regalo. Quizás se lo mejor que he dibujado nunca, y probablemente no lo repita, pero siento que no me pertenece. No estaría cómoda con él.
Finalmente, David lo cogió cuidadosamente.
- Gracias. Lo guardaré con cariño.
- De nada.
- En fin -interrumpió Nacho. Creo que es hora de subir a darnos un baño y prepararnos para cenar.
- ¿Dónde vas a cenar, David? - preguntó Laura.
- Bajaré al pueblo antes de que cierre el bar y tomaré algo.
Laura y Nacho se miraron. No necesitaron mucho más.
- ¡No podemos permitirlo! ¡Es Nochebuena! Cena con nosotros. Vamos a estar los tres solos en la casa y seguro que Luis ha preparado comida de sobra.
- Pero querréis estar solos...
- No necesariamente -respondió Nacho. Podemos decir que hemos venido huyendo de los conocidos y buscando tranquilidad. Pero no significa que no queramos compartir la cena contigo.
- Después de robarte un trozo de alma, es lo menos que podemos hacer por ti. -dijo Laura.
- Creo que no dejáis opción. -contestó resignado, aunque su expresión denotaba cierta alegría. ¿A qué hora?
- A las diez está bien - respondió Laura.
- Claro que yo estaré a las nueve y media, mientras Laura termina de arreglarse -comentó esquivando el codazo de Laura.
- ¿No tendré que vestir de etiqueta? - preguntó asustado David. No vengo preparado para fiestas.
- No es necesario. Nosotros nos arreglaremos un poco, pero por tradición.
- Entonces será mejor que suba a prepararme. Nos vemos luego.
Como había anticipado Nacho, mientras Laura terminaba de prepararse para la cena, él bajó al comedor de la casa. Luis había dejado una mesa preparada. Fue a la barra a servirse una cerveza y a continuación, preparó un sitio más en la cena. Estaba en ello cuando David apareció por la puerta. Vestía pantalón negro y camisa blanca, esta vez sin pañuelo ni chaqueta. Todo perfectamente planchado. Nacho se miró y confirmó que el no iba ni la mitad de elegante.
- ¿Qué tal? - preguntó Nacho.
- Bien. Supongo que Laura está terminando de arreglarse.
- Correcto. Con un poco de suerte, no tendremos que esperar más de un par de horas. -dijo con ironía.
- Entonces habrá que hacer más amena la espera. ¿Qué bebes?
- Cerveza. ¿Quieres una?
- De acuerdo.
- Mientras te la pongo, echa un vistazo a los vinos. Me ha dicho Luis que bebamos el que queramos, pero que nos recomienda los de la primera balda.
- Voy a ver.
Cuando Laura entró en el comedor, Nacho y David conversaban amenamente. Al verla, los dos se pusieron en pie y la invitaron a sentarse. Vestía un sencillo vestido negro, que se ajustaba perfectamente a su figura. Un collar de perlas y unos pendientes a juego eran sus únicos adornos. El pelo, estaba recogido en un moño alto.
- Buenas noches. -saludo David. Veo que ha merecido la pena esperar. Nacho es un hombre afortunado.
- Gracias. -replicaron los dos casi a la vez.
- Siéntate, por favor. Estábamos charlando un poco.
La noche transcurrió de manera amena. Tres historias tristes se entrelazaron durante la velada.
Nacho era ingeniero. Huérfano desde corta edad, estuvo viviendo con unos tíos lejanos hasta que consiguió independizarse trabajando de camarero en un bar. A base de trabajo, becas y esfuerzo logró sacarse la carrera. Cuando empezó a trabajar, conoció a Laura y unos meses después salían juntos.
Laura era informática. Estuvo viviendo con sus padres hasta que decidió irse a vivir con Nacho. Les costó bastante el cambio, ya que no andaban sobrados de dinero y contaban con poca ayuda familiar. Por la parte de Nacho, había poca familia, y por la de Laura, no estaban de acuerdo con que se fueran a vivir juntos y no les ayudaron.
Aprendieron a sobrevivir con poco dinero y con problemas para llegar a fin de mes, pero al final, salieron para adelante. Se casaron en la intimidad, rodeados de amigos y parecía que la vida les sonreía hasta que este mismo año, murió el padre de Laura. Estaban esperando un hijo, pero lo perdieron. Tuvo una fuerte pelea con su madre a raíz de la muerte de su padre. Su madre le recriminó que les hubiera abandonado y que se desentendiera de su familia. El disgusto, probablemente, provocó el aborto.
Esto hizo que decidieran evadirse de su mundo unos días y se decidieron por la casa de Luis, que conocían de vacaciones anteriores. Habían llegado a entablar una cierta amistad con él, y les permitía ciertas libertades, como la de pasar la Nochebuena allí, solos.
Cuando llegó el turno de David, éste dudó. Su vida había sido radicalmente distinta en algunos aspectos y muy parecida en otros. Él era un hombre de negocios de éxito. Heredó todos los negocios familiares y su astucia e inteligencia hicieron el resto. No tenía estudios universitarios, pero había vivido el negocio desde joven y sabía lo que tenía que hacer. Sus negocios tuvieron enorme éxito. Lamentablemente, en su vida personal, el fracaso era total. Casado con una mujer, a la que no reconocía tras los primeros años de matrimonio, y con tres hijos que no le tenían ningún afecto. Su madre les había criado impersonales y fríos. Sólo les interesaba el lujo y la buena vida, cosas que habían aprendido de la madre. Llegaron al extremo de tratarse sólamente por medio de abogados. Los desencuentros habían llegado a tal extremo que David decidió dejar los negocios y ceder el control a la propia empresa, manteniendo él el control de las cuentas y dejando a la mujer y los hijos sin poder ni control. Éstos no lo dudaron y habían entablado acciones legales contra él. Ahora mismo estaban inmersos en un juicio sucio y descarnado, que no iba a terminar bien para ninguno. Dada la situación, David decidió irse a un lugar remoto, y le recomendaron la casa de Luis.
- Pero eso no importa ahora -dijo David. Estamos aquí disfrutando de una maravillosa velada. Prefiero estar con vosotros que con otras personas. Hoy os he conocido y vuestra manera de actuar me ha gustado. Hacía mucho tiempo que nadie me trataba de esa manera y me regalaba algo sin pedir nada a cambio.
- No hemos hecho nada. Sólo te hemos ofrecido algo de compañía.
- Pensaba que no quería compañía, pero me había equivocado. Lo que necesitaba era la compañía correcta.
- Bueno -dijo Laura. Vamos a recoger esto un poco.
- Eso, así podemos bailar y tomarnos una copita -comentó Nacho.
- Manos a la obra.
Una vez recogidas las cosas, se pasaron al salón donde avivaron el fuego, pusieron algo de música y Laura fue turnándose para bailar con ambos. Al final, se dejaron caer en el sofá y comentaron la velada un rato. Finalmente, decidieron irse a dormir, ya que había sido un día intenso.
- Ha sido un verdadero placer -dijo David. No esperaba esto. Me lo he pasado realmente bien. Os estoy muy agradecido.
Se despidieron con un beso y cada uno se fue a su cuarto. Cuando Nacho y Laura estaban ya en la cama, compartieron opiniones.
- Una persona curiosa - dijo Nacho.
- Yo diría encantador. No creo haber conocido a nadie así nunca. Ha sido una verdadera suerte. Nosotros nos quejamos de que no tenemos dinero pero, en el fondo, somos felices con lo que tenemos. Hemos comprobado que el dinero no lo es todo, y que no siempre lleva aparejada la felicidad.
- Cierto -afirmó Nacho en tono somnoliento.
- Creo que es hora de dormir. Ha sido un día intenso. - Laura le dio un beso a Nacho y se quedaron dormidos.
Al día siguiente bajaron a desayunar esperando encontrar a David. Pero el que estaba era Luis.
- Buenos días, pareja. No busquéis a David. Se levanto temprano y se marcho. - al ver la cara de decepción de ambos, añadió: Pero ha dejado esto para vosotros.
Les tendió un sobre cerrado, con el nombre de ambos escrito a mano en el frontal.
Queridos amigos:
Permitidme que os llame amigos, a pesar de conoceros sólo de unas horas.
Me hubiera encantado despedirme de vosotros como es debido, pero he pensado que era mejor de esta manera.
Parafraseando a Dickens, soy el fantasma de las Navidades futuras. En el sobre encontraréis dos cosas.
Una es mi tarjeta personal con mi número privado y mi dirección. No dudéis en contactar conmigo y en venir a visitarme cuando nazca vuestro hijo. No os sorprendáis. Estoy seguro de que en algún momento no muy lejano seréis padres. Es necesaria gente como vosotros en esta vida.
La otra es mi regalo de Navidad. Consideradlo una compensación por el dibujo y por la velada de ayer. Es la única manera que sé de hacer las cosas y espero que, esta vez, tenga un final feliz.
FELIZ NAVIDAD.
Laura y Nacho se miraron sorprendidos. Miraron dentro del sobre, y efectivamente había una tarjeta y otro sobre más pequeño. Al abrirlo, encontraron un cheque por dos millones de euros.
Laura y Nacho habían salido a media mañana para caminar. Cada uno llevaba su mochila con sus trastos. Nacho con su cámara colgada al cuello iba fotografiando todo lo que le llamaba la atención. Disparaba continuamente; luego ya descartaría las fotos que no sirvieran. Laura, por su parte, llevaba su cuaderno en la mochila. Le gustaba dibujar. Era su afición. Cuando salían juntos a caminar, buscaban un lugar apropiado y ella se sentaba, sacaba su cuaderno y sus lápices y se ponía a plasmar momentos en el papel. Mientras, Nacho iba de un lado a otro buscando paisajes, fotogramas o animales que fotografiar. Aquel día no fue una excepción. El día era frío, pero con sol y aprovecharon un recodo a orillas de un pequeño arroyo para acomodarse sobre unas rocas y comer. Después, cada uno con su afición.
Sobre las cinco de la tarde decidieron regresar. El sol comenzaba a bajar y a estas alturas del año, ya no calentaba. Además, les gustaba regresar en ese momento para poder contemplar el atardecer. Los colores anaranjados del sol terminando su ciclo diario eran un espectáculo digno de observar una y otra vez. Cuando estaban llegando al pueblo, una enorme bola naranja estaba ocultándose contra la silueta de las montañas lejanas y las nubes que había en el cielo eran de color violeta y morado. Hicieron una pausa en la última curva del camino y admiraron como el sol terminaba de desaparecer. Estaban cogidos de la mano. Nacho llevaba la cámara al cuello, pero desistió de intentar hacer alguna foto. Nunca había sido capaz de mostrar la intensidad del momento en una foto. Finalmente, se dirigieron hacia la casa.
Al entrar, Luis asomó la cabeza por la puerta del pequeño cuarto adyacente a la recepción. Tendría unos cincuenta años, mirada amable, vestido con pantalones de pana y un jersey bastante trillado.
- ¿Qué tal la caminata? - preguntó.
- Bien.- respondió Nacho. El tiempo perfecto. Nos hemos acercado al arroyo y hemos estado siguiendo su curso. Luego hemos encontrado un par de rocas sugerentes y nos hemos sentado a pasar la tarde.
- Poca agua llevaría en esta época. ¿Os apetece un chocolatito caliente? He encendido la chimenea en el salón, así que os lo puedo llevar allí.
Luego bajando el tono de voz y acercándose a ellos susurró:
- Tenemos otro visitante. Apareció a mediodía. Un señor mayor, callado. Está sentado leyendo, así que le he encendido la chimenea. Pensaba que Navidad no iba a venir nadie, y no hacéis más que llenarme la casa - concluyó en tono de broma.
Nacho y Laura se miraron. No necesitaron comentar nada.
- No nos importa. Sabes que nosotros molestamos lo mínimo posible - respondió Laura. Respecto al chocolate, la verdad es que no nos vendría mal. Como me suba a la habitación, voy a caer rendida en la cama.
- Pues entonces, pasad y ahora os llevo el chocolate.
Laura y Nacho se encaminaron al salón. Al entrar, el calor y el olor a leña quemada se acentuaron. La sala era muy amplia, con ventanales en tres de los cuatro lados. En la chimenea, situada en el centro de la habitación, a la derecha de la puerta, ardía un fuego acogedor. El visitante se encontraba sentado en un sillón de orejas al lado de uno de los ventanales. Sostenía un libro en las mano, y lo leía a través de unas pequeñas gafas que le caían por el puente de la nariz. Tenía un porte solemne. Pelo abundante y canoso, piel tostada por el sol; ojos azules, acuosos y profundos. La pierna derecha cruzada sobre la izquierda. Zapatos lustrados, pantalones verdes, camisa blanca abierta con un pañuelo de seda protegiendo el cuello, chaqueta sport verde. Para Laura la imagen era cautivadora. También Nacho se quedó mirando al visitante. Un cuadro perfecto.
Al darse cuenta de su llegada, cerró levemente el libro, giró la cabeza hacia la puerta y los miró por encima de las gafas de leer. Inmediatamente, con un gesto sencillo y habitual, se quitó las gafas, dejó el libro sobre una mesa cercana y se levantó a saludar. Se dirigió con paso ágil hacia ellos y les tendió la mano.
- David de Soto, para servirles.- estrechó levemente la mano de Laura, e inmediatamente la de Nacho.
- Yo soy Laura y el es mi marido, Nacho.
- Encantado. -respondió David. Espero no molestar. Necesitaba alejarme del mundo y me recomendaron esta casa. No sabía que había otras personas. - lo dijo casi disculpándose por estar allí.
- No se preocupe. -respondió Laura. Ya hemos estado aquí muchas veces, y siempre hay alguien. El sitio es precioso y la casa muy tranquila. Luis nos trata siempre bien. Por eso repetimos. Aunque es nuestra primera Navidad aquí. Siempre venimos en primavera o verano. Pero este año necesitábamos un lugar así. -una leve nota de tristeza se coló al final de la frase.
- Siéntense por favor.
- Claro. -respondió Nacho. Pero no nos llame de usted, que es demasiado formal.
- Como queráis entonces, pero a cambio, debéis tutearme también. Si no, me siento más viejo de lo que soy. - la sonrisa siempre estaba en sus labios.
- Los que no queremos molestar somos nosotros. - dijo Laura. Parecía que estabas muy concentrado en la lectura. Sigue leyendo, por favor.
- Claro, así os dejo a vosotros tranquilos también.
- ¿Qué estás leyendo? -preguntó Nacho, siempre curioso.
- Sherish. Un libro nuevo de un escritor poco conocido. Interesante. Me gusta leer cosas poco conocidas. De momento, me gusta.
- No lo conocemos. Te dejamos continuar con tu lectura.
Dicho esto, se sentaron en el sofá que estaba en el lado opuesto al sillón donde leía David. Al instante, como si estuviera esperando a que terminaran de hablar, Luis entró con una bandeja. Tres humeantes tazas acompañaban a dos platos, donde descansaba un esponjoso bizcocho.
- Aquí tenéis. Me he permitido la licencia de traer un poco de mi bizcocho para acompañar. Y también le he traído uno a usted, David. - dijo depositando una taza y un plato en la mesa al lado del sillón.
- Muy amable. Buen provecho. -dijo, levantando la copa en dirección a Laura y Nacho.
Nacho sacó su cámara y se puso a revisar las fotos del día. Al final, se levantó y fue a la habitación para bajar el portátil y poder trabajar mejor.
Mientras Laura sacó su cuaderno de dibujo y repasó los bocetos del día. Una y otra vez su mirada se dirigía al sillón donde estaba David leyendo. Le cautivaba la estampa. Al fondo, la sierra de Guadalupe se intuía ya que la luz del día iba desapareciendo. En el cristal, el reflejo de David, sereno y concentrado. De fondo, silencio y el chisporrotear del fuego, hipnótico. Sin poder contenerse, sacó un lápiz y se puso a dibujar a David. Normalmente, pintaba paisajes y escenas, pero pocas veces personas. No se le daba bien. Esa tarde, sin embargo, los trazos salían solos.
Cuando Nacho volvió con el portátil encendido en las manos, vio a Laura con el ceño fruncido y la punta de la lengua asomando por la comisura de los labios, dibujando sobre el cuaderno. Echó de menos su cámara para poder inmortalizar el momento. Lo que más le gustaba eran las fotos "robadas", es decir, las hechas sin que las personas sepan que se las hacen y posen. ¡Una lástima que estuviera sobre la mesa!
Se sentó suavemente a su lado para no molestar y miró por encima del hombro. Enarcó las cejas; el dibujo era muy bueno. De los mejores que había visto hacer a Laura. Por ello, la dejó seguir y se dedicó a pasar las fotos al ordenador para seleccionar las buenas y eliminar el resto. Era su tarea rutinaria tras sus salidas al campo.
Un rato después, Luis entró de nuevo en el salón a comprobar la chimenea. Echó un par de troncos al fuego y se volvió hacia el sofá. Laura estaba dormida con el cuaderno caído sobre las piernas. Nacho estaba concentrado en el portátil.
- Nacho. -le llamó suavemente. ¿Sobre qué hora vais a cenar? Yo os lo dejo preparado, y me voy a pasar la Nochebuena con la familia. Os quedáis solos, pero no os prepocupéis que lo dejo todo listo. La mesa puesta, la cámara frigorífica con bebida y la comida lista para que os la toméis. Si queréis calentar algo, vais a la cocina.
- Sin problema. Luego te confirmo la hora.
Cuando Luis se marchó, Nacho despertó suavemente a Laura.
- ¿A qué hora quieres cenar? Me lo ha preguntado Luis, que se quiere marchar con la familia.
- Sobre las diez estará bien, pero que no se preocupe, que ya nos apañamos solos.
Al levantarse, el cuaderno cayó al suelo. El dibujo de David estaba terminado.
- ¡Es fantástico! -exclamó Nacho. Tiene un aire solemne y melancólico a la vez.
- No sé cómo lo he hecho. Me vino la inspiración y lo plasmé. - dirigió su mirada a David. Espero que no le moleste que le haya pintado. Me da un poco de reparo. Es como si le hubiera robado un pedacito de alma.
- No creo que le importe. - respondió Nacho. Claro que también se lo puedes preguntar.
- No sé, me da vergüenza.
- Tiene pinta de buena persona, no tengas miedo.
- Vale, pero vente conmigo.
Se dirigieron los dos hacia donde estaba David leyendo.
- Perdona que te molestemos -dijo Laura.
- No os preocupéis -respondió David.
- Espero que no te importe, pero cuando estabas leyendo, no he podido evitar esbozarte en mi cuaderno. - Ante la mirada de sorpresa de David, Laura explicó: Es mi afición. Me gusta pintar a lápiz lo que veo. Son dibujos en blanco y negro; fundamentalmente paisajes y animalillos. Las personas no se me dan bien. Pero hoy ha sido la excepción. Me ha parecido que estaba robando tu intimidad y por eso hemos venido.
- ¿Me lo enseñas? - preguntó tendiendo la mano hacia el cuaderno.
Laura se lo entregó, abierto por la hoja donde estaba su dibujo. Una chispa apareció en los ojos de David. Los ojos azules iban del cuaderno a Laura. Finalmente se lo devolvió.
- Por supuesto que no me importa. Es precioso. Creo que es lo más bonito en lo que he participado en mucho tiempo. -dijo, haciendo que Laura se sonrojara. ¡Cómo me alegra ver que a mi edad soy capaz de sonrojar a una mujer joven y guapa! - se le escapó una carcajada sincera.
Nacho le acompañó en la carcajada, mientras Laura no sabía a dónde mirar ni qué hacer con las manos.
- No te preocupes - la consoló poniéndole la mano sobre el hombro. Las personas mayores hemos perdido la vergüenza y tenemos libertad para decir inconveniencias sin pudor. Realmente es precioso. Me ha encantado.
- Se lo regalo -dijo Laura espontáneamente.
Nacho la miró sorprendido. Laura era muy suya con sus dibujos. Sólo los enseñaba a los íntimos y nunca los regalaba.
- No puedo aceptarlo -respondió David, interpretando la mirada de Nacho. ¡Quédatelo!
- En serio, te lo regalo. Quizás se lo mejor que he dibujado nunca, y probablemente no lo repita, pero siento que no me pertenece. No estaría cómoda con él.
Finalmente, David lo cogió cuidadosamente.
- Gracias. Lo guardaré con cariño.
- De nada.
- En fin -interrumpió Nacho. Creo que es hora de subir a darnos un baño y prepararnos para cenar.
- ¿Dónde vas a cenar, David? - preguntó Laura.
- Bajaré al pueblo antes de que cierre el bar y tomaré algo.
Laura y Nacho se miraron. No necesitaron mucho más.
- ¡No podemos permitirlo! ¡Es Nochebuena! Cena con nosotros. Vamos a estar los tres solos en la casa y seguro que Luis ha preparado comida de sobra.
- Pero querréis estar solos...
- No necesariamente -respondió Nacho. Podemos decir que hemos venido huyendo de los conocidos y buscando tranquilidad. Pero no significa que no queramos compartir la cena contigo.
- Después de robarte un trozo de alma, es lo menos que podemos hacer por ti. -dijo Laura.
- Creo que no dejáis opción. -contestó resignado, aunque su expresión denotaba cierta alegría. ¿A qué hora?
- A las diez está bien - respondió Laura.
- Claro que yo estaré a las nueve y media, mientras Laura termina de arreglarse -comentó esquivando el codazo de Laura.
- ¿No tendré que vestir de etiqueta? - preguntó asustado David. No vengo preparado para fiestas.
- No es necesario. Nosotros nos arreglaremos un poco, pero por tradición.
- Entonces será mejor que suba a prepararme. Nos vemos luego.
Como había anticipado Nacho, mientras Laura terminaba de prepararse para la cena, él bajó al comedor de la casa. Luis había dejado una mesa preparada. Fue a la barra a servirse una cerveza y a continuación, preparó un sitio más en la cena. Estaba en ello cuando David apareció por la puerta. Vestía pantalón negro y camisa blanca, esta vez sin pañuelo ni chaqueta. Todo perfectamente planchado. Nacho se miró y confirmó que el no iba ni la mitad de elegante.
- ¿Qué tal? - preguntó Nacho.
- Bien. Supongo que Laura está terminando de arreglarse.
- Correcto. Con un poco de suerte, no tendremos que esperar más de un par de horas. -dijo con ironía.
- Entonces habrá que hacer más amena la espera. ¿Qué bebes?
- Cerveza. ¿Quieres una?
- De acuerdo.
- Mientras te la pongo, echa un vistazo a los vinos. Me ha dicho Luis que bebamos el que queramos, pero que nos recomienda los de la primera balda.
- Voy a ver.
Cuando Laura entró en el comedor, Nacho y David conversaban amenamente. Al verla, los dos se pusieron en pie y la invitaron a sentarse. Vestía un sencillo vestido negro, que se ajustaba perfectamente a su figura. Un collar de perlas y unos pendientes a juego eran sus únicos adornos. El pelo, estaba recogido en un moño alto.
- Buenas noches. -saludo David. Veo que ha merecido la pena esperar. Nacho es un hombre afortunado.
- Gracias. -replicaron los dos casi a la vez.
- Siéntate, por favor. Estábamos charlando un poco.
La noche transcurrió de manera amena. Tres historias tristes se entrelazaron durante la velada.
Nacho era ingeniero. Huérfano desde corta edad, estuvo viviendo con unos tíos lejanos hasta que consiguió independizarse trabajando de camarero en un bar. A base de trabajo, becas y esfuerzo logró sacarse la carrera. Cuando empezó a trabajar, conoció a Laura y unos meses después salían juntos.
Laura era informática. Estuvo viviendo con sus padres hasta que decidió irse a vivir con Nacho. Les costó bastante el cambio, ya que no andaban sobrados de dinero y contaban con poca ayuda familiar. Por la parte de Nacho, había poca familia, y por la de Laura, no estaban de acuerdo con que se fueran a vivir juntos y no les ayudaron.
Aprendieron a sobrevivir con poco dinero y con problemas para llegar a fin de mes, pero al final, salieron para adelante. Se casaron en la intimidad, rodeados de amigos y parecía que la vida les sonreía hasta que este mismo año, murió el padre de Laura. Estaban esperando un hijo, pero lo perdieron. Tuvo una fuerte pelea con su madre a raíz de la muerte de su padre. Su madre le recriminó que les hubiera abandonado y que se desentendiera de su familia. El disgusto, probablemente, provocó el aborto.
Esto hizo que decidieran evadirse de su mundo unos días y se decidieron por la casa de Luis, que conocían de vacaciones anteriores. Habían llegado a entablar una cierta amistad con él, y les permitía ciertas libertades, como la de pasar la Nochebuena allí, solos.
Cuando llegó el turno de David, éste dudó. Su vida había sido radicalmente distinta en algunos aspectos y muy parecida en otros. Él era un hombre de negocios de éxito. Heredó todos los negocios familiares y su astucia e inteligencia hicieron el resto. No tenía estudios universitarios, pero había vivido el negocio desde joven y sabía lo que tenía que hacer. Sus negocios tuvieron enorme éxito. Lamentablemente, en su vida personal, el fracaso era total. Casado con una mujer, a la que no reconocía tras los primeros años de matrimonio, y con tres hijos que no le tenían ningún afecto. Su madre les había criado impersonales y fríos. Sólo les interesaba el lujo y la buena vida, cosas que habían aprendido de la madre. Llegaron al extremo de tratarse sólamente por medio de abogados. Los desencuentros habían llegado a tal extremo que David decidió dejar los negocios y ceder el control a la propia empresa, manteniendo él el control de las cuentas y dejando a la mujer y los hijos sin poder ni control. Éstos no lo dudaron y habían entablado acciones legales contra él. Ahora mismo estaban inmersos en un juicio sucio y descarnado, que no iba a terminar bien para ninguno. Dada la situación, David decidió irse a un lugar remoto, y le recomendaron la casa de Luis.
- Pero eso no importa ahora -dijo David. Estamos aquí disfrutando de una maravillosa velada. Prefiero estar con vosotros que con otras personas. Hoy os he conocido y vuestra manera de actuar me ha gustado. Hacía mucho tiempo que nadie me trataba de esa manera y me regalaba algo sin pedir nada a cambio.
- No hemos hecho nada. Sólo te hemos ofrecido algo de compañía.
- Pensaba que no quería compañía, pero me había equivocado. Lo que necesitaba era la compañía correcta.
- Bueno -dijo Laura. Vamos a recoger esto un poco.
- Eso, así podemos bailar y tomarnos una copita -comentó Nacho.
- Manos a la obra.
Una vez recogidas las cosas, se pasaron al salón donde avivaron el fuego, pusieron algo de música y Laura fue turnándose para bailar con ambos. Al final, se dejaron caer en el sofá y comentaron la velada un rato. Finalmente, decidieron irse a dormir, ya que había sido un día intenso.
- Ha sido un verdadero placer -dijo David. No esperaba esto. Me lo he pasado realmente bien. Os estoy muy agradecido.
Se despidieron con un beso y cada uno se fue a su cuarto. Cuando Nacho y Laura estaban ya en la cama, compartieron opiniones.
- Una persona curiosa - dijo Nacho.
- Yo diría encantador. No creo haber conocido a nadie así nunca. Ha sido una verdadera suerte. Nosotros nos quejamos de que no tenemos dinero pero, en el fondo, somos felices con lo que tenemos. Hemos comprobado que el dinero no lo es todo, y que no siempre lleva aparejada la felicidad.
- Cierto -afirmó Nacho en tono somnoliento.
- Creo que es hora de dormir. Ha sido un día intenso. - Laura le dio un beso a Nacho y se quedaron dormidos.
Al día siguiente bajaron a desayunar esperando encontrar a David. Pero el que estaba era Luis.
- Buenos días, pareja. No busquéis a David. Se levanto temprano y se marcho. - al ver la cara de decepción de ambos, añadió: Pero ha dejado esto para vosotros.
Les tendió un sobre cerrado, con el nombre de ambos escrito a mano en el frontal.
Queridos amigos:
Permitidme que os llame amigos, a pesar de conoceros sólo de unas horas.
Me hubiera encantado despedirme de vosotros como es debido, pero he pensado que era mejor de esta manera.
Parafraseando a Dickens, soy el fantasma de las Navidades futuras. En el sobre encontraréis dos cosas.
Una es mi tarjeta personal con mi número privado y mi dirección. No dudéis en contactar conmigo y en venir a visitarme cuando nazca vuestro hijo. No os sorprendáis. Estoy seguro de que en algún momento no muy lejano seréis padres. Es necesaria gente como vosotros en esta vida.
La otra es mi regalo de Navidad. Consideradlo una compensación por el dibujo y por la velada de ayer. Es la única manera que sé de hacer las cosas y espero que, esta vez, tenga un final feliz.
FELIZ NAVIDAD.
Laura y Nacho se miraron sorprendidos. Miraron dentro del sobre, y efectivamente había una tarjeta y otro sobre más pequeño. Al abrirlo, encontraron un cheque por dos millones de euros.
jueves, 6 de octubre de 2011
40 años, 40 momentos, 40 lugares.
Desde aquí una especial felicitación a mi compañera de viaje.
Recordemos 40 grandes momentos que hemos compartido. Sólo enumeraré 39, el otro demasiado íntimo y debe quedar entre los dos. No todos son buenos, pero la vida no siempre es justa.
1.- Allá por el año 90. Primer encuentro. Especial y sorprendente. El Destino a veces juega con nosotros, pero nosotros también participamos en este Juego de la Vida. Lugar: El Papaya.
2.- Meses después, otro año. Visita relámpago. Un beso, o varios. Una mala broma mi parte sin graves consecuencias. Lugar: Madrid (muchos lugares).
3.- Mismo año. Cobarde huida frustrada. Tonterías de la juventud. Lugar: El Balconcillo.
4.- Verano. Un plan elaborado al detalle y ejecutado a la perfección. El inicio de todo. Lugar: Marqués 28.
5.- Ciertamente estamos enamorados. Lugar: Almuñécar. Curiosidad (nos separaban unos 300 kms).
6.- Comienzo de nuestra relación a distancia. Lugar(es): Linares - Madrid.
7.- Se acortan las distancias. Ella viene a Madrid. Todo es más fácil ahora. Lugar: Lucero.
8.- Primera Carrera y primera promesa frustrada. ¡Qué malo es el tabaco!. Lugar: Madrid.
9.- Segunda Carrera y segunda promesa frustrada. Hace falta un aliciente mayor. Lugar: Madrid.
10.- Primeras vacaciones juntos. Conflicto familiar y alergia galopante. Lugar: San Juan.
11.- Primeros ahorros compartidos. Una buena inversión. Lugar: La Caixa.
12.- Nos convertimos en Padrinos. Lugar: Madrid.
13.- Petición de mano. Inolvidable. Lugar: La playa.
14.- Primer piso común. De alquiler, por supuesto. Incertidumbre hasta el último momento. La Suerte se cruza en nuestro camino. Lugar: Illescas.
15.- La Gran Ceremonia. Nervios, emoción, promesas. Lugar: Ermita Nuestra Señora de Linarejos.
16.- Cruzamos el Atlántico. Playas y relax. Descanso merecido. Lugar: Santo Domingo.
17.- Recogemos al Saco Pulgoso (saquito en ese momento). Uno de los mejores regalos de boda. Lugar: Granada.
18.- Fin de semana relámpago en la playa. Se nos despierta el instinto paternal. Lugar: ElCullera.
19.- Primer coche propio y nuevo. Todavía dura el campeón. Lugar: Majadahonda.
20.- Nacimiento del Primogénito. Sufrido y eterno. Lugar: Nuestra Señora del Rosario.
21.- La Suerte nos golpea fuerte. cinco y el complementario. Al principio, sólo cinco. Nervios, histeria, alegría. Lugar(es): Madrid - Sevilla.
22.- Segundo (y último nacimiento). Ya tenemos la parejita. Lugar: Nuevo Parque.
23.- Primer piso en propiedad. Mucho mejor por dentro que por fuera. Lugar: Carabanchel.
24.- Internet llega a casa. Algo incomprensible ahora, pero no tan fácil en aquella época. Lugar: Madrid.
25.- Crisis de los siete años de casados. No llegó la sangre al río, pero fueron momentos difíciles. Lugar: Madrid.
26.- Primer viaje sin niños. A pesar del instinto maternal, buenos momentos para deconectar. Lugar: La Rioja.
27.- Primeras vacaciones en familia. Demasiado estrés. Lugar:Mojácar.
28.- Burbuja inmobiliaria aprovechada. Cambiamos piso por chalé. Otro mundo. Lugar: Quijorna.
29.- La Parca nos visita de cerca. Adiós Miguel. Lugar: Linares.
30.- Viaje a las Islas Afortunadas. Uno de nuestros mejores viajes. Lugar: Gran Canaria.
31.- Un final esperado y lento. Adiós Manuela. Lugar: Linares
32.- Jerez, tierra de vinos. Hermoso sitio. Lugar: Jerez.
33.- Quedada con amigos desconocidos. Sensación rara, buenos momentos. Lugar: El culo del mundo.
34.- Primera Navidad en Sevilla. Un cambio interesante y necesario. Lugar: Sevilla.
35.- Pequeño pellizco. Reformas y coche nuevo. Lugar: Quijorna.
36.- Campeones del mundo. Rodeados de extraños. Lugar: Matalascañas.
37.- Descubrimos el Pádel. No sabíamos dónde nos estábamos metiendo. Lugar: El Poli.
38.- La Muerte ataca de nuevo. Gran dolor. Lugar: Rodríguez San Pedro.
39.- Asturias. Un gran descubrimiento. Otro tipo de vacaciones. Grandes momentos y grandes paisajes. Lugar: Asturies.
Recordemos 40 grandes momentos que hemos compartido. Sólo enumeraré 39, el otro demasiado íntimo y debe quedar entre los dos. No todos son buenos, pero la vida no siempre es justa.
1.- Allá por el año 90. Primer encuentro. Especial y sorprendente. El Destino a veces juega con nosotros, pero nosotros también participamos en este Juego de la Vida. Lugar: El Papaya.
2.- Meses después, otro año. Visita relámpago. Un beso, o varios. Una mala broma mi parte sin graves consecuencias. Lugar: Madrid (muchos lugares).
3.- Mismo año. Cobarde huida frustrada. Tonterías de la juventud. Lugar: El Balconcillo.
4.- Verano. Un plan elaborado al detalle y ejecutado a la perfección. El inicio de todo. Lugar: Marqués 28.
5.- Ciertamente estamos enamorados. Lugar: Almuñécar. Curiosidad (nos separaban unos 300 kms).
6.- Comienzo de nuestra relación a distancia. Lugar(es): Linares - Madrid.
7.- Se acortan las distancias. Ella viene a Madrid. Todo es más fácil ahora. Lugar: Lucero.
8.- Primera Carrera y primera promesa frustrada. ¡Qué malo es el tabaco!. Lugar: Madrid.
9.- Segunda Carrera y segunda promesa frustrada. Hace falta un aliciente mayor. Lugar: Madrid.
10.- Primeras vacaciones juntos. Conflicto familiar y alergia galopante. Lugar: San Juan.
11.- Primeros ahorros compartidos. Una buena inversión. Lugar: La Caixa.
12.- Nos convertimos en Padrinos. Lugar: Madrid.
13.- Petición de mano. Inolvidable. Lugar: La playa.
14.- Primer piso común. De alquiler, por supuesto. Incertidumbre hasta el último momento. La Suerte se cruza en nuestro camino. Lugar: Illescas.
15.- La Gran Ceremonia. Nervios, emoción, promesas. Lugar: Ermita Nuestra Señora de Linarejos.
16.- Cruzamos el Atlántico. Playas y relax. Descanso merecido. Lugar: Santo Domingo.
17.- Recogemos al Saco Pulgoso (saquito en ese momento). Uno de los mejores regalos de boda. Lugar: Granada.
18.- Fin de semana relámpago en la playa. Se nos despierta el instinto paternal. Lugar: ElCullera.
19.- Primer coche propio y nuevo. Todavía dura el campeón. Lugar: Majadahonda.
20.- Nacimiento del Primogénito. Sufrido y eterno. Lugar: Nuestra Señora del Rosario.
21.- La Suerte nos golpea fuerte. cinco y el complementario. Al principio, sólo cinco. Nervios, histeria, alegría. Lugar(es): Madrid - Sevilla.
22.- Segundo (y último nacimiento). Ya tenemos la parejita. Lugar: Nuevo Parque.
23.- Primer piso en propiedad. Mucho mejor por dentro que por fuera. Lugar: Carabanchel.
24.- Internet llega a casa. Algo incomprensible ahora, pero no tan fácil en aquella época. Lugar: Madrid.
25.- Crisis de los siete años de casados. No llegó la sangre al río, pero fueron momentos difíciles. Lugar: Madrid.
26.- Primer viaje sin niños. A pesar del instinto maternal, buenos momentos para deconectar. Lugar: La Rioja.
27.- Primeras vacaciones en familia. Demasiado estrés. Lugar:Mojácar.
28.- Burbuja inmobiliaria aprovechada. Cambiamos piso por chalé. Otro mundo. Lugar: Quijorna.
29.- La Parca nos visita de cerca. Adiós Miguel. Lugar: Linares.
30.- Viaje a las Islas Afortunadas. Uno de nuestros mejores viajes. Lugar: Gran Canaria.
31.- Un final esperado y lento. Adiós Manuela. Lugar: Linares
32.- Jerez, tierra de vinos. Hermoso sitio. Lugar: Jerez.
33.- Quedada con amigos desconocidos. Sensación rara, buenos momentos. Lugar: El culo del mundo.
34.- Primera Navidad en Sevilla. Un cambio interesante y necesario. Lugar: Sevilla.
35.- Pequeño pellizco. Reformas y coche nuevo. Lugar: Quijorna.
36.- Campeones del mundo. Rodeados de extraños. Lugar: Matalascañas.
37.- Descubrimos el Pádel. No sabíamos dónde nos estábamos metiendo. Lugar: El Poli.
38.- La Muerte ataca de nuevo. Gran dolor. Lugar: Rodríguez San Pedro.
39.- Asturias. Un gran descubrimiento. Otro tipo de vacaciones. Grandes momentos y grandes paisajes. Lugar: Asturies.
viernes, 31 de diciembre de 2010
Ahí te quedas 2010
El resumen de este año es raro. En general, el número de cosas buenas ha superado al de las cosas malas. El problema es que la magnitud de las malas ha sido mayor. Así que no sabría cómo valorar este año.
En el trabajo, este año ha sido como de tránsito. No he hecho cosas nuevas, han cambiado algunas cosas en el mismo, y estoy como atascado. Quiero hacer cosas nuevas que me motiven y me activen, pero para eso hay que cerrar el ciclo previo. Eso no es tan fácil como parece, pero es el objetivo inminente. Supongo que me costará unos meses y algo de suerte, pero espero conseguirlo. Lo que haré después es una incógnita. No pienso cambiar de empresa, pero sí de funciones y tareas.
En lo económico, más de lo mismo. He podido cambiar de coche y hacer algunas cosas pendientes, pero después de eso, seguimos más o menos a lo de siempre. Mi mujer está en el paro, pero como yo soy optimista y positivo, creo que es algo bueno. Dejó un trabajo que sólo le daba dolores de cabeza y le agriaba el carácter y anda buscando algo que le encaje. Esperemos que el 2011 le traiga un contrato de trabajo.
En lo personal, si no tenemos en cuenta la muerte de mi madre, creo que todo lo demás ha sido más positivo que negativo. Obviamente, lo primero empaña todo lo demás, pero no por eso hay que olvidarlo. Hemos hecho algunos amigos nuevos, hemos afianzado una amistad que no sabíamos si iba a salir bien o no, y hemos descartado un par de solicitudes de amistad de gente que nos tenía engañados. Estamos bien donde vivimos, compartiendo el tiempo con algunas (pocas) personas y con algún nuevo hobby que nos gusta.
La crisis no nos ha afectado demasiado. Nos hemos ido de vacaciones y hemos tenido nuestro momentos de dicersión.
Sé que no todo el mundo está bien. Tenemos amigos que no lo están pasando bien. Todo mi apoyo y cariño para ellos.
Cerremos este año y esperemos al siguiente. Los deseos son los mismos de siempre. Salud y que nos quedemos como estamos. Ojalá todo sea mejor. Si no es posible, que nos quedemos igual.
Vivid la vida y disfrutad de los pequeños momentos. Disfrutad del día a día y no perdáis el tiempo con malos rollos y enfados. Ignorad las malas compañías y fomentad la amistad verdadera. Esta puta vida nos reserva malos momentos en algunas esquinas y como no creo que podamos evitarlas, al menos disfrutad de verdad con los buenos.
Besos y abrazos.
En el trabajo, este año ha sido como de tránsito. No he hecho cosas nuevas, han cambiado algunas cosas en el mismo, y estoy como atascado. Quiero hacer cosas nuevas que me motiven y me activen, pero para eso hay que cerrar el ciclo previo. Eso no es tan fácil como parece, pero es el objetivo inminente. Supongo que me costará unos meses y algo de suerte, pero espero conseguirlo. Lo que haré después es una incógnita. No pienso cambiar de empresa, pero sí de funciones y tareas.
En lo económico, más de lo mismo. He podido cambiar de coche y hacer algunas cosas pendientes, pero después de eso, seguimos más o menos a lo de siempre. Mi mujer está en el paro, pero como yo soy optimista y positivo, creo que es algo bueno. Dejó un trabajo que sólo le daba dolores de cabeza y le agriaba el carácter y anda buscando algo que le encaje. Esperemos que el 2011 le traiga un contrato de trabajo.
En lo personal, si no tenemos en cuenta la muerte de mi madre, creo que todo lo demás ha sido más positivo que negativo. Obviamente, lo primero empaña todo lo demás, pero no por eso hay que olvidarlo. Hemos hecho algunos amigos nuevos, hemos afianzado una amistad que no sabíamos si iba a salir bien o no, y hemos descartado un par de solicitudes de amistad de gente que nos tenía engañados. Estamos bien donde vivimos, compartiendo el tiempo con algunas (pocas) personas y con algún nuevo hobby que nos gusta.
La crisis no nos ha afectado demasiado. Nos hemos ido de vacaciones y hemos tenido nuestro momentos de dicersión.
Sé que no todo el mundo está bien. Tenemos amigos que no lo están pasando bien. Todo mi apoyo y cariño para ellos.
Cerremos este año y esperemos al siguiente. Los deseos son los mismos de siempre. Salud y que nos quedemos como estamos. Ojalá todo sea mejor. Si no es posible, que nos quedemos igual.
Vivid la vida y disfrutad de los pequeños momentos. Disfrutad del día a día y no perdáis el tiempo con malos rollos y enfados. Ignorad las malas compañías y fomentad la amistad verdadera. Esta puta vida nos reserva malos momentos en algunas esquinas y como no creo que podamos evitarlas, al menos disfrutad de verdad con los buenos.
Besos y abrazos.
martes, 2 de noviembre de 2010
Vida y Muerte
Dicen que la muerte es parte de la vida. Puede ser la última etapa o un puente hacia otra cosa. Es cuestión de gustos o de creencias.
Lo que voy a escribir no es agradable en alguna de sus partes y puede que no queráis leerlo. Ya sé que eso es lo que dicen en los telediarios y hace que más gente se siente delante del televisor. No es mi intención. Creo que hay cosas que tengo que escribir, aunque sea para que queden aquí. Supongo que sirve de válvula de escape.
La muerte es un tema que a mi me da vértigo y respeto, quizás miedo. Me ha pasado desde pequeño. El pensar qué pasa cuando te mueres, en mi caso al menos, me genera una sensación rara. Está claro que el cuerpo muere, pero ¿y la mente? ¿quedará como ente sin cuerpo? ¿nos acordaremos de algo de lo vivido? ¿empezaremos de nuevo? ¡Impresionante!
A veces, me da por pensar estas cosas. Y no me gusta nada, porque me queda un regusto amargo.
Llevaba tiempo queriendo hablar de la Muerte. Ahora que la he vivido más cerca, me he decidido del todo. La muerte no es fácil, ni es digna, ni para el que se va ni para los que se quedan. En nuestro caso, sabíamos que iba a ocurrir en un plazo más o menos corto, pero aún así es muy duro. Estar esperando a que una persona muera es agotador y doloroso. Y no es nada digno. Una persona postrada en la cama sin poder moverse, ni asearse es algo que no debería permitirse. Por supuesto, es mi opinión y es muy personal y profunda. En nuestro caso, tuvimos un momento en el que mi hermano y yo, con nuestras respectivas y algún otro familiar directo, tuvimos que irnos de casa porque no podíamos seguir viendo como una persona querida se desvanece y muere lentamente. Yo oí el mismo comentario varias veces en personas distintas. "Se apaga como una vela. No queda más que esperar". Demoledor. Yo no tengo estómago para eso. Espero y confío, que realmente la sedación hiciera que mi madre no se enterara de nada. No lo sabremos nunca.
No sé si a ella le hubiera gustado que todos estuviéramos a su alrededor, mientras ella iba apagándose. Puede que a nosotros nos parezca una obligación. Mi padre estaba sentado a su lado, mientras respiraba por última vez, comprobando que realmente no tenía pulso. Creo que no le hubiera gustado. A lo mejor sólo estoy siendo egoista e intento evitar los malos tragos. Puede ser. Yo no soy capaz de estar sentado enfrente mientras se muere. Hay cosas que no pude evitar, y os aseguro que las imágenes no las olvidaré nunca. Y lo malo es que sustituyen a otras mucho mejores que preferiría recordar. Hago esfuerzos por olvidar las últimas y recordar el resto. El problema es que son muy nítidas. Ayer estuve ojeando fotos, y encontré imágenes que sí quiero recordar. De momento, surte efecto.
Prefiero una muerte instantánea, sin opción de sufrir y ver sufrir. Cuando toca, toca, sólo es cuestión de tener suerte (!!!!) y que sea rápido. Ayer mi padre nos trajo un par de notas que mi madre había escrito y estaban guardadas en un cajón. Era una de las notas que nos dejamos todos los años por Reyes y que acompañan a los regalos. Al final decía que no pedía salud ni más tiempo, porque eso viene dado con la fecha de nacimiento. ¡Guau! Muy fuerte. Es una manera de pensar. No sé si será verdad o no, pero te hace recapacitar. Yo soy de los que creo que hay que vivir la vida como viene y aprovechar lo que tenemos y los que nos acontece. Es la mejor manera de disfrtar. Lo que tienes, lo tienes y lo que no, puedes luchar por conseguirlo, pero no tiene sentido lamentarse por no tenerlo. Hay que aprender las lecciones. Hay que vivir la vida y disdrutar, en la medida de lo posible. Jamás olvidaré, que unos meses antes de que le diagnosticaran la enfermedad que finalmente acabó con ella, en una de las comidas familiares, tuvimos una pequeña pelea porque nosotros les decíamos (a mis padres) que eran muy dejados y que no se preocupaban por aprovechar lo que tenían y disfrutar de los años que les quedaban. No nos hicieron ni caso, y me da rabia pensar que podían haber hecho más cosas. Pero en el fondo, yo creo que mi madre era feliz siendo como era, aunque nosotros no la comprendiéramos. Probablemente ella prefería estar en casa y hacer cosas por nosotros que estar de viaje. Si al menos eligió lo que quería, me doy por satisfecho.
He dicho antes que nos dio dos notas. La segunda era demoledora. Era la despedida. Muy breve. Me quedo con la última frase: "Habladles a los niños de mi". Creo que nadie está preparado para esto.
Sabéis que no soy religioso, así que no sé qué esperar de la Muerte. Espero que sea algo más que apagar la luz. Si no, no tendría sentido la vida. En cualquier caso, me quedo con la frase de mi amigo José. "Seas o no religioso, seguro que hay un cielo para las madres". Una de las mejores frases que me he encontrado. Gracias.
Lo que voy a escribir no es agradable en alguna de sus partes y puede que no queráis leerlo. Ya sé que eso es lo que dicen en los telediarios y hace que más gente se siente delante del televisor. No es mi intención. Creo que hay cosas que tengo que escribir, aunque sea para que queden aquí. Supongo que sirve de válvula de escape.
La muerte es un tema que a mi me da vértigo y respeto, quizás miedo. Me ha pasado desde pequeño. El pensar qué pasa cuando te mueres, en mi caso al menos, me genera una sensación rara. Está claro que el cuerpo muere, pero ¿y la mente? ¿quedará como ente sin cuerpo? ¿nos acordaremos de algo de lo vivido? ¿empezaremos de nuevo? ¡Impresionante!
A veces, me da por pensar estas cosas. Y no me gusta nada, porque me queda un regusto amargo.
Llevaba tiempo queriendo hablar de la Muerte. Ahora que la he vivido más cerca, me he decidido del todo. La muerte no es fácil, ni es digna, ni para el que se va ni para los que se quedan. En nuestro caso, sabíamos que iba a ocurrir en un plazo más o menos corto, pero aún así es muy duro. Estar esperando a que una persona muera es agotador y doloroso. Y no es nada digno. Una persona postrada en la cama sin poder moverse, ni asearse es algo que no debería permitirse. Por supuesto, es mi opinión y es muy personal y profunda. En nuestro caso, tuvimos un momento en el que mi hermano y yo, con nuestras respectivas y algún otro familiar directo, tuvimos que irnos de casa porque no podíamos seguir viendo como una persona querida se desvanece y muere lentamente. Yo oí el mismo comentario varias veces en personas distintas. "Se apaga como una vela. No queda más que esperar". Demoledor. Yo no tengo estómago para eso. Espero y confío, que realmente la sedación hiciera que mi madre no se enterara de nada. No lo sabremos nunca.
No sé si a ella le hubiera gustado que todos estuviéramos a su alrededor, mientras ella iba apagándose. Puede que a nosotros nos parezca una obligación. Mi padre estaba sentado a su lado, mientras respiraba por última vez, comprobando que realmente no tenía pulso. Creo que no le hubiera gustado. A lo mejor sólo estoy siendo egoista e intento evitar los malos tragos. Puede ser. Yo no soy capaz de estar sentado enfrente mientras se muere. Hay cosas que no pude evitar, y os aseguro que las imágenes no las olvidaré nunca. Y lo malo es que sustituyen a otras mucho mejores que preferiría recordar. Hago esfuerzos por olvidar las últimas y recordar el resto. El problema es que son muy nítidas. Ayer estuve ojeando fotos, y encontré imágenes que sí quiero recordar. De momento, surte efecto.
Prefiero una muerte instantánea, sin opción de sufrir y ver sufrir. Cuando toca, toca, sólo es cuestión de tener suerte (!!!!) y que sea rápido. Ayer mi padre nos trajo un par de notas que mi madre había escrito y estaban guardadas en un cajón. Era una de las notas que nos dejamos todos los años por Reyes y que acompañan a los regalos. Al final decía que no pedía salud ni más tiempo, porque eso viene dado con la fecha de nacimiento. ¡Guau! Muy fuerte. Es una manera de pensar. No sé si será verdad o no, pero te hace recapacitar. Yo soy de los que creo que hay que vivir la vida como viene y aprovechar lo que tenemos y los que nos acontece. Es la mejor manera de disfrtar. Lo que tienes, lo tienes y lo que no, puedes luchar por conseguirlo, pero no tiene sentido lamentarse por no tenerlo. Hay que aprender las lecciones. Hay que vivir la vida y disdrutar, en la medida de lo posible. Jamás olvidaré, que unos meses antes de que le diagnosticaran la enfermedad que finalmente acabó con ella, en una de las comidas familiares, tuvimos una pequeña pelea porque nosotros les decíamos (a mis padres) que eran muy dejados y que no se preocupaban por aprovechar lo que tenían y disfrutar de los años que les quedaban. No nos hicieron ni caso, y me da rabia pensar que podían haber hecho más cosas. Pero en el fondo, yo creo que mi madre era feliz siendo como era, aunque nosotros no la comprendiéramos. Probablemente ella prefería estar en casa y hacer cosas por nosotros que estar de viaje. Si al menos eligió lo que quería, me doy por satisfecho.
He dicho antes que nos dio dos notas. La segunda era demoledora. Era la despedida. Muy breve. Me quedo con la última frase: "Habladles a los niños de mi". Creo que nadie está preparado para esto.
Sabéis que no soy religioso, así que no sé qué esperar de la Muerte. Espero que sea algo más que apagar la luz. Si no, no tendría sentido la vida. En cualquier caso, me quedo con la frase de mi amigo José. "Seas o no religioso, seguro que hay un cielo para las madres". Una de las mejores frases que me he encontrado. Gracias.
jueves, 7 de octubre de 2010
Feliz Cumpleaños
7 de octubre.
Un día importante. Para no olvidar y para celebrar todos los años. La leona cumple años. Se acerca peligrosamente a una de las cifras mágicas (y no es el 69). Pero los lleva bien, muy bien.
Afortunadamente, he celebrado con ella este día 19 años seguidos. Al principio en plan tontería, con regalitos pequeños, detalles y cosas que buscas para regalar. Con el tiempo, hemos ido evolucionando y buscando regalos más interesantes. Creo que la ilusión de buscar y regalar a las personas queridas es una de las mejores experiencias de la vida. Quiero pensar que he acertado casi siempre. Por un lado, yo soy un monstruo y sé lo que hay que regalar y por otro, ella es muy agradecida y no rechaza casi nada. Algún resbalón ha habido, pero son cosas que pasan.
Últimamente, he intentado hacer un relato, cuento o similar como regalo (adicional a los que le doy envueltos). Este año no me da. Debo tener la neurona cansada y mis musas se han debido ir de vacaciones. Lo he intentado, pero no sale nada. Otra vez será.
Tendrá que conformarse con los paquetes con lazos y con mi presencia. Por mi parte, estoy encantado. No encuentro nada mejor que hacer en un día especial que pasarlo con ella. Como dije hace tiempo (y ella me recuerda a veces), somos dos imanes; opuestos, pero que se atraen. A veces, nos damos la vuelta y no hay quien nos junte, pero, en general, nos atraemos.
Para ser sincero, aparte de nuestra vida en común, es la única amiga de verdad que tengo o que me queda. Un día dedicaré una entrada a las amistades y a los conocidos. Nada más que mirando en corto hacia atrás, estos últimos meses nuestra vida social ha aumentado bastante. Al principio, todo está bien, pero en cuanto empieza a pasar el tiempo, te da cuenta que no todo el mundo es amigo tuyo o no lo quiere ser. Al final, nos encontramos con conocidos y amigotes. Y si hay suerte algún buen amigo, pero uno de verdad es difícil de encontrar.
Empiezo a desvariar. Por lo menos yo tengo una, y sé que puedo contar con ella para cualquier cosa.
Ya os contaré cómo ha ido el día y si le han gustado los regalos (seguro).
Sed buenos y que la Fuerza os acompañe.
Un día importante. Para no olvidar y para celebrar todos los años. La leona cumple años. Se acerca peligrosamente a una de las cifras mágicas (y no es el 69). Pero los lleva bien, muy bien.
Afortunadamente, he celebrado con ella este día 19 años seguidos. Al principio en plan tontería, con regalitos pequeños, detalles y cosas que buscas para regalar. Con el tiempo, hemos ido evolucionando y buscando regalos más interesantes. Creo que la ilusión de buscar y regalar a las personas queridas es una de las mejores experiencias de la vida. Quiero pensar que he acertado casi siempre. Por un lado, yo soy un monstruo y sé lo que hay que regalar y por otro, ella es muy agradecida y no rechaza casi nada. Algún resbalón ha habido, pero son cosas que pasan.
Últimamente, he intentado hacer un relato, cuento o similar como regalo (adicional a los que le doy envueltos). Este año no me da. Debo tener la neurona cansada y mis musas se han debido ir de vacaciones. Lo he intentado, pero no sale nada. Otra vez será.
Tendrá que conformarse con los paquetes con lazos y con mi presencia. Por mi parte, estoy encantado. No encuentro nada mejor que hacer en un día especial que pasarlo con ella. Como dije hace tiempo (y ella me recuerda a veces), somos dos imanes; opuestos, pero que se atraen. A veces, nos damos la vuelta y no hay quien nos junte, pero, en general, nos atraemos.
Para ser sincero, aparte de nuestra vida en común, es la única amiga de verdad que tengo o que me queda. Un día dedicaré una entrada a las amistades y a los conocidos. Nada más que mirando en corto hacia atrás, estos últimos meses nuestra vida social ha aumentado bastante. Al principio, todo está bien, pero en cuanto empieza a pasar el tiempo, te da cuenta que no todo el mundo es amigo tuyo o no lo quiere ser. Al final, nos encontramos con conocidos y amigotes. Y si hay suerte algún buen amigo, pero uno de verdad es difícil de encontrar.
Empiezo a desvariar. Por lo menos yo tengo una, y sé que puedo contar con ella para cualquier cosa.
Ya os contaré cómo ha ido el día y si le han gustado los regalos (seguro).
Sed buenos y que la Fuerza os acompañe.
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