miércoles, 19 de agosto de 2009

Ponga un tocapelotas en su vida...

Alguno ya tendrá una sonrisilla en sus labios. Empezamos bien.

Ante todo, hay que hacer una distinción fundamental. Existen los "amigos tocapelotas" y los "tocapelotas". Hay una gran diferencia entre ellos. El eslogan trata sobre los amigos, para que quede claro.
Los otros, son personas de caracter agrio y amargo, cuyo único objetivo en la vida es joder a los demás. Los tenemos en todos los lugares claves de nuestra existencia. Están en el trabajo; el ejemplo claro es esa persona con la que tratamos casi a diario (cliente, usuario, compañero,...) que está todo el día poniendo pegas y enrareciendo el ambiente. Se quejan todo el día, nada de lo que se hace les gusta, no comprenden las cosas. Los tenemos también en los lugares de nuestra rutina; el conductor de autobús que no espera aunque te vea correr, el camarero que te hace esperar o que no te pone lo que quieres, el dependiente que pone pegas a todo lo que quieres comprar, y un largo etcétera. Los tenemos en el vecindario; el tío del bar que te aparca en la puerta a pesar de que le has dicho que deje el vado libre, el vecino que protesta por todo y no quiere cambiar nada, ese niño que deja caer la canica contínuamente en el piso de arriba, la vecina que anda en tacones desde las seis de la mañana hasta que se acuesta. Y como no, los tenemos en la familia, y aquí hay que joderse; el cuñado quisquilloso que está siempre pinchando; la suegra metijosa que opina de todo (siempre en contra) y que no le gusta nada de lo que haces; ese primo que siempre tiene mejores cosas que tú.
Estos son los tocapelotas que nos rodean y nos ponen de mal humor.

Mi eslogan, como he dicho antes, se refiere a la otra categoría de tocapelotas. Son los amigos que siempre hay que tener. Son un valor seguro. Siempre van a estar ahí. Siempre ponen ese tono cínico e irónico necesario para dar pie a una conversación (discusión amistosa). Sabes que nuncan se van a callar y que te van a decir lo que piensan. Lo estoy diciendo en serio. Son los amigos que hacen que se entablen conversaciones entre el grupo, que animan las veladas, que impiden que nos aburramos. Y lo hacen de buena fe. Son queridos e imprscindibles.

Seguro que ya tenéis uno. Si no es así, compradlo o alquiladlo. No os arrepentiréis.
Vuestra vida ya no será igual. Ya no será aburrida. Las conversaciones tendrán más chispa, más mordacidad. Nadie quedará indiferente.

Me despido.

P.D.: Sigo trabajando en Sherish. Ya tendréis noticias mías.

lunes, 17 de agosto de 2009

El origen de la creación

No os emocionéis pensando en una disertación filosófica o religiosa sobre el origen del mundo. No es el momento.

Esto va sobre algo más básico

¿Os habéis preguntado alguna vez cómo nacen las obras?
¿Cómo hace un pintor para empezar un cuadro? ¿O el escultor con su obra? ¿O el compositor? ¿O el escritor?

Me imagino que cada uno tendrá su técnica. Si se ha estudiado carrera de algo de esto (si es que la hay o si tiene sentido) supongo que habrá unas técnicas. Luego, cada maestrillo tendrá su librillo y cada uno se apaña como puede.

Al hilo de unas palabras mías, uno de mis graciosos lectores (tengo más de uno???) me llamó esquizofrénico. Lo voy a explicar para evitar malentendidos. En cualquier caso, creo que cualquier creación es un acto de locura; mayor o menor, pero locura al fin y al cabo.

Yo empiezo con una idea. La manera de llegar a esa idea puede ser variada. En su época, cuando hacíamos concursos de relatos, se ponía y tema y todos teníamos que ceñirnos al mismo. En este caso la idea ya la tenemos. Esto es una ventaja y un inconveniente. Por un lado, ya sabes de lo que tienes que escribir, pero por otro, a lo mejor eso no te inspira (es decir, no te pone). No está mal, pero a mi no me gusta demasiado. Yo prefiero llegar por mi mismo a la idea. ¿Y cómo llego a ella? Pues por mil caminos. Yo soy una persona muy observadora. Me encantar mirarlo todo y fijarme en los detalles, al menos, en los que soy capaz. Me gusta observar personas y situaciones. Mi cabeza va funcionando. Es como si estuviera constantemente buscando ideas. Cuando se me ocurre una, la archivo. Ahora os imagináis que voy por la calle, y que me paro de repente, saco una libreta del bolsillo y un lápiz y me pongo a anotar cosas. ¡Muy mal! No llevo ni libreta ni lápices. Como mucho el itouch, que me sirve de agenda y bloc de notas (soy un friki, lo siento). A lo que iba, lo anoto, pero en la cabeza (guau). Como tengo la cabeza como la tengo, a veces se me pierden, y es una putada porque son grandes ideas. Pero en general, no se pierden. Se quedan ahí y van madurando. Evolucionan y cambian (en este punto, estais pensando que vais a llamar al manicomio para que me vengan a buscar). Haced lo que queráis, pero funciona así. La "serie" que estoy escribiendo se basa en una idea antigua, de hace unos años, que ha ido madurando y evolucionando en el archivo. Es como el buen vino, lo metes en la barrica (de buen roble envejecido) y lo dejas madurar. Mi cabeza no es de roble (aunque es bastante dura) y no maduran malas ideas en ella.
Ya tenemos la idea. Unas veces considero que ya ha madurado lo suficiente y la saco a la luz rápido, y otras, se queda semanas, meses o años dando vueltas. Por ejemplo, si necesito hacer un regalo, la idea la consigo más o menos rápido. Es un vino joven; ácido y fresco. A veces salen buenos y otras veces, normalitos. Siempre queda la duda de que habría sido si la hubiera dejado madurar.

Idea conseguida. Siguiente paso.
Esto no es una ciencia, así que no siempre seguimos los mismos pasos. Normalmente, pongo el título. ¿El título? Ya os veo de nuevo, buscando el teléfono del manicomio. Parad un momento. Para mi, el título marca y encamina la historia. No es lo mismo un relato que se llame "El misterio del moco verde" que "El refugio". Este último tiene más fuerza, da más juego, es intrigante, marca el tempo de la historia. Pues eso, le pongo un título. A veces no es el definitivo, pero varía poco, siempre en la misma linea.

Ya casi lo tenemos. ¿Qué coj**es tenemos? estaréis pensando. Una mísera idea y un titulillo. Este escritor de pacotilla no se como una rosca. Calma. Tenemos la idea (que sabéis que evoluciona) y el título. Ya podemos empezar a contar algo. ¿El qué? Pues es obvio...

Una imagen. Si todavía no os habéis ido, creo que podemos llegar hasta el final. Pues yo me imagino una imagen. Como cuando empieza una película. Veo a un grupo sentado en un bar. Veo una princesa en la ventana de su torre. Veo un hombre andando bajo la lluvia. Todo influido por la idea y el título. Ahora viene un momento crucial; hay que ponerle nombre al personaje. Os aseguro que esto me lleva su tiempo. Más del que pensáis. Probablemente sea capaz de escribir una hoja antes de ponerle un nombre a un personaje. A veces no. Si la imagen es buena, el tío tiene el nombre implícito. El de la lluvia se llama Luis, se le ve en la cara. Luis tiene pinta de andar por la calle con la que está cayendo. La princesa es Lucinda. Un nombre de princesa de relato no puede ser normal. Una princesa de relato no se puede llamar Paqui, Lola.

Pues ya lo tenemos. Ahora hay que dejar que cobren vida. Hemos llegado al origen de la esquizofrenia. A mi los personajes me van contando la historia. Yo tengo un rumbo (no rombo, que de esos tengo dos que giran sobre su eje) pero los personajes son libres. Ellos me dicen y yo lo escribo. Normalmente, se salen de lo que yo había pensado, pero eso no es un problema. Los personajes están vivos y viven sus historias. Yo narro esas historias. Contar la mía es muy aburrida, y mis personajes tienen mucha más chispa.

Ya está. ¿Y cuánto dura la historia? Lo que dure (...dura, jeje). Si tengo un límite, pues me voy adaptando, les digo a los personajes que vayan acortando y punto. Que no hay limite, pues hasta que los personajes tengan algo interesante que contar.

No os vayáis todavía, que queda lo mejor. El final. ¿Cómo hacemos el final? ¿Alegre o triste? ¿Abierto o cerrado? ¿Boda o entierro? ¿Beso o asesinato? En este caso, aunque los personajes me ofrecen su versión, el puto jefe soy yo, y el final lo pongo yo. Elijo el que me apetece en ese momento, o el que veo que mejor le pega a a historia. En general, me gustan los finales no felices y abiertos. Esos que os dejan cara de tonto pensando que qué he querido decir. ¿Nos va a contar más después? ¿Tenía que morir la princesa? ¿Por qué la protagonista se va con el malo malísimo? Si no os gusta, mala suerte. La verdad es que el final marca un poco la historia y a veces, cometo el error de cerrar demasiado rápido la historia y no cebarme en el final. Pero es que esto, aunque parezca que no, es difícil.

Espero que estas líneas os hayan ayudado a comprender cómo se hace una historia, o por lo menos, cómo las hace Mr Deditos.
Si oigo una ambulancia, saldré corriendo, por si acaso.

viernes, 14 de agosto de 2009

Sherish

Lo auncié esta mañana, y lo voy a cumplir.

La serie (con vuestro permiso la voy a llamar así) trata de un grupo de amigos que.... (no os voy contar la trama, que así tiene más emoción)

He creado un grupo que va a vivir una serie historias que iré publicando por capítulos. No creo que cada capítulo sea una entrada en el blog, porque habrá algunas que sean largas. La serie se llama Sherish. ¿Y por qué se llama así? Pues ya lo iréis averiguando. Si soy capaz de hacerlo, le pondré una etiqueta a todas las entradas del blog que tratend de la serie, para que sea fácil buscarlas o verlas todas juntas.


Aquí dejo el prólogo (y con esto llevo tres entradas del blog en dos días).


Los amigos estaban sentados en una de las mesas del bar. Tres chicas y cuatro chicos. Era un grupo variopinto; los había serios, cómicos, dicharacheros, nerviosos, despistados, algún que otro con dones artísticas y todos con una cosa en común, la amistad que les unía.

Solían quedar en el bar a tomar algo y hablar de sus cosas. Últimamente, los ánimos estaban un poco decaídos. Casi todos habían terminado los estudios y andaban trabajando en lo que les había salido. Nada interesante, pero al menos les dejaba algo de dinero.

Martín había estudiado Derecho. Era el único que no trabajaba. No tenía tiempo. Andaba opositando. Sólo le quedaba una tarde libre, que usaba para quedar con sus amigos. Estudió Derecho por eliminación, ya que era lo único a lo que podía optar con posibilidades de acabar. Cuando terminó, la vía más segura era opositar. Llevaba dos años y un examen fallido. Su humor se había avinagrado hasta el punto de que el chaval chistoso de hacía unos años se había convertido en un insufrible cínico.

Toni no tenía carrera. Hizo FP y cuando terminó se puso a trabajar con un amigo de su tío. Delineante, con aspiraciones artísticas, sobrellevaba su trabajo como podía. Era un puesto seguro, con pocas complicaciones, pero sumamente aburrido.

Lucía era la genio del grupo. Desde pequeña demostró tener una cabeza increíble acompañada por un don de gentes fuera de lo normal. La gente enseguida congeniaba con ella. Estando ella era difícil que un grupo de personas discutiera o se aburriera. Sus padres estaban separados y no se podían permitir pagarle una buena carrera. Se sacó el Secretariado Internacional y trabajaba en una empresa de la ciudad. Su jefe era un imbécil y hacía un trabajo que no le gustaba.

Ana era la belleza del grupo. Alta, pelirroja, ojos verdes. Comía como una lima y bebía como un cosaco pero su figura no se resentía. Trabajaba en el negocio de su familia. Poseían unos viñedos y tenían su propia bodega. Les daba lo suficiente para que toda la familia viviera holgadamente.

Raúl era el mayor del grupo. Había estudiado Química y trabajaba de comercial de una empresa farmaceútica. Espontáneo y algo alocado, se casó con una americana en el último año de carrera. Se divorciaron al cabo de unos dos años. Cuando acabó la carrera estuvo un año en Estados Unidos, pero se cansó, se divorció y se volvió a España.

Lucas era el artista. Estudió piano en Madrid, y vivía de la música. Durante el día daba clases de música y por las noches tocaba en un garito. Tenía un don para la música. Componía sus propias canciones. Tenía una cartera de clientes a los que vendía sus composiciones. Películas, documentales, anuncios, cantantes y grupos, algunos conocidos llevaban su música.

Rosa, era la conciencia del grupo. Seria y con la cabeza bien amueblada, estudió Psicología y trabaja en un Instituto de Educación Secundaria. Estaba de sustitución y el puesto no era muy bueno, pero le dejaba mucho tiempo libre y tampoco tenía otras opciones.

Rosa acababa de llegar. Estaba un poco deprimida.

- ¡Qué asco! Termina el curso, y me han dicho que el curso próximo se reincorpora la persona a la que sustituyo. Me han dicho que me mantienen hasta octubre, pero que después me tengo que ir. Y no hay ningún otro puesto vacante.

- ¡Vaya! - exclamó Ana. Llevamos una racha espantosa. Lucía está al borde de la dimisión, Raúl cada vez tiene menos visitas y ahora lo tuyo.

- A mi me ha bajado bastante mi cartera de alumnos - comentó Lucas. De momento no hay problema, porque tengo mis otras cosillas, pero no sé cómo va a venir el futuro.

- Pues yo sigo estudiando, a pesar de que no hay prevista ninguna convocatoria para este año - el ánimo de Martín tampoco era muy alto.

- Hay que hacer algo para animarnos - dijo Ana. Estamos en verano y somos unos muermos. Mis padres han comprado los viñedos colindantes con los nuestros. Los hijos de los anteriores dueños han ido desatendiéndolas desde hace años. Malvendían la cosecha sin casi beneficio, y al final, han decidido deshacerse de ellos y repartirse la pasta. Mis padres llevaban tiempo estudiando quedarse con los viñedos. Piensan que invirtiendo un poco de pasta, les podemos sacar un buen rendimiento.

-Veo que al menos al alguien le van bien las cosas - comentó Lucía. Es envidia sana - dijo sonriendo a Ana.

- Gracias. Mañana vamos a ver los edificios que tenían. Mis padres no saben qué hacer con ellos. Nosotros reformamos nuestras bodegas hace un par de años y creemos que no necesitamos sus edificios. Tenían una bodega, que no han conservado muy bien y una casa donde vivían los padres antes de morir. Parece una casa grande. Mis padres quieren echar un vistazo a ver qué se les ocurre. Podríamos ir todos y pasar el día allí.

- ¡Un día en el campo visitando edificios abandonados! ¡Algo que no podemos dejar pasar! - el tono de Toni era jocoso.

- ¡Eres un capullo! - soltó Raúl. Ana nos propone cambiar de aires con algo distinto y no sabéis apreciarlo. Vamos a poner un fondo y compramos cosas.

- Yo llevo mi parrilla portátil -respondió Toni, algo arrepentido. Seguro que hay sarmientos de sobra. Necesitamos mucho hielo y mucha bebida.

- ¿Podemos pasar la noche allí? -preguntó Lucas. Por la noche ya no hace frío. Si encontramos un lugar un poco cubierto, nos llevamos los sacos de dormir y montamos una juerga nocturna. Hace siglos que no nos vamos de acampada.

- Esto ya está mejor - dijo Ana.

Todos estuvieron de acuerdo y comenzaron a hacer planes y a repartirse las tareas. Mientras, Ana llamó a sus padres para comentarles el plan y de paso, para pedirles permiso. No hubo ningún problema.

Estuvieron toda la tarde comprando lo necesario y haciendo los preparativos para el día siguiente. El padre de Ana les dejó una de las furgonetas de la bodega. Lo hacía siempre que se iban de acampada o de viaje. Quedaron todos a las 10 de la mañana del sábado. Los padres de Ana irían delante con su coche y los chicos en la furgoneta. A media mañana, los padres se volverían y ellos se quedarían hasta el domingo. El padre de Ana les había comentado que seguro que encontrarían algún sitio medio cubierto para pasar la noche.

Dos seguidos

Seguro que alguno de mis lectores calenturientos estará pensando en algo un poco más sexual. Según los hermanos Serrano eso se denomina "tener la mente sucia".

Pero no hablamos de esto. Me refiero a que debe ser un hecho histórico en este blog que haya publicados dos entradas seguidas. Estoy en racha, no lo puedo evitar. Debe ser el efecto "agosto".

El problema de esto es que no tengo mucho que contar, pero me hace ilusión escribir algo todos los días.
Hoy regresan mis monstruitos. Se acabó la calma. Creo que hemos descansado lo suficiente y podremos superarlo.

Aprovechando la racha, me he puesto a escribir algo. No es un cuento ni un relato (por cierto, ayer estuve revisando las cosas publicadas en el blog, y me encantan. A ver si me presentan al deditos, que deber ser un tío majo). Tampoco es un libro. De hecho, ahora deben ser algo así como veinte líneas, pero la idea está en la cabeza. Ahora sólo falta darle forma y que los personajes comiencen a "contarme cosas". Pensaréis que se me ha ido la pinza, pero así es como me salen las cosas.
En fin, a lo que iba contando. Se me ha ocurrido montarlo en plan serie, pero en vez de por la tele, en el blog. Tengo los personajes, tengo la localización (aunque geográficamente no la he situado todavía), tengo el hilo conductor y creo que ideas suficientes para bastantes capítulos. Ahora me falta el tiempo y las ganas. De momento, tengo de las dos. Cuando me falten, dadme un poco de caña para que me ponga las pilas.

No os voy a avanzar mucho (hay que crear expectación). Pongo las primeras lineas.

Los amigos estaban sentados en una de las mesas del bar. Tres chicas y cinco chicos. Era un grupo variopinto; los había serios, cómicos, dicharacheros, nerviosos, despistados, algún que otro con dones artísticas y todos con una cosa en común, la amistad que les unía.

Si os portáis bien y se da bien la cosa, pongo durante el día el mini-capítulo piloto.

Buen día a todos

jueves, 13 de agosto de 2009

El retorno

Aprovechando el verano y que tengo poco lío, voy a hacer el enésimo intento de darle vidilla a esto.
Hoy toca limpieza, porque después de tanto tiempo sin entrar, está todo lleno de polvo y telarañas.
Encima hace un calor horroroso y voy a sudar la gota gorda.
...
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Tras el esfuerzo, esto vuelve a estar presentable. Ya se me había olvidado lo bien que se está aquí.
¿Pensáis que seré capaz de actualizar esto con periodicidad?

Las intenciones son buenas. Con un poco de suerte, hasta puedo hacer una entrada diaria. Breve, pero diaria. Ya veremos.

Por lo demás, el verano ha sido distinto. Ni mejor ni peor, sólo distinto. Viajecito para arriba, viajecito para abajo; hemos montado una guardería en casa durante unos días. Yo pensaba que se me iba a dar peor, pero los chicos y chicas se han portado bien y no han alterado mi humor.
Después de eso, la calma. Sin niños en casa. La verdad es que se agradece, pero también se termina echando de menos el jolgorio y le ruido. En estos días te da tiempo de hacer cosas que no has podido hacer, pero después de mucho tiempo se le echa de menos.

Por cierto, anoche estuve un rato intentando ver las famosas "Lágrimas de San Lorenzo" pero sin suerte. Aunque vivimos en un pueblecito alejado, sigue habiendo demasiada luz. Se ven bien las estrellas, pero para fenómenos de este tipo hay que irse a un lugar sin luz. Además estaba medio nublado y con mucha luna. Una pena. Esta noche probaremos otra vez.

La crisis, bien. Dicen que los precios han bajado (????) sobre todo por el petróleo. Pues me da a mi, que el Instituto de Estadística está tomado por becarios (con todo el respeto), porque la gasolina está cara, cara.

La gripe porcina, también bien. Hace un par de semanas, en mi trabajo recibimos un correo diciendo que se había detectado un posible caso, y que si teníamos síntomas que nos fuéramos a casa y que no volviéramos en una semana. La gente de alrededor tuvieron que irse al servicio médico a que los miraran. Y aparecen los de limpieza con guantes y mascarilla a desinfestar el sitio. Como en las películas. Lo raro es que no tuviéramos un éxodo masivo de trabajadores.

El tiempo, raro. Mucho calor y muchas tormentas vespertinas (justo cuando yo llego a casa para joderme la piscina).

Seguiré informando.

jueves, 30 de abril de 2009

Olvido

¡Qué desastre de blog!

He tenido que sacar el machete para quitar las telarañas de la entrada.
La verdad es que uno monta con ilusión el blog, pero luego el tiempo es un bien preciado, y realmente me da pereza ponerme a actualizarlo.

Luego, de repente, me pongo a escribir algo y recuerdo que me gusta, me da morriña y vuelvo a actualizarlo.

Como ya os he dado la lata esta semana con el microrrelato, sabéis que he escrito algo. Es poco, pero lo suficiente para acordarme de lo mucho que me gusta escribir. Luego gustará más o menos, pero a mí, que me quiten lo "bailao".
Ya me gustaría tener un blog como el de la loca del pelo rojo, que es una pasada. Lo actualiza bastante, lo tiene lleno de gente, y para colmo, está fenomenal. ¡Enhorabuena! Lo malo es lo de la thermomix, pero nada es perfecto...

Os dejo. Hasta la siguiente (espero no tardar demasiado)

miércoles, 10 de diciembre de 2008

Frío

Hay días en los que se pasa frío, y hay días en los que te quedas frío.

Son parecidos, pero no son lo mismo.

Yo hoy tenía frío por la mañana, y cuando he llegado al trabajo y he revisado mi correo (el personal) me he quedado frío.

Nuestro querido gigante verde está pasando un mal momento. Es cierto que no aparecía desde hacía tiempo, pero a veces pasa. La gente está liada y no aparece por los sitios. Yo, ya sabéis que soy optimista y positivo por naturaleza, siempre pienso que ya aparecerá y que no pasa nada. De repente, alguien pregunta (¿será intuición femenina?). Un par de días después, el desaparecido da señales de vida. Malas noticias. Muy malas.

A mi me ha llegado hondo por muchas razones. Cuando a alguien a quien conoces (aunque sea digitalmente) le pasa algo, tú lo sientes. Luego, si la persona a la que le ha sucedido es joven, lo sientes más. No penséis que creo que vale más la vida de un joven que la de una persona mayor, pero da mucha más pena. Toda una vida por delante que se acaba. Encima, es el puto cáncer.
Alguno ya lo sabéis, pero mi madre ha pasado por el mismo tipo de cáncer. Uno de colon, detectado hace como año y medio. Una dura lucha entre la persona y la enfermedad, dos operaciones, y mucha quimio. Al final, pinta bien. En todo este tiempo, yo jamás he pensado en lo peor. Yo soy así. Hoy, mis cimientos se han tambaleado levemente. Ha sido un momento, una pequeña grieta. Pero ahí está. No creo que se me olvide; a veces sí, pero siempre tendré un pequeño recuerdo. Aún así, sigo siendo optimista. No pasa nada.

Estoy triste, no por la duda que se me genera, sino porque un amigo sufre. Además, creo que bastante. Debe ser muy duro. No quiero ni pensarlo.
Creo que poco podemos hacer. Mucho menos en la distancia. Hay que esperar, y estar ahí. En algún momento verá la luz. Nosotros (hablo en plural y os incluyo) estaremos aquí esperando.

La vida sigue, y hay tantos malos momentos, que debemos aprovechar y disfrutar de los buenos, que hay muchos, pero tenemos que encontrarlos.

Curiosamente, llevaba unos días pensando en mi habitual cuento de Navidad. Al final, he tenido que escribir otra cosa, bastante más triste. Pero escribiré ese cuento. Además, creo que pega con todo este asunto. Ya lo tengo medio perfilado, sólo falta ponerse y ver lo que sale.

Luego en casa, buscaré un relato que hice hace tiempo. Se llamaba "El gigante Verde". Si lo encuentro, lo añadiré aquí.

¡Ánimo!