jueves, 29 de mayo de 2008
Una entrada corta
Hoy venía en el coche camino del trabajo y, no sé por qué, venía pensando en la música y los libros.
Soy un pesado y hablo siempre de lo mismo, pero es lo que hay. Otros se dedican a la cocina, otros a exponer sus quejas. Yo me dedico a reflexionar y a escribir.
A lo que iba. En el coche, con la música del último de Amaral viendo el efecto del sol al atravesar la nubes en el horizonte, y lo que he pensado es que es una pena no tener tiempo para disfrutar de estas cosas. Entonces es cuando se me va la olla y me imgino en una habitación de grandes ventanales, con el mar enfrente, buena música de fondo, y una gran mesa donde yo puedo escribir.
Ha sido un pensamiento momentáneo.
Luego llego aquí, y me he puesto a leer las primeras páginas de "El juego del Ángel", que me ha "dejado" una amiga. No penséis que leo en el trabajo (a veces sí) es que cuando me he ido al baño con mi pda, he comenzado la lectura del libro. Transcribo el primer párrafo:
Un escritor nunca olvida la primera vez que acepta unas monedas o un elogio a cambio de una historia. Nunca olvida la primera vez que siente el dulce veneno de la vanidad en la sangre y cree que, si consigue que nadie descubra su falta de talento, el sueño de la literatura será capaz de poner techo sobre su cabeza, un plato caliente al final del día y lo que más anhela: su nombre impreso en un miserable pedazo de papel que seguramente vivirá más que él. Un escritor está condenado a recordar ese momento, porque para entonces ya está perdido y su alma tiene precio.
Esta descripción me ha dejado pasmado. Es muy buena y completamente real.
He recordado mis pensamientos en el coche. Quisiera sentarme a escribir y poder hacerlo tranquilamente.
Una pena, pero por ahora, tengo que seguir por aquí.
miércoles, 7 de mayo de 2008
Mi relato inacabado
Luego, en otro mensaje, os dije que no fui capaz de acabarlo. Sigue sin acabar, pero intentaré acabarlo.
Mientras, y para ctualizar las entradas del blog y evitar que algún mamonazo me eche la charla, os voy a poner el relato tal cual está.
Se titula "El refugio"
La gente consideraba a Luis un chico distinto. Era una persona agradable, aunque un poco introvertido. Claro que los que conocían su historia lo veían de otra manera.
Luis vivía con su tía desde los doce años, cuando sus padres y su hermana murieron en un accidente de coche. Luis era una promesa del tenis. Participaba en la final del campeonato de España y había alcanzado la final. Su familia iba camino del torneo, para asistir a la gran final, cuando una rueda reventó y acabó con la vida de los tres.
Ana era su madrina, la hermana de su madre. Desde siempre se habían llevado muy bien, y pasaba largas temporadas en casa de Luis. Trabajaba de representante comercial de una compañía de exportaciones, y pasaba bastante tiempo de viaje fuera de España. Cuando regresaba de una estancia larga fuera de casa, solía quedarse un par de semanas en casa de Luis.
Tras el accidente, Ana pidió un puesto en las oficinas centrales y se ocupó de Luis. No estaba casada. Sus continuos viajes impedían una relación estable, y después no mostró ningún interés en perder su independencia.
Era una persona muy racional y daba bastante espacio a Luis, que ya de pequeño tenía un carácter equilibrado y responsable, en parte por la disciplina del deporte. Tras el accidente, Luis dejó el tenis; consideraba que por su culpa había perdido a su familia, y abandonó un deporte en el que estaba destinado a triunfar. Fue una época muy difícil. El inicio de la adolescencia unido a la pérdida de su familia podían haber tenido un impacto negativo en él. Sin embargo, lo que ocurrió es que se volvió más retraído. En lugar de estallar, se encerraba en si mismo. Se habituó a pasar las malas rachas sin ayuda de nadie, encerrado en su mundo. Se aficionó a los libros que le ayudaban a escapar de la realidad y le permitían vivir otras vidas y en otros mundos más interesantes y menos tristes que el suyo. Pero no se convirtió en un solitario. Tenía bastantes amigos, que se habían acostumbrado a su manera de ser. En el fondo les gustaba que alguno del grupo fuera así; racional, moderado y equilibrando a los demás, aunque jamás lo admitirían.
Una de las costumbres de Luis era salir con la bicicleta y explorar por el campo. Vivían en un pueblo de Madrid, y cuando vivían sus padres, solían salir a pasear con las bicis. A veces llevaban comida, y cuando encontraban un lugar interesante, dejaban las bicis y se ponían a explorar, buscando restos de otras épocas; cuando se cansaban, extendían una gran manta en el suelo, a la sombra de algún árbol en verano, o al sol si hacía buena temperatura y comían.
Su lugar favorito era un búnker de la guerra civil, que su abuelo había enseñado a su padre, y éste a su familia. Su abuelo había usado ese búnker durante la guerra, y se había conservado relativamente bien, con lo que iban a verlo de vez en cuando. Se podían apreciar las marcas de los disparos y uno podía fácilmente imaginar lo que debían haber sentido los dos bandos al luchar allí.
Luis sabía que por allí casi nunca iba nadie. A veces algún aficionado a la historia pasaba a verlo y sacar unas fotos, pero sentía que ese lugar era suyo; un refugio que nadie conocía, y al que escapaba cuando necesitaba estar solo. No había hablado a nadie de su existencia; ni a su tía ni a sus amigos, ni siquiera a los más íntimos.
Cuando su familia murió, pasaba muchos ratos allí. Su tía le dejaba, porque sabía que necesitaba estar solo. Al principio le preocupaba no saber dónde iba, pero poco a poco se fue acostumbrando a sus salidas. Luis cogía la bici y volvía al cabo de las horas.
La primera vez que entró al búnker, quedó impresionado. Por dentro era grande, más de lo que aparentaba por fuera. El cuerpo principal eran dos pasillos en cruz, que acababan en unas aberturas, por las que se controlaban los alrededores y por los que se defendía la posición. Uno de los pasillos era más largo que el otro, y al final había una especie de escaleras que llevaban a otro pasillo subterráneo acabado en una estancia, donde debían descansar los soldados. El búnker estaba sorprendentemente bien conservado. Las primeras veces no se atrevió a explorar todo el recinto; la parte superior tenía más luz, pero imponía la soledad del lugar. El pasillo inferior no tenía luz natural y daba verdadero miedo adentrarse en él, sin saber lo que podía haber. Un día se llevó una potente linterna y decidió adentrarse en la parte más subterránea. Comenzó a avanzar por el pasillo, y no se veía nada de interés. A primera vista sólo parecía un pasillo que acababa en una pared, pero esto no tenía sentido, así que decidió ir hasta el final del mismo. Lo que parecía el final del mismo no era tal, sino que el pasillo describía un ángulo cerrado, y continuaba brevemente hasta llegar a una especie de habitación. Si alguien fuera capaz de penetrar en el búnker, con unos pocos soldados, refugiados en el nivel inferior, podían defenderlo. Muy bien pensado.
Un sitio perfecto para disfrutar de la soledad. Un poco incómodo, pero nada que no tuviera solución
Las primeras veces se limitaba a tumbarse en el suelo o a recostarse contra una pared y dejar pasar las horas mientras se perdía en los recuerdos, disfrutando del dolor que éstos le producían. Poco a poco fue inspeccionando con más detalle el sitio. Se llevaba una potente linterna y buscaba indicios y pistas de las personas que habían pasado por allí. Hizo dos grandes descubrimientos. En una de las esquinas de la estancia inferior encontró una pequeña grieta, en la que cabía la mano. Pensaba que era natural, debido a la construcción, hasta que un día metió un poco la mano, y notó con los dedos una parte gastada y lisa, como si se hubiera usado mucho. Probó a tirar ligeramente, y se desprendió un bloque de piedra que dejó al descubierto un hueco de unos cuarenta centímetros de profundidad y treinta de ancho. Luis imaginó que era una especie de escondite donde los soldados guardaban para que nadie las robara.
Aprovechando el escondite, Luis fue dejando cosas que no usaba en casa y que le podían ser útiles; llevó una vieja manta que su tía iba a tirar, una radio que nadie usaba en casa, la linterna que solía llevar, unas cuantas pilas de repuesto y cosas así. Con el tiempo, tenía guardadas suficientes cosas para poder pasar el rato en el búnker, sin necesidad de ir cargado desde casa, así que cuando tenía ganas de estar solo, cogía la bici y se plantaba allí. Al final se convirtió en una rutina, y no pasaba ninguna semana en la que no visitara su refugio.
Ahora, le costaba recordar cuándo estuvo allí por última vez. Su vida era distinta. Tenía muchos amigos con los que salía y se divertía. También había una chica, Laura, con la que quedaba a menudo. Nunca habían dicho que eran novios, pero a esta edad no es necesario decirlo. No necesitaba evadirse, ni estar solo, así que el refugio quedó como una parte de su infancia que ya no necesitaba, aunque le había dejado una profunda huella.
Era curioso. Llevaba meses sin pensar en el refugio, y ahora le había venido a la cabeza. Sus amigos habían aprovechado el puente para irse a esquiar. A Luis no le gustaba esquiar, por lo que declinó la invitación de ir con ellos. Pasaría los tres días con Laura. Cosas del destino, Laura cayó enferma, y ahora Luis no tenía nadie con quien pasar el tiempo. Y precisamente, lo primero en lo que pensó fue en el búnker. Podía ir a recoger las cosas que tenía allí. Probablemente no volviera por allí, o al menos no tan asiduamente como para dejar cosas en él. Lo acababa de decidir; una visita rápida para ver qué podía aprovechar de las cosas que tenía, y lo que no, lo tiraría a la basura.
Sacó la bici del garaje y se sorprendió de la temperatura. Para estar en enero, el sol brillaba con fuerza, y hasta hacía calor. Pedaleó hasta el búnker, y disfrutó del paseo. Dejó la bici apoyada en la pequeña ladera que formaba el búnker y subió a la entrada del mismo. Al entrar notó un olor extraño. Le invadió una sensación extraña. Lamentó no llevar una linterna en la mano; como conocía perfectamente el camino, la tenía guardada en el escondite de la sala final. Agudizó el oído, pero no oyó nada. Dejó que sus ojos se habituaran a la oscuridad, y cuando pudo vislumbrar la silueta de las paredes, se dirigió con paso decidido a por la linterna. Cuando llegó, palpó la pared y descubrió asombrado que la piedra que ocultaba el hueco no estaba. Tanteó nervioso el interior del mismo, pero la linterna no estaba. Se giró dispuesto a marcharse, pero el haz de luz de su linterna le cegó. Había alguien en la puerta de la sala, que le apuntaba con su linterna a la cara.
- ¡Joder! – masculló, cegado y enfadado.
- ¿Quién eres tú? – preguntó la voz tras la luz. ¿Qué haces aquí?
Luis estaba más enfadado que asustado. Era un chico joven y fuerte, y con su edad, no tenía miedo. Pero le molestaba que alguien hubiera profanado su refugio y le hubiera robado sus cosas.
- Eso mismo podría preguntarte yo. ¿Qué has hecho con mis cosas? ¿Esa es mi linterna? Pues ya podría dejar de apuntarme con ella.
- Perdona – la voz parecía dudar. Lo de apuntar con la linterna a los ojos del intruso había sido una buena idea para asustar al intruso, pero ahora se sentía más intruso él.
miércoles, 23 de abril de 2008
Los libros
No puedo dejar pasar este día sin escribir en mi blog.
Como ya me conocéis, sabéis que los libros son una de mis grandes aficiones. Podría renunciar a algunas cosas, pero los libros no serían una de ellas (las otras ya os las podéis imaginar, sexo, cerveza, lo básico vaya...)
Para mi, los libros son una vía de escape. Yo me sumerjo en los libros. Me sitúo en el ambiente del mismo, me identifico con los personajes, vivo las situaciones de los libros. Para ello, es necesario un buen libro. Y no me refiero a un libro con una crítica literaria espectacular. Con los libros, me pasa como con las películas. El objetivo de un libro es divertir y enseñar. Da igual el escritor, lo importante es que esté bien escrito y que enganche.
¿Cómo acertar a la hora de elegir un libro? No os puedo aconsejar. Al igual que me pasa con la cocina, con los libros actuo por instinto. Lo descubrí hace muchos años. Me vais a decir que estoy como una cabra, pero yo voy a una biblioteca (tiene que ser de las que deja acceder a las estanterías) y me pngo a pasear por las hileras de libros. Miro los lomos, los cojo, los abro, miro el título, no me fijo en el escritor (¡vaya!), miro la contraportada, leo la sinopsis, el perfil del autor. En uno o dos minutos sé si el libro me va a gustar o no. Evidentemente no soy infalible, pero casi. Ha habido muy pocos libros que yo haya elegido que no me hayan gustado.
Cuando voy a comprar libros, me sucede lo mismo. Con esto de internet, compro muchos menos libros. En Navidad, aprovechando un regalo que tenía que hacer, volví a una tienda de libros (El Corte Inglés, ¡qué original!) y me di cuenta de lo que había echado de menos el trato con los libros. Pude estar perfectamente media hora dando vueltas por la sección de libros, y me habría llevado una docena de libros. Me lo pasé bien, me gusta ojear los libros. En lugar de comprar uno, me llevé dos. Tengo que buscar un hueco y leerlos. Eran un regalo, y quería esperar a que su receptora terminara de leerlos, pero no creo que pueda; es que creo que no puedo esperar tres o cuatro años...
Volvamos a lo de las bibliotecas. No comprendo esas bibliotecas en las que tienes unos cajones con fichas, y por ellas, tienes que elegir un libro. Para mi es casi imposible. Salvo que tenga muy claro que libro quiero, no puedo elegir con unas fichitas. Yo tengo que manosearlos (como las mujeres...). Si no, pierdo mis poderes. En mi casa, mi padre tiene una habitación (la llamamos la biblioteca) llena de libros. Es una habitación que puede tener 10 metros cuadrados, con los laterales llenos de libros, y una mesa enfrente de la entrada. Todo repleto de libros, de toda clase. Probablemente no he leído ni el 20% de los mismos, pero es que hay cosas infumables para mi.
Creo que la afición a los libros no es algo que se pueda aprender. Por eso digo que es un instinto. Al que le gustan, le gustan y a los que le es indiferente, no les puedes obligar. Puedes intentar que lo comprendan y que prueben, pero no se puede forzar. Es una pena, porque el mundo de los libros es maravilloso y se aprenden muchas cosas de ellos.
Yo no soy un lector, soy un devorador de libros. Una anécdota para terminar. Hace unos años, en un curso, estábamos haciendo unos ejercicios de estos de Psicología. Tenías que decir qué era mucho para ti en determinadas situaciones. ¿Qué es mucha velocidad para ti? ¿Qué es mucho trabajo?... Una de las preguntas era ¿Qué es para ti leer mucho en un año? Mi respuesta causó sensación. Dije 100 libros al año. En esa época yo iba a trabajar en metro, y tenía entre 45-55 minutos por trayecto, dos trayectos al día. Con eso me daba para un libro mínimo a la semana, a veces dos. Y luego, los ratos del fin de semana. Creo que estuvimos media hora hablando de eso. Ahora como no voy en metro, he bajado el ritmo, pero creo que debo estar en unos 30-40 libros al año.
El Sr. Ruiz Zafón creó la Biblioteca de los libros olvidados. Una idea fascinante. Soy un envidioso, lo sé, pero es que a mi no se me ocurren esas cosas. A ver si me pillo su nuevo libro. Ha dicho que quiere hacer una saga de unos cuatro libros sobre ella. Veremos.
Una última cosa, por si queréis regalarme un libro. Me gustan los libros gordos (no quiero comentarios). Mínimo 300 páginas. Para mi, salvo excepción, no merece la pena un libro menor, porque me lo acabo en una sentada de un par de horas.
lunes, 14 de abril de 2008
El tiempo
Ante todo, podéis comprobar que sigo vivo. Por supuesto que no tengo justificación, pero tampoco os la merecéis mamones (es broma, por supuesto).
Es curioso esto del tiempo. Esos granitos de arena que caen y que van marcando el paso del tiempo. Muy visual. Grano de arena que cae, momento pasado que ya no tiene vuelta atrás. Lo que no hubieras hecho, ya no lo puedes hacer. Cada granito es irrepetible, y aunque luego hagas lo que ibas a hacer, ya no será lo mismo. Si este post lo hubiera escrito hace muchos granos de arena, no sería así, incluso es posible que no hablara del tiempo. Curioso, ¿verdad?
En fin, todos tenemos una gran cantidad de granos de arena para hacer con ellos lo que queramos. Y no valen los castillos de arena de la playa, ni los dibujitos en el suelo con un palo. Cuando nacemos, nos dan un gran saco de arena. Es un detalle que no pese, o al menos durante muchos años. Luego vienen los achaques, y es por el paso del tiempo, o por el "peso del tiempo". El saco de cada uno es distinto, y nunca sabemos cuántos granos contiene. Eso hace que la elección de lo que hacemos con cada grano sea importante.
Los primeros años, nos gestionan la arena. Al principio, no puedes hacer nada. Luego comienzan los problemas por la gestión de los granos de arena. Esto lleva a eternas discusiones. Al final, llega un momento en el que tienes el control total de tu arena. Y ahora es cuando empiza lo divertido. Puedes elegir, pero cada elección es un granito perdido, irrecuperable. Así que hay que pensarlo bien. Normalmente no lo hacemos, y vamos dejando un rastro de arena por el camino.
A lo que viene todo este rollo es a que la frase de "no tengo tiempo" no es cierta. Mi excusa para no haber actualizado este blog era que no tenñia tiempo. No es cierto. El tiempo lo tengo, pero elijo (voluntaria u obligadamente) otras cosas. He tenido ocasiones de escribir, pero o bien he elegido hacer otra cosa, o bien mi estado anímico me ha impedido ponerme a escribir.
En casa no suelo escribir. Prefiero escribir tranquilamente y en casa es más difícil. Entonces tengo que escrbir cuando tengo un hueco en el trabajo. Esto, o bien es raro, o se produce cuando ya me han machacado suficientemente, en cuyo caso no tengo ganas de escribir.
Volvamos a los granitos de arena. Cuando dispones de un granito de arena, tienes que elegir qué vas a hacer con él. En el 90% de los casos, yo diría que no lo hacemos. Nos dejamos llevar y hacemos lo de siempre o lo que se supone que hay que hacer. En mi caso, he desperdiciado montones de granitos de arena, pero es lo que hay. No siempre tenemos una opción interesante de elección, o no disponemos de los medios para hacer uso de los granitos, así que los dejamos correr.
No importa, tenemos muchos,... o no.
Lo importante es que los granitos los elijas bien o al menos que te den satisfacciones. Si dejar caer los granos de arena tumbado en el sofá, bien acompañado te satisface, es un granito de arena bien utilizado. Ahora, si luego piensas que podrías haber hecho algo distinto, es una pena, porque eso ya no tiene vuelta atrás.
En mi caso, de mis propósitos del 2008, ya tengo dos bajas. Una era escribir al menos una vez a la semana en el blog. La otra presentarme al consurso de relatos cortos de mi pueblo. Agua en los dos casos. En ambos porque cuando he tenido tiempo, he decidido hacer otras cosas. ¿Me arrepiento? Sí. Podía haber elegido dedicarle unos ratos y hacerlo. Tengo un par de agujeros en mi saco de arena. Los tendré que coser.
Bueno, pensaréis que se me ha ido la olla, pero eso es el primer síntoma de que sigo escribiendo cosas.
Por cierto, tengo jefe nuevo, así que ya os iré contando.
Besitos a todos.
miércoles, 5 de marzo de 2008
El espíritu de Soft...
Este reportero (algunos lo recordarán por sus narraciones de fiestas de cumpleaños y entrevistas a personas famosillas) en un ataque de nostalgia ha intentado dar una vuelta por los lugares que visitaba en otras épocas y otros lugares.
Ha sido una sensación como la de intentar visitar Pompeya, Alejandría, Tartessos, el Antiguo Egipto, el Reino de los Mayas, y otros muchos históricos lugares.
Sin intentas ver los restos, no queda nada, o casi nada. Pero eso es sólo lo físico y lo tangible. Pero en esos lugares se respira (me lo imagino, porque no estado en ninguno, salvo que hayan descubierto la ubicación exacta de Tartessos y sea algún sitio que conozca) la grandiosidad de las civilizaciones. Hay que dejar volar la imaginación y pensar cómo debían ser de verdad esos lugares y sus gentes.
He intentado hacer el ejercicio con aquel maravilloso lugar llamado Softcopias. En este caso, tengo la suerte de haber vivido en él, con lo que el esfuerzo es menor. Sólo hay que cerrar los ojos e intentar recordar.
No sé para vosotros, pero para mi, tiene una imagen clara, y que ninguno tendréis. La mayoría recordará el fondo del foro, en azul y blanco, o la página de inicio de Softcopias, de colores oscuros, o los diablillos que se colocaron en la cabecera. Para mi la imagen es la de un pueblecito, blanco y nevado, con sus calles y sus barrios adornados y sus pequeñas casas de madera con chimenea.
Supongo que pensaréis que se me ha ido la pinza, pero es que cuando hice mi primera narración del lugar, me lo imaginé así (las mentes de los escritores son raras). Desde entonces, si me concentro, veo así Softcopias.
Al hacer la visita, la imagen es distinta. Siempre me quedaré con la otra, pero la actual la tengo delante. Es un pueblo abandonado, la nieve se ha derretido, y las calles están embarradas. Las casitas están medio derruidas, sin puertas y con los techos derrumbados. La biblioteca saqueada, el barrio de la música demolido, el barrio de los juegos inhóspito y abandonado. Los bares vacíos, con el suelo lleno de cristales rotos y mesas y sillas volcadas. Una pena.
Muchos buenos momentos se vivieron en ese lugar. Todos perdidos. O no. Como decía antes en el ambiente se respira el espíritu del lugar. Las comparaciones son odiosas, pero aquí también se respira la esencia del pasado de este lugar.
Es el espíritu de su creador. En mi narración le llamaba el alcalde, pero normalmente le llamaba “El Jefe”. Para mí, siempre será El Jefe. Él creó el lugar, tuvo la idea, lo hizo crecer, nos juntó, nos unió. No estaba siempre, se le olvidaba pagar la cuota, pero si le buscabas, le encontrabas, y al final, siempre te respondía
A él le debo el meterme en este mundo de Internet, donde yo era un usuario pasivo que sólo descargaba y no participaba. Le debo el que me diera el lugar sobre el que escribir. Le debo el conocer a gente a la que sin ese lugar jamás habría conocido. Ahora tengo un grupo de amig@s que pululan por la red y con los que sigo hablando. Sin Softcopias no hubiera sido posible. Si no hubiéramos pasado por ese lugar, no nos habríamos conocido, no charlaríamos, no jugaríamos, no quedaríamos, no nos contaríamos nuestras penas y alegrías, no estaríamos en el exilio, no tendríamos nuestros blogs,…
Ahora somos muchos menos. Hemos perdido gente. Pero quedamos unos pocos. Somos más fuertes, sabemos donde encontrarnos. Ahora ya no nos perdemos. Seguiremos aquí. Conservamos el espíritu de Softcopias.
Gracias Diego.
miércoles, 20 de febrero de 2008
20 de febrero
Unos años atrás…
20 de febrero, alrededor de las siete de la tarde. En una pequeña explanada, se reúne un grupo de personas elegantemente vestidas. De fondo, el pórtico de una pequeña ermita. Pequeños grupos de personas charlan amistosamente. Otros miran hacia el camino que lleva a la explanada. En el horizonte, el sol se pone lentamente, dejando un cuadro de tonos anaranjados y violetas. El escenario es perfecto.
Entre la multitud, un joven espera nervioso. Habla con amigos, conocidos y familiares. Con algunos de ellos hace mucho tiempo que no trata. Es el día propicio para ello. Algunos traen a la memoria recuerdos casi olvidados que arrancan alguna que otra sonrisa. El joven tiene una apariencia serena y tranquila. Es su carácter. Lo que la mayoría no sabe es que está nervioso, muy nervisoso. Sin razón, pero es inevitable. Uno de los días más importantes de su vida. El más feliz. Un gran momento, un gran paso. Eso piensan todos. Para él, un paso más en la carrera de la vida. Un paso esperado, deseado. Es la culminación de una etapa. Recuerda cómo comenzó todo…
Un verano, muchos años atrás…
Ese sería el día, pensaba el adolescente. De hoy no pasa. Siempre le ha faltado valor para este tipo de cosas. No importa. Ella se acerca. Los amigos de él desaparecen con diversas excusas planeadas. Nada convincentes. Pero lo importante es que se quedan solos. Un poco brusco, él plantea la cuestión. Ella suspira, acepta. El pacto queda cerrado con unas cervezas.
Un mes después, curiosamente, tras unas semanas sin verla, él descubre que está enamorado. Extraña manera de pensar, pero es su manera de ser.
Y cómo no, recuerda lo que origina esta reunión.
Fuengirola. Otro verano, mucho más cercano. Sólo unos meses atrás…
Tumbados en la playa, él decide que es el momento. Tuvo otra ocasión, mucho más propicia, en su aniversario, pero por unas razones u otra no surgió el momento. Su mente sigue siendo algo extraña, menos por la influencia de ella, pero aún así extraña.
Listo. Cerramos otro pacto. Ahora muchas ilusiones, muchos proyectos, muchas cosas que hacer…
Por fin, parece que ella llega. El coche blanco, brillante y adornado hace su aparición. Todos callan. Todos miran. Ella es la protagonista. Baja graciosamente del coche. Él la observa. Sonríe. Ella también. Se encaminan hacia dentro. Se sientan. Ella tiembla. Él se tranquiliza. Vuelve a su estado natural. Vamos allá.
En la actualidad…
Han pasado nueve años. Algunos kilos de más encima, más equipaje, dos monstruitos pululan por todas partes. Varios hogares de por medio. Muchos momentos buenos. Alguno malo. Todo irrepetible, aunque repetiría sin dudarlo.
Esperemos que sean muchos más.
jueves, 14 de febrero de 2008
Reflexiones políticas
Hoy vamos a hablar de política. Por supuesto no os voy a desvelar mis tendencias (y mucho menos las sexuales, pervertidos). Voy a hablar de la Política en general, si es que a esto se le puede llamar política.
Estamos en año de elecciones, y en plena campaña electoral. Esta es, probablemente, la época en la que menos veo la tele. A veces me asombro de que seamos capaces de dejarnos dirigir por la panda de personajes que aparecen en los medios, vendiéndose y regodeándose en los baños de multitudes que se brindan diariamente.
Yo sólo con verles (y me refiero a los líderes de los dos grandes partidos) me surgen enormes dudas sobre nuestra capacidad mental. Si nuestras dos opciones son esas, es muy triste. Uno se parece a Mr Bean, y lo imita a la perfección. Un perfecto pelele, sin ningún tipo de tirón político y desde luego, sin carisma alguno. El otro, otro pelele, sin caracter. Las ideas políticas de ambos, pura basura. Unos se alinean con los artistas, en un alarde de progresismo. Claro que va el otro y defiende la abolición del canon digital. Hay que cagarse.
Como ya he dicho, intento no enterarme de nada, pero es imposible. Estamos bombardeados de información (o desinformación sobre la campaña). La verdad es que es triste (aunque nos lo merecemos porque entramos al trapo) que nos hagan ofertas como en el supermercado. "Si me votas, aumentaré las ayudas, os daré 400€", "Pues si me votáis a mi, os daré 500€", "Vamos a crear 1 millón de puestos de trabajo para mujeres y vamos a asegurar que cobren lo mismo que los hombres" "Nosotros vamos bajar el precio de la vivienda". Pura mierda. Un día de estos nos ofrecerán un coche si les votamos, o un descuento del 10% en el Corte Inglés. Y nosotros nos lo creemos, y nos dejamos engatusar, con lo cual, luego nos merecemos lo que nos pasa. En el fondo, os puedo asegurar que la política que hacen ambos es prácticamente la misma. Evidentemente en determinados puntos divergen, pero es que necesitan a apoyar a las grandes entidades u organismos que les sustentan y apoyan, desvirtuando la información que nos llega y manipulando la opinión pública. Ya sabéis de quien hablo, la Iglesia, el Opus, el grupo Prisa, las empresas, los bancos, la SGAE,....
Y luego, para que ninguno obtenga los suficientes votos, y nos goberne un partido visagra que no ha sacado unos cientos de miles de votos, y que barre para casa que da gusto. Un partido (sin nombres) con cinco o seis escaños, decide la política nacional. Sin comentarios. Lo primer ¡o que habría que hacer es eliminar la mierda de ley electoral que tenemos. Poner dos vueltas. Los dos ganadores de la primera vuelta van a la segunda, y el que gane, gobierna.
Ojalá nos gobernaran políticos profesionales, interesados en el bien común, y en hacer lo mejor para todo el mundo (y no sólo para sus amigos y familiares). Si algo es bueno y favorable, no importa de donde venga. Se hace y punto. Claro que eso es Utopía con mayúsculas, y no lo veremos jamás. Seguiremos en manos de gente ávida de poder, a la que le importan una mierda tus problemas y que sólo quieren salir en la tele como los grandes líderes de España, engordar el bolsillo y el de sus amigos y allegados, y cuando se acabe el chollo, te haces unas giras internacionales, das unas charlas, te haces consejero de grandes compañías (aprovechando los contactos y los favores que te deben de la vida política) y a vivir.
Esto da asco.